Como todos los años, se ha celebrado en el Valle de los Caídos la Semana de Canto Gregoriano, que ha alcanzado ya su XXXIII edición. Ha tenido lugar entre el viernes 24 y el viernes 31 de agosto. Según la práctica de siempre, las clases han discurrido en las instalaciones de la Hospedería y los cursillistas han podido cantar con la Comunidad Benedictina las Vísperas en la Capilla del Monasterio y la Santa Misa en la Basílica. Como de ordinario, han acudido algunas de las más destacadas personalidades de los estudios y del canto Gregoriano en España y a nivel internacional. La matrícula ha superado este año los 40 cursillistas, un número muy bueno y mayor que alguna de las veces anteriores; varios de ellos procedían de diversos Seminarios donde cultivan su formación para el sacerdocio. El jueves 23 a las 20 h., como otros años, cantaron las Vísperas en la parroquia de San Lorenzo de El Escorial.
Visita de los novicios al monasterio de El Tiemblo
El jueves 23 de agosto después del rezo de Vísperas adelantadas, los novicios de Santa Cruz del Valle de los Caídos (Fr. Luis, Fr. Javier y Fr. Miguel), así como uno de los dos aspirantes que, D. m., ingresarán dentro de unos pocos meses en la Abadía, fueron por la tarde al Monasterio de las MM. Benedictinas de El Tiemblo (Ávila) juntamente con el P. Alfredo, Maestro de Novicios. Es costumbre anual hacer esta visita a las monjas de nuestra Orden de esa localidad abulense, que cuentan desde hace muchos años ya con abundantes y arraigadas vocaciones jóvenes de El Salvador. Los novicios recogieron diversos productos de la huerta, principalmente higos y uvas, y después tuvieron un rato de tertulia y merienda fraterna en el cenador exterior.
Domingo XXII del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos en Xto, Jesús:
Fariseo es un término que hoy empleamos cuando nos referimos a alguien hipócrita, alguien que es mentiroso dado que sus obras no corresponden con sus palabras, alguien que no vive como predica, que exige pero no cumple, alguien, es suma, que es un fraude.
El fariseísmo es una de las características más fuertemente arraigadas en la sociedad occidental; ésta habla de solidaridad, de ecología, de igualdad, de democracia, de defensa del débil, de ayuda al desfavorecido, de libertad, de paz y de un sinfín de grandes principios que luego vemos que no se cumplen ni por casualidad. Y no se trata de falta de capacidad para vivir dichos principios y tampoco se debe a la debilidad propia de los humanos, ojala fueran estos los motivos, se trata más bien de una decisión firme de no vivirlos; defenderlos sí pero no ponerlos en práctica. Esto lo podemos constatar todos los días en los ámbitos de la política, de la economía, del trabajo, de la familia, de la educación, etcétera. La sociedad occidental, desgraciadamente, es profundamente farisaica e hipócrita.
Este gran problema de occidente sería menos grave si no fuera por el hecho de que también los cristianos participamos de la misma hipocresía. Nosotros hablamos de caridad, de mansedumbre o de misericordia, de fidelidad al dogma, de apostolado, de entrega a Dios, de obediencia a la jerarquía…, y, sin embargo, la realidad es muy distinta. Podemos ir más allá, incluso, que los fariseos del tiempo de Xto: ellos olvidaron el mandato de Dios para ceñirse a la tradición y costumbres de los hombres, nosotros, en ocasiones, no nos sometemos ni a nuestras propias tradiciones y nos vamos detrás de la innovación, de lo que nos gusta, de lo último que nos ofrecen, sin pararnos a pensar en la moralidad o conveniencia de lo que vamos a seguir. Creemos, desde luego, pero creemos lo que nos apetece o lo que no nos complica la vida; en otras ocasiones somos más papistas que el papa y queremos dar lecciones de todo a todos porque vivimos tan imbuidos de nuestra propia convicción que si el papa dijera algo que no nos agrada, no dudaríamos en no hacerle caso en absoluto.
