El viernes 7 de febrero, la Escolanía del Valle de los Caídos participó en un concierto en la Casa de la Cultura de Guadarrama, juntamente con otro coro de esta localidad y uno venido de China. La actuación estaba prevista para las 19 h., pero el retraso del coro chino para poder llegar a Guadarrama hizo que se comenzara finalmente más tarde. Todo el acto fue muy aplaudido y la experiencia resultó de gran interés, además de ser muy llamativa para los niños de la Escolanía, que pudieron conocer de primera mano las características peculiares de la música y la danza chinas.
Peregrinos en Febrero
Entre finales de enero y mediados de febrero han venido varios grupos de peregrinos al Valle de los Caídos, _x000D_
procedentes sobre todo de diversos lugares de España, a pesar de las condiciones meteorológicas. A inicios de _x000D_
febrero no se pudo contar con la habitual peregrinación de franceses y portugueses, pero su presencia la han _x000D_
suplido otros grupos. Entre ellos, cabe destacar en fechas más recientes unos jóvenes de Pastoral Universitaria _x000D_
de la Universidad Politécnica de Madrid, concretamente de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, _x000D_
con su capellán, y de la Escuela de Ingenieros de Minas, así como la presencia de un grupo de Hermanitas de los _x000D_
Pobres fundadas por Santa Juana Jugan.
Fiesta de la Candelaria
El domingo 2 de febrero se celebró en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos la tradicional procesión de la Candelaria al inicio de la Santa Misa conventual de 11 h. A pesar de ser domingo, primó la fiesta de la Presentación del Señor, que también celebra la Purificación de María y la procesión de las candelas en recuerdo de las palabras del anciano profeta Simeón referidas al Niño Jesús: “Lumen Gentium”. El P. Prior, en sustitución del P. Abad (quien continúa su recuperación después de las últimas intervenciones quirúrgicas), fue el celebrante principal. Como siempre, la Escolanía solemnizó la celebración con sus cantos y con la vistosidad de sus cogullas blancas.
Domingo V del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos:
La semana pasada, al celebrar la fiesta de la Presentación del Señor, Purificación de María y la Candelaria, hemos contemplado a Jesucristo, el Hijo de Dios, como verdadera luz de las naciones (Lc 2,32). Él mismo ha dicho de sí: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12). Pero, ¿qué nos dice en el Evangelio de hoy (Mt 5,13-16)?: “Vosotros sois la luz del mundo”.
Jesús acaba de trasladar aquí a nosotros la luz, su luz, y, por tanto, también la responsabilidad de iluminar al mundo. Más aún, unas líneas antes nos dice: “Vosotros sois la sal de la tierra”. Está poniendo en nuestras manos una misión grandiosa: la evangelización del mundo, no sólo por medio de nuestras palabras, sino también, y sobre todo, a través de nuestras obras: “Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”.
No podemos profesar una fe y vivir otra realidad en nuestro día a día. Debemos ser coherentes con los principios cristianos en los que hemos crecido y que hemos abrazado, dando testimonio de ellos en nuestra vida privada y pública, sin distinciones ni divisiones hipócritas. Hemos de mantener una unidad de vida. Y, desde esa coherencia, estamos llamados a ser entonces la sal de la tierra y la luz del mundo.
Pero, ¿cómo se puede volver sosa la sal y cómo puede dejar de alumbrar la luz? Esto sucede cuando se aparta de la verdadera y única fuente de luz y de salinización, que es Cristo. Los sarmientos no pueden dar fruto si se separan de la vid (Jn 15,1-11), y es Él mismo quien nos ha dicho: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos” (Jn 15,5). La sal enriquece la tierra, pero se puede volver sosa cuando se aparta de Cristo.
