En el curso presente, la Escolanía del Valle de los Caídos ha llegado a un acuerdo con la Escuela de Música de Guadarrama para la formación de los escolanes en instrumentos y en banda y orquesta. Por este motivo, los niños veteranos participaron en el Concierto de Navidad que la Escuela ofreció el viernes 20 de diciembre en su salón de audiciones a las 19,30 h. Un número nutrido de escolanes lo hizo dentro de la Banda Municipal con la interpretación de cuatro piezas y otros participaron en la Orquesta de la Escuela de Música. Además, fue acogida con gran expectación de todos los asistentes la actuación coral de la Escolanía, que cantó cuatro villancicos polifónicos bajo la dirección de D. Ignacio Muñoz y con D. José Manuel Martín-Delgado al piano.
Epifanía del Señor
Queridos hermanos:
La solemnidad de la Epifanía del Señor queda muchas veces en un segundo plano en lo que tiene de significado más profundo. La vivencia familiar y tradicional de la “fiesta de los Reyes Magos”, de indudable cuño cristiano, al igual que la de San Nicolás o Santa Klaus el 6 de diciembre en muchos países de Europa central y del norte, realza la virtud moral de la generosidad y el compartir y transmitir alegría, sobre todo a los niños. Pero en nuestros días, el consumismo imperante hace que con frecuencia estos valores cristianos se olviden y más aún cuando se asume la figura pagana de Papá Noel.
No obstante, como acabo de decir, y aun en su sentido cristiano, todo esto es en realidad el aspecto secundario de la solemnidad de hoy, pues lo que en este día propiamente celebra la Iglesia es la “Teofanía” o “Epifanía” del Señor, esto es, su manifestación a todos los pueblos, anunciando que ha venido al mundo para salvar a todos los hombres y no solamente a los judíos. El Niño que ha nacido en Belén es el “Emmanuel”, el “Dios con nosotros”, y es el verdadero “Mesías”, el “Cristo”, el “Ungido”; es realmente “Jesús”, el “Salvador” del mundo. Por eso, desde Jerusalén y Judea, donde la gloria del Señor ha amanecido, el profeta Isaías (Is 60,1-6) señala que esa luz ilumina ahora a la tierra que estaba cubierta de tinieblas y a los pueblos que caminaban en oscuridad. Es el misterio que San Pablo expone a los Efesios y que antes estaba reservado sólo a los judíos (Ef 3,2-3a.5-6): “que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio”.
La Iglesia antigua celebraba juntos tres aspectos de esta Epifanía o Teofanía, como tres elementos de una misma manifestación del Dios Salvador a todos los hombres: la adoración de los Magos, el Bautismo de Jesús en el Jordán y el milagro de las bodas de Caná. Todavía hoy la Iglesia, y muy singularmente los monjes, recordamos los tres hechos en el canto de una preciosa antífona de Laudes.
La adoración de los Magos, recogida por el relato de San Mateo (Mt 2,1-12), reviste un encanto que nos sigue cautivando y que ha calado a nivel popular, como decíamos al principio. Nos encontramos ante unos hombres venidos de tierras lejanas de Oriente para adorar al Niño-Dios. No eran judíos, pero debían de conocer la Sagrada Biblia y las profecías que se referían al Mesías. Casi seguro eran sacerdotes de la religión de Persia reformada por Zoroastro, como el nombre de “magos” refleja, adoradores de un dios cuasi-monoteísta (Ahura-Mazdah) y del fuego que lo representaba, y estudiosos de los astros a partir de los conocimientos de la antigua civilización mesopotámica. Nada obsta a que además pudieran tener condición regia, como la tradición afirma conforme a las profecías mesiánicas, entre ellas la del salmo 71 que se ha cantado, pues en aquellos momentos el mundo persa vivía una situación de fragmentación en reinos de diverso tamaño y poder a raíz de la descomposición del antiguo Imperio desde su conquista por Alejandro Magno, y algunos de ellos estaban gobernados por “magos”, por reyes-sacerdotes.
Aquellos hombres, dejándose llevar por la estrella que los guiaba, nos enseñan a buscar al único Salvador, rendirle culto y proclamarlo a todos. El mensaje de la Epifanía es un mensaje esperanzador, que nos anuncia la buena nueva de la salvación que Dios ofrece a todos los hombres. Cristo ha venido a salvarnos y debemos gozarnos de ello y transmitirlo a todos. A este espíritu evangelizador nos impulsa el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii gaudium. Y el primer ámbito a donde tendremos que llevarlo es nuestra sociedad occidental descristianizada: esa sociedad que en Europa, según dijo el Beato Juan Pablo II, vive inmersa en una “apostasía silenciosa” (Ecclesia in Europa, n. 9) y que puede llegar al punto, como muchas veces indicó Benedicto XVI, de que asistamos ya a una era neopagana en la que los cristianos nos veamos incluso reducidos a minoría.
