Ante la próxima proyección pública del documental realizado por RTVE sobre las criptas de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, la Comunidad Benedictina considera necesario hacer constar que en ningún momento ha autorizado el acceso de equipos audiovisuales a la Basílica con la finalidad de filmar el interior de las criptas, ni ha prestado su consentimiento para la grabación y posterior exhibición pública de las imágenes allí obtenidas, excepto la grabación de la Santa Misa y la Escolanía.
Más allá de las cuestiones jurídicas que esta actuación pueda suscitar, nuestra principal preocupación es de orden moral y religioso. Las criptas forman parte de un lugar sagrado y albergan los restos mortales de decenas de miles de personas fallecidas como consecuencia de la cruenta persecución religiosa y Guerra Civil Española. No son material museístico ni un recurso audiovisual. Son los restos de personas concretas, cuya intimidad y dignidad merecen respeto también después de la muerte.
La Comunidad comprende y respeta el legítimo deseo de aquellas familias que han solicitado la localización, identificación y exhumación de sus antepasados. Pero una cosa es atender esas peticiones, dentro del marco jurídico establecido, con las debidas garantías y conforme a las resoluciones judiciales, y otra muy distinta filmar y exhibir públicamente osarios y restos humanos pertenecientes a miles de personas cuyos descendientes no han solicitado ni autorizado semejante exposición.
Entre quienes reposan en estas criptas se encuentran personas de muy diferentes procedencias y circunstancias, todas ellas investidas de idéntica dignidad. Se encuentran asimismo numerosos mártires, beatos y siervos de Dios, cuya memoria la Iglesia custodia y a quienes los fieles veneran con particular devoción. Esa circunstancia reclama también un especial respeto, sin que ello establezca diferencia alguna respecto de la dignidad que corresponde a todos los demás fallecidos.
Los monjes de la Abadía rezan desde hace décadas por todos los difuntos que descansan en Cuelgamuros, sin distinción alguna. Desde esa misma actitud, pedimos que sus restos sean siempre tratados con el respeto debido a su dignidad y descanso, sin convertirlos en instrumento de causa alguna.
La memoria de los muertos exige verdad, pero exige también piedad. Exige respeto a sus familias y, en ocasiones, algo todavía más elemental: respeto a la dignidad de quienes ya no pueden defender su propia intimidad.
La Comunidad Benedictina formula por ello un llamamiento a las instituciones y entidades responsables para que se preserve escrupulosamente la dignidad de todos los fallecidos y se evite la exhibición pública de imágenes de sus restos.
Por todos ellos seguimos rezando. Y para todos ellos pedimos lo mismo que creyentes y no creyentes han pedido siempre por sus difuntos: que descansen en paz.
Antonio Torres Martínez
Representante de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos
Valle de Cuelgamuros