Por eso, para ser verdadera sal de la tierra y verdadera luz del mundo, nos es esencial permanecer unidos a Jesús: “Quien permanece en mí y Yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Si no cuidamos la vida de la gracia, nos desarraigaremos de Cristo. Y la vida de la gracia se alimenta por tres medios fundamentales: los sacramentos, la oración y las buenas obras. No podremos dar fruto si dejamos de lado los sacramentos, sobre todo aquellos dos a los que habitualmente podemos y debemos acudir: la Penitencia o Reconciliación y la Sagrada Eucaristía, a la cual nos debemos acercar para recibirla en las debidas condiciones. Lamentablemente, hoy abundan quizá mucho más las comuniones que las confesiones: ¿estará realmente en condiciones de comulgar una persona que se acerca poco al confesionario? Será un error, por otra parte, no ver la confesión como el gran medio que la Misericordia de Dios nos ofrece para reconciliarnos con Él y liberarnos de nuestra basura interior.
Viviendo así, en la vida de la gracia, unidos a Cristo por medio de los sacramentos y de la oración, daremos frutos de buenas obras. Entonces podremos, como dice San Pablo en la segunda lectura (1Cor 2,1-5), predicar “a Jesucristo, y éste crucificado”, gracias a la acción del Espíritu Santo en nosotros. Y esas buenas obras iluminarán a los hombres, de forma notable en el desarrollo de la caridad, como dice Jesús y nos exhorta la lectura de Isaías (Is 58,7-10): “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo y no te cierres a tu propia carne”.
Hoy precisamente, la Iglesia en España celebra la jornada central de la campaña contra el hambre en el mundo, promovida por la institución eclesial “Manos Unidas”. Este año, el Papa ha propuesto una gran campaña por parte de “Caritas Internacional” para combatir de lleno ese mal, de una manera muy distinta, desde luego, a la que propone cierta organización internacional inspirada en los principios de la francmasonería. Tal organización sostiene la hipótesis neomalthusiana y trata de que sea asumida como un dogma irrebatible. Dicha hipótesis afirma que el crecimiento de la población mundial es muy superior a las posibilidades de alimentarla y, por lo tanto, se debe reducir la población, sobre todo en el Tercer Mundo, pues ese organismo está empeñado en mantener una economía de capitalismo salvaje y a la vez difundir la subversión del orden natural con un progresismo moral con el que dice querer acabar con el hambre por medio del aborto y del negocio de los métodos anticonceptivos (que en realidad favorecen la promiscuidad y los contagios), a la par que imponiendo a los diversos países la ideología de género.
Pero la hipótesis neomalthusiana es absolutamente falsa desde el punto de vista científico, como hoy ya está sobradamente demostrado con cifras. En la actualidad, los recursos para sostener la población mundial crecen a un ritmo mucho mayor que ésta. ¿Dónde está, entonces, el problema? En la injusta distribución de los bienes y recursos. Los países ricos concentran la mayor parte de los beneficios e incluso se permiten destruir sobrantes de alimentos. La solución real al problema del hambre está en una promoción del desarrollo de las diversas sociedades humanas desde dos virtudes cristianas fundamentales: la justicia y la caridad. Esto es lo que trata de promover “Manos Unidas”, que en el año 2012 realizó 185 proyectos educativos, 99 sociales, 94 agrícolas, 89 sanitarios y 83 de promoción de la mujer, en África, Asia e Hispanoamérica. Las actividades sociales y caritativas nacidas de la Iglesia Católica gozan de una garantía de la que no pueden presumir todas las demás organizaciones, pues siempre hacen llegar a su destino los fondos reunidos. La colecta de hoy es para “Manos Unidas”.
En el desarrollo de la caridad y en la lucha por la justicia social, la Iglesia encuentra en su Historia ejemplos de santidad que revelan su carácter sobrenatural y la autenticidad de su mensaje y de su obra: santos que han luchado por la libertad de los cautivos y de los esclavos como Pedro Nolasco, Juan de Mata, Pedro Claver o Daniel Comboni; santos que han dado su vida contagiándose al cuidar a los enfermos o a cambio de otra persona como Bernardo Tolomei, Damián de Veuster o Maximiliano Kolbe; santos que han creado instituciones hospitalarias como Juan de Dios o Camilo de Lelis; santas que se han volcado en los ancianos, como Juana Jugan y Teresa Jornet; santos que han dado amor y dignidad a quienes su sociedad se lo negaba, como la Beata Teresa de Calcuta; santos que han promocionado a los obreros y su justa actividad sindical, como Alberto Hurtado y los Beatos Jerzy Popieluszko y José Gafo, enterrado en esta Basílica.