Esa sociedad neopagana, apóstata, carece de alegría y de esperanza, porque sin Cristo falta la luz que alumbra a los pueblos y les da vida y calor. Por eso tenemos que anunciar la estrella que siguieron los Magos, la estrella de Cristo, y lo haremos si sabemos dar razón de nuestra fe y al mismo tiempo vivimos de forma coherente con ella. Es necesario que cuidemos la vida espiritual, que tratemos con Dios en la oración y mediante la lectura rumiada de la Sagrada Escritura, que también nos formemos leyendo el Catecismo de la Iglesia Católica y otras buenas lecturas y que nos esforcemos en la práctica de las virtudes y la recepción de los Sacramentos. Si así lo hacemos, seremos verdaderos evangelizadores en nuestro entorno.
Por otra parte, en este día los Magos nos enseñan que no debemos olvidar a los pueblos de Oriente. Tenemos que recordar muy especialmente a los cristianos que sufren hoy una situación angustiosa en aquellas regiones, asistiendo casi a diario a la destrucción de sus iglesias y de sus casas y negocios, al asesinato de muchos de ellos (con frecuencia en una muerte martirial por una bomba en una iglesia), a la marginación y a la expulsión de sus lugares de residencia. Es nuestro deber orar por ellos y ayudarles en cuanto podamos. Recordemos que existe una institución llamada “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, a través de la cual podemos canalizar ayudas económicas destinadas a ellos.
Y oremos igualmente para que los musulmanes de aquellas regiones y de todo el mundo lleguen a reconocer en Jesucristo no a un gran profeta, sino al verdadero Hijo de Dios; Hijo de Dios no según una filiación carnal, como ellos piensan que nosotros creemos, sino por la generación espiritual y eterna de una Imagen perfecta de Sí por el Padre, y cuyo Amor que los une es el Espíritu Santo. Pidamos que lleguen a comprender que el cristianismo no es un politeísmo encubierto, que el misterio de la Santísima Trinidad es el gran tesoro del amor divino y que la Encarnación del Hijo es la fuente de la verdadera salvación para los hombres. Recientemente se ha publicado un libro de un imán musulmán convertido al catolicismo, Mario Joseph, titulado Encontré a Cristo en el Corán (Madrid, Libros Libres, 2013). Pensemos que el abandono del Islam está castigado entre los musulmanes con la muerte._x000D_ Con María Santísima y con los santos Magos que la conocieron al adorar a su divino Hijo, seamos portadores del mensaje de la Epifanía, de la manifestación de Dios al mundo para anunciar la salvación a todos los pueblos.
Concierto de la Escolanía del Valle de los Caídos en Torrenueva (Ciudad Real)
El sábado 21 de diciembre a las 19,30 h., la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos cantó en la Misa de víspera del Domingo IV de Adviento en la Parroquia de Santiago el Mayor de Torrenueva (Ciudad Real), celebrada por el P. Prior de la Abadía del Valle y por el párroco del pueblo, D. Esteban Molina, quien promovió la presencia de la Escolanía allí. La iglesia parroquial estaba llena de fieles, que continuaron luego para el concierto que se ofreció a continuación.
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Dicho concierto tuvo dos partes: una de Canto Gregoriano, dirigida por el P. Laurentino Sáenz de Buruaga, y otra de villancicos polifónicos, al cargo de D. Ignacio Muñoz y con acompañamiento al piano de D. José Manuel Martín-Delgado. Destacaron algunos solistas de los conciertos navideños de este año, como Sergio Muñumer, Javier L. González, Marcos Suárez, José García, Manuel Núñez, Ramiro Valero, José Rubén Martínez…
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La actuación de la Escolanía fue aplaudida con gran entusiasmo por el público, que se puso de pie en varias ocasiones al final, y hubo dos piezas más de “propina” en agradecimiento. La radio local siguió tanto la celebración de la Santa Misa como el concierto, permitiendo que otras muchas personas de la localidad pudieran escucharlo.
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Los niños fueron muy bien atendidos en todo momento y se les proporcionó antes la merienda y después la cena. Se pudo contar con el querido conductor de los escolanes, Mariano, con su autobús de la empresa “Linecar – Galo Álvarez”.