Xto recrimina a los fariseos que dejan de lado los mandamientos de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres; nosotros hacemos otro tanto cuando damos más importancia a la forma que al fondo, a lo material que a lo espiritual. Si, por ejemplo, nos quedáramos simplemente con el aspecto externo de la liturgia de la Eucaristía y no profundizáramos en su significado auténtico en cuanto memorial de la Muerte y Resurrección de Xto, en cuanto la alabanza que Xto y su esposa, la Iglesia, tributa al Padre, estaríamos desvirtuando el auténtico sentido de esta liturgia. Ejemplos similares podemos encontrarlos en muchas de nuestras actitudes cotidianas: consideremos el motivo por el cual asistimos a misa los domingos; los bautismos, primeras comuniones, bodas y funerales, ¿los hemos transformado en simples actos sociales?; ¿acudimos frecuentemente a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía, o comulgamos sin más?; en el caso de los religiosos, ¿para qué, por qué, cómo, cuándo y a quién obedecemos?; podríamos multiplicar, casi hasta el infinito, los ejemplos y, pudiera ser, que descubriéramos que realmente nos quedamos en la superficie y no profundizamos lo que deberíamos.
Vivimos en un mundo extremadamente superficial, materializado y hedonista que no quiere ni oír hablar de algo que le coarte a la hora de buscar su propia satisfacción; los creyentes, aunque un poco más disimuladamente, buscamos mil artimañas para aferrarnos a nuestros intereses y justificarnos ante Dios como buenos cumplidores cuando, en la realidad, no estamos más que ajustando los mandamientos de Dios a nuestra propia conveniencia egoísta.
Pero Xto es muy claro y no admite componendas, maquinaciones o excusas vanas; Él perdona siempre al arrepentido pero al hipócrita y al fariseo lo condena. La religión pura e intachable a los ojos de Dios es visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo; lo que hace impuro al hombre es lo que sale de dentro de él._x000D_ Dejémonos, de una vez por todas, de excusas que no van a ninguna parte, reconozcamos nuestra pobre situación y obremos como Dios quiere y manda.
Breves noticias del mes de agosto
El lunes 20 de agosto, fiesta de San Bernardo de Claraval, el P. Prior y el P. Laurentino fueron al Monasterio de Monjas Cistercienses de Casarrubios del Monte para celebrar con ellas la solemnidad, que contó también con la presencia de otros sacerdotes del entorno y de fieles del lugar. Fue una bonita ocasión para poder acercar nuevamente la vida de las dos Comunidades monásticas, la de Casarrubios y la benedictina del Valle de los Caídos. Los dos monjes del Valle fueron magníficamente acogidos y atendidos en todo momento.
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Los días 20 y 21 de agosto vino un grupo de niños de un campamento parroquial de varios lugares de Toledo, algunos de los cuales pernoctaron en el claustro y el patio de la Escolanía. Al día siguiente sumaron hasta un total de 80 en la Misa que se celebró en la Capilla del Santísimo, pues el altar mayor no estaba disponible debido a las labores de limpieza que se están haciendo en varios muros de la Basílica.
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El viernes 24 de agosto dio comienzo la XXXIII Semana de Canto Gregoriano del Valle de los Caídos en la Hospedería. El número de matriculados este año es notablemente alto y están cantando desde el primer día en la Santa Misa de 11 h. en la Basílica y en las Vísperas a las 19,30 h. en la Capilla del Monasterio.
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El martes 28 de agosto, el P. Abad acudió al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial para celebrar la fiesta de San Agustín con los PP. Agustinos.