Que todos ellos, amantes siempre de María Virgen, sean para nosotros un ejemplo y estímulo.
La Escolanía del Valle de los Caídos, rumbo a Polonia y Bélgica
Si todas las previsiones se cumplen, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos viajará en junio de 2014 a Polonia y en mayo de 2015 a Bélgica.
_x000D_
_x000D_
En Polonia, visitará principalmente la ciudad de Cracovia y el santuario mariano nacional de Czestochowa y en ambos lugares ofrecerá actuaciones musicales: conciertos y Misas cantadas, organizadas por la Universidad de Cracovia. El viaje tendría la particularidad de producirse poco tiempo después de la canonización de Juan Pablo II. Sería la segunda vez que la Escolanía viajaría a un país eslavo, pues en 2011 lo hizo a Croacia y Bosnia-Herzegovina.
_x000D_
_x000D_
Por otra parte, para los días 9 a 12 de mayo de 2015, la Escolanía está invitada a cantar en Bélgica, concretamente en Duinkerke, Poperinge, Amberes y Bruselas. En los años 2002 y 2012 ya lo hizo en el Festival Internacional de Canto Gregoriano de Watou, en Flandes. Es esta misma organización la que ahora vuelve a invitar a la Escolanía.
_x000D_
Presentación del Señor
Queridos hermanos:
La Iglesia ha celebrado tradicionalmente en este día de forma conjunta tres fiestas o, si se prefiere, tres aspectos de una misma fiesta: la Presentación del Señor en el Templo, la Purificación de la Santísima Virgen María y la Candelaria o Fiesta de Simeón, que en cierto modo es lo más llamativo desde el punto de vista litúrgico por la procesión de las candelas. Los tres aspectos aparecen perfectamente explícitos en la lectura del Evangelio (Lc 2,22-40).
En los dos primeros ?la Presentación del Señor y la Purificación de María?, contemplamos claramente la humildad y la obediencia de Jesús, recién nacido, y de su Santísima Madre, virtudes manifestadas en la observancia fiel de los preceptos de la Ley dada a Moisés. A raíz del Éxodo de Egipto, todo primogénito varón hebreo debía ser presentado y redimido en el Templo a los cuarenta días de su nacimiento para así quedar consagrado a Dios y la madre debía someterse al rito de la purificación (Ex 13). Pero aquí está lo sorprendente: ¡el Hijo de Dios es presentado al mismo Dios, y su Madre, exenta del pecado original y de cualquier pecado, siendo Ella toda pura, se somete obedientemente a la Ley de Dios! ¡Qué ejemplo de obediencia y de humildad, de sencillez y también de pobreza, como ha recalcado el Papa Francisco al señalar que “fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero!” (Evangelii gaudium, n. 197; cf. Lc 2,24; Lv 5,7).
El tercer aspecto de la fiesta de hoy incide en la profecía del anciano Simeón y en la profetisa Ana. Ambas figuras han resultado tratadas con simpatía en la literatura y en el arte cristianos, porque se trata de dos personas de edad avanzada que estaban aguardando el advenimiento del Mesías. Por eso Simeón, inspirado por el Espíritu Santo, que es quien concede el don de profecía, pudo exclamar las palabras que la Iglesia recita desde antiguo en el rezo de las Completas al final del día: el Nunc dimittis (Lc 2,29-32). Y en estas palabras se nos presenta a Cristo como lumen Gentium: “luz de las gentes”, “luz de las naciones”, la luz que alumbra a todos los pueblos gentiles de la tierra, además de ser la gloria de Israel, el pueblo escogido por Dios desde el principio.