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Santa María madre de Dios
Hermanos, en esta solemnidad de Santa María, Madre de Dios, a los ocho días del Nacimiento de Jesús, la Iglesia pone sus ojos en la prerrogativa más importante de la Santísima Virgen, su maternidad divina. Si en el día de su nacimiento se concentra la mirada en el hecho de que nuestro Salvador viene a nosotros para salvarnos, en esta solemnidad alaba y agradece a Dios que se haya dignado tomar cuerpo humano de una mujer Virgen, de la Virgen por excelencia a la que había Él preparado para ser digno tabernáculo de su presencia. Todo esto sin merma de su humanidad y sin dejar de ser Dios. Una antífona del Oficio de Laudes lo expresa muy bien: “Hoy se nos ha manifestado un misterio admirable: en Cristo se han unido dos naturalezas: Dios se ha hecho hombre, y, sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era, sin sufrir mezcla ni división.”
Ha nacido nuestro Redentor “de una mujer, nacido bajo la ley”, con lo cual es uno como nosotros, pero a la vez es Dios. Él asume nuestra condición humana, y a partir de la Encarnación la Alianza de Dios con el hombre cobra una realidad increíble. Es una Alianza que el hombre no podía sospechar llegase tan lejos. ¿Cómo se digna Dios hacer una Alianza no sólo desigual, sino en la que de parte del hombre domina más el aspecto de su infidelidad que el de su pequeñez. Dios no sólo ha pasado por encima de la insignificancia de la naturaleza humana, sino que después de tan reiteradas y graves deudas que ha contraído el hombre con Dios todavía multiplica su misericordia hasta el infinito asumiendo la misma naturaleza del hombre. No sólo es sorprendente para los hombres: los mismos ángeles rebeldes se negaron a adorar a Dios hecho hombre por tomar una naturaleza tan baja.
Pero pasemos a considerar el aspecto de su unión con la suerte del hombre, que es a lo que nos conduce la primera lectura de un libro del Pentateuco: “El Señor te bendiga y te proteja… Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré”. Dios nos había permitido usar su nombre como protección, pues Él iba a solidarizarse con nuestra suerte. Pero su solidaridad es tal que, aunque algunos se empeñen en reducir a eso la misión de Jesucristo, ésa solidaridad que la Palabra de Dios llama Alianza, supera con creces la pequeña solidaridad de compartir nuestras limitaciones y sufrir las injusticias de los hombres. Antes de darnos otra cosa nos redime de la infamia del pecado, satisfaciendo por nosotros una deuda que el por sí mismo es incapaz de satisfacer, y para colmo de misericordia: nos hace partícipes de su condición divina.
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Asume una naturaleza humana de una Virgen a la que los hombres no consideran más que una mujer anónima de tantas. Y resulta que el Evangelio parece no desmentir tales apreciaciones, porque en el nacimiento de Jesús, evidentemente Él ocupa el centro. De María no se dice en el Evangelio que apareciese ante los demás hombres como una privilegiada, o que tuviese siquiera tiene un trato con Dios diferente de los del resto de los humanos. Ella en cambio repasa con diligencia las palabras que le dirige el ángel Gabriel, las cosas que dicen y hacen los pastores y la gente, todo lo guardaba en su corazón para aprender de lo que Dios hacía o decía a través de otros. Todo lo que decían de Jesús unos y otros, todo le parecía un tesoro digno de meditar profundamente y ser contemplado con admiración. Parece como si fuera la última en enterarse, o que no se enteraba de nada. Y sin embargo tienen que pasar siglos para ser puesto de relieve ante todos los hombres el privilegio de su maternidad divina. No fue después de su muerte, no, sino mucho después, en el siglo IV. María no sólo es la Madre de Dios. También es Virgen, porque no quiso hacer de su maternidad un privilegio que ensombreciese ni remotamente el honor debido al Hijo de Dios. Es Virgen porque no quiere apropiarse lo que sólo disfrutó por la misericordia divina. Sabe que no es mérito suyo, ni una gracia tan singular estaba destinada para guardarla como un tesoro para su exclusivo disfrute. Tal privilegio queda oculto durante generaciones a la notoriedad, no a la fe de los discípulos de Jesús, y sale a la luz cuando ya las herejías que podían tomar pie de este privilegio mariano carecían de fuerza.
En esta Eucaristía se prolonga el misterio que celebramos. La Encarnación del Hijo de Dios se hace presente en la Eucaristía de un modo particular. Gracias a la colaboración de María con la gracia disponemos de la inmensa gracia que supone tener comunión de vida con el que es autor de la vida. Y por eso mismo es el autor de la Paz. De la paz verdadera, la que se funda en Él. La que los hombres rechazan, porque la quieren hacer a su medida y para su provecho. Si la paz viniese por concurso de otro partido diferente al suyo no la quieren. Así somos los hombres cuando nos alejamos de Dios. Sólo buscan la paz para su familia o para su partido, no el bien de todos. ¿Vale la pena mantenernos fríos e indiferentes ante el que tiene poder de conducirnos a todos a la paz personal y a la paz en la convivencia social? ¿Vale la pena encerrarnos en nuestros sentimientos egoístas en vez de abrirnos al amor del que nos hace partícipes Jesús por su encarnación, muerte y resurrección? ¿Vamos a dejar pasar esta Eucaristía, que es manantial de vida para nosotros, sin pedir con plena sinceridad al Señor y a su Madre, que también lo es nuestra, que nos cambie este corazón egoísta que tenemos y nos entreguemos como María a acoger y comunicar a los demás el plan de Dios que nos salva?
Concierto de la Escolanía del Valle de los Caídos en la Basílica de la Santa Cruz
El sábado 14 de diciembre a las 17 h., la Escolanía del Valle de los Caídos ofreció el concierto navideño que viene dando desde hace unos años en la Basílica de la Santa Cruz. Al igual que en ediciones anteriores, ésta se llenó de asistentes y estuvieron presentes el Delegado de Patrimonio Nacional para San Lorenzo de El Escorial y el Valle de los Caídos, dos concejales de San Lorenzo de El Escorial y el presidente del Foro San Benito de Europa. Precisamente, el organizador del acto era dicho Foro y uno de sus representantes hizo la presentación inicial.
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Como de costumbre, el concierto contó con dos partes: una de Canto Gregoriano, dirigida por el P. Laurentino Sáenz de Buruaga, y otra de villancicos polifónicos, al cargo de D. Ignacio Muñoz y con acompañamiento al piano de D. José Manuel Martín-Delgado. Destacaron algunos solistas como Mario Fernández-Pacheco, Sergio Muñumer, Javier L. González, Marcos Suárez, José García, Manuel Núñez, Ramiro Valero, José Rubén Martínez…
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La actuación de la Escolanía fue aplaudida con gran entusiasmo por el público, que se puso de pie en varias ocasiones al final, y hubo dos piezas más de “propina” en agradecimiento. Fue grabado por “Teletoledo” – “La Regional de Castilla-La Mancha”, que lo han emitido los días 24 y 25 de diciembre. Además, estas televisiones forman parte de una asociación o consorcio de cadenas entre las cuales posiblemente se distribuya también.
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Después del concierto se ofreció un chocolate en la Hospedería Externa para la Escolanía y todos los asistentes que lo desearan. Los niños cenaron más tarde en el comedor de padres, donde estuvieron presentes las muchas familias que vinieron a la actuación de sus hijos.
Concierto de la Escolanía del Valle de los Caídos en la Catedral Castrense de Madrid
El viernes 13 de diciembre, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos cantó la Misa de Santa Lucía en la Catedral Castrense de Madrid a las 19,30 h. y a continuación ofreció un concierto navideño.
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La Santa Misa fue presidida por el Arzobispo Castrense, Mons. D. Juan del Río, y concelebrada por el Vicario General de la Armada, D. Javier Orpinell, y por el Rector del Seminario Castrense “Juan Pablo II”, D. Luis Miguel Muñoz, quien fue el responsable principal de toda la preparación de la presencia de la Escolanía del Valle en esta antigua iglesia de un monasterio de monjas cistercienses. Este hecho hizo que la Escolanía se sintiera “como en casa”, junto a las imágenes y pinturas de San Benito y San Bernardo. Por otra parte, tanto D. Javier Orpinell como D. Luis Miguel Muñoz han facilitado en ocasiones anteriores visitas de los niños a instalaciones militares.
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Mons. del Río pronunció una bonita homilía en la que hizo referencia a la labor de la Comunidad Benedictina del Valle, la Escolanía y el significado del santuario.
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Hacia las 20,30 h. dio comienzo el concierto de Navidad, presidido por el mencionado Arzobispo Castrense y con la Iglesia Catedral llena de asistentes. Constó, como de costumbre, de una parte de Canto Gregoriano dirigida por el P. Laurentino Sáenz de Buruaga y de otra de villancicos polifónicos, bajo la dirección de D. Ignacio Muñoz, con acompañamiento al piano de D. José Manuel Martín-Delgado. Destacaron algunos solistas como Sergio Muñumer, Javier L. González, Marcos Suárez, José García, Ramiro Valero, José Rubén Martínez, entre otros, y el violín de uno de los antiguos escolanes que participaron también, José Luis Alameda.
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La actuación de la Escolanía fue aplaudida con gran entusiasmo por el público, que se puso de pie en varias ocasiones al final, y hubo dos piezas más de “propina” en agradecimiento. Fue grabado por 13 TV, que lo ha emitido el sábado 28 y lo ha repetido el domingo 29.
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A continuación, se ofreció a los niños una cena en los salones aledaños, antigua cripta del monasterio de monjas cistercienses, y fueron magníficamente atendidos por los seminaristas del Seminario Castrense. Uno de ellos mantuvo su atención durante un buen rato con juegos de magia.