¡Cuántas luces falsas y efímeras pretenden hoy iluminar el mundo y con qué facilidad sucumbimos ante ellas! El dinero que tan pronto abunda como falta, la fama que dura dos días, el poder que genera un ansia insaciable, el sexo convertido en ídolo y que es causa de múltiples esclavitudes, el internet que usado de forma inmoderada nos hace perder absurdamente el tiempo, las promesas de tantos políticos que no se cumplen, la estrella de los famosos que se apaga en breve y un largo etcétera. ¿No ha sido una luz falsa y efímera la que nos ha hecho vivir por encima de nuestras posibilidades reales hasta que ha sobrevenido la crisis económica, porque se había estado nadando en el materialismo y la avaricia? ¿No prometían las ideologías de este mundo alcanzar un paraíso terrenal y sólo han sido capaces de generar miseria y destrucción donde decían que iban a traer riqueza y un mundo nuevo? Todas estas luces se apagan y por lo general son incapaces de volverse a encender.
¡Sólo Cristo es la luz verdadera, la luz que alumbra a todos los hombres! Él es la luz enviada por el Padre, “irradiación esplendorosa de su gloria / de la eterna luz” (Sab 7,25; Heb 1,3). Él mismo lo ha dicho: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). Y por eso, sólo Él puede iluminar y hacer comprender el misterio del hombre, del mundo y de Dios. Con razón dice el santo Maestro y Doctor Juan de Ávila en un sermón de la fiesta de hoy, (en parte valiéndose de palabras de San Pablo y de San Bernardo): “Jesucristo es vuestro con [tal] que seáis vosotros de Jesucristo (cf. 1Cor 3,22). Si sois de Jesucristo, todo es vuestro; si no, no tenéis nada. […] La vida sin Jesucristo, infierno es”.
Y solamente Jesucristo puede ser el fundamento de la vida religiosa y consagrada. La Iglesia celebra hoy la jornada dedicada a ella y el Beato Juan Pablo II recordó que la vida de quien se ha consagrado a Dios supone una existencia “cristiforme” (Vita consecrata, n. 14). Pero si los consagrados sustituimos a Jesucristo por otros sucedáneos, al final se nos harán insoportables la vida en comunidad, los votos religiosos y hasta el sentido mismo de una vida dedicada a Dios. Y es muy fácil buscar sucedáneos ?a veces cosas buenas en su origen? con los que pretendamos llenar una vida que nosotros mismos podemos haber vaciado de contenido: nuestras propias ocupaciones cotidianas, una actividad pastoral, el estudio, un pasatiempo, el internet, las salidas externas, la amistad meramente humana de una persona, etc. Algunas de estas tentaciones se pueden presentar del modo más sutil y hasta con apariencia espiritual. ¡Y cómo nos engañan con facilidad y nos dejamos seducir poco a poco! ¡Qué gran peligro el de buscar fuera de Dios lo que sólo en Dios podemos encontrar! Ninguno podemos considerarnos exentos de peligros y mejores que los demás, porque a todos nos ataca el demonio por una u otra vía, generalmente por la que sabe que somos más vulnerables.
Es importantísimo que la persona consagrada haga diariamente un examen de conciencia en el que indague si el centro real de su vida sigue siendo Jesucristo o lo ha desplazado por algo humano. San Bernardo se preguntaba a sí mismo con frecuencia: “Bernardo, ¿a qué has venido?”_x000D_ ¡Cuánta falta hacen hoy jóvenes deseosos de entregarse sin reservas y por completo a Jesucristo, de consagrar sus vidas a Él, de convertirle en el centro de todo, tal como nos exhorta San Benito a los monjes: “No anteponer nada al amor de Cristo!” (RB IV, 21 y LXXII, 11). Hacen falta respuestas generosas a la llamada de Dios y superar los miedos a la vocación religiosa, sabiendo que sólo Dios llena el alma y la vida completa del ser humano, como nadie ni nada es capaz de hacerlo. ¡Qué alegría cuando un joven escucha la llamada de Jesús a dejarlo todo por Él y se lo entrega todo! ¡Y qué ejemplo el de una persona que ha vivido hasta el final de sus días dedicado a Dios por completo, no a medias tintas, sino con fidelidad en la observancia y sin fisuras!_x000D_ Miremos, en fin, a Jesús presentado en el Templo y a su Madre, la gran consagrada a Dios, para que sean siempre nuestro modelo.