Domingo XXI del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos en Cristo Jesús:
Antes de comentar las lecturas que acabamos de escuchar, quisiera hacer una referencia a la Semana de Canto Gregoriano del Valle de los Caídos, que vive ya su XXXIII edición y nos puede hacer reflexionar acerca de algunos aspectos. En primer lugar, el Canto Gregoriano nos sorprende por su belleza estética. Pero si goza de ésta no es simplemente por algo externo, sino por su profundidad interior, ya que está construido sobre la misma Palabra de Dios, pues en su mayor parte son textos de la Sagrada Escritura que se tratan de realzar y meditar musicalmente. La belleza del Gregoriano es connatural a él, pues, como enseña Santo Tomás de Aquino, todo lo que se refiere a Dios es bueno, verdadero y bello, al ser Él mismo la Bondad, la Verdad y la Belleza supremas. Incluso quienes no conocen la entraña íntima del Canto Gregoriano ni saben latín, experimentan que les infunde una gran paz interior y la elevación de sus almas hacia Dios.
En los últimos decenios, con frecuencia se ha pretendido atraer a los jóvenes a las celebraciones litúrgicas sustituyendo el órgano por la guitarra y el Gregoriano u otras formas de canto sacro por nuevas composiciones extremadamente sentimentalistas y de escasa calidad tanto musical como de contenido espiritual, y el resultado a medio y largo plazo ha sido más bien decepcionante. Un cristianismo mundanizado y una liturgia secularizada pierden siempre la fuerza de arrastre y de convicción. Frente a la moda, al mero sentimentalismo y a lo pasajero, el Canto Gregoriano, con más de mil años en sus orígenes, nos habla de la perennidad de los valores espirituales y de la eternidad de Dios. Al igual que sucede en especial con la denominada forma extraordinaria del rito romano, a la que lamentablemente hoy se siguen poniendo muchas trabas para su celebración a pesar de las últimas disposiciones del Papa, el Canto Gregoriano nos introduce en ese sentido del misterio y del sacrificio eucarístico en el que tanto ha insistido Benedicto XVI al hablar del espíritu de la Sagrada Liturgia.
Pero pasemos ahora a hacer algunos comentarios sobre las lecturas de este domingo, que son muy ricas. De ellas habremos de seleccionar temas concretos.
El texto del Evangelio (Jn 6,61-70) concluye el discurso o sermón del Pan de Vida que hemos venido leyendo en los últimos domingos, del capítulo 6 de San Juan. Tal vez lo que más nos puede sorprender es el abandono sufrido por Nuestro Señor Jesucristo: “Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él”. Jesús entonces pregunta a los Apóstoles, poniéndoles ante una elección: “¿También vosotros queréis marcharos?” Es una situación semejante a la que hemos observado en la primera lectura, del libro de Josué (Jos 24,1-2ª.15-17.18b), cuando ante el peligro de la apostasía idolátrica, Josué plantea al pueblo de Israel si quieren servir a los dioses falsos o al único Dios verdadero.
La pregunta de Jesús penetra o debería penetrar hasta lo más hondo de nuestras inteligencias, de nuestros corazones y de nuestras almas: “¿También vosotros queréis marcharos?”
En efecto, podemos marcharnos y abandonar al Señor, porque ser sus discípulos conlleva un compromiso de vida y unas exigencias que muchas veces resultan fastidiosos. Podemos abandonarle dando culto a falsos dioses como el dinero, el afán de promocionarnos profesionalmente al coste que sea y de quien sea, el buscar una vida cómoda y placentera, etc. Podemos abandonarle haciendo caso omiso de la verdadera fe y de la auténtica doctrina de la Iglesia y fabricándonos un cristianismo a la carta según nuestros pareceres y gustos personales. Podemos abandonarle dejando a un lado la práctica sacramental, especialmente la Misa dominical y la confesión.
Pero, ¿a qué nos lleva abandonar a Jesucristo? San Pedro, como tantas otras ocasiones, da en el clavo en su respuesta: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que Tú eres el Santo, consagrado por Dios”. En efecto, abandonar a Jesús es perder la vida de la gracia, que nos abre las puertas de la vida eterna. Abandonar a Jesús es caer más tarde o más temprano en un sinsentido de la vida, en una sensación de hastío y de vacío, de esa “náusea” de la que hablaban los filósofos existencialistas ateos. Por el contrario, seguir a Jesús y con Jesús supone hallar el valor de nuestra vida terrena en una perspectiva trascendente que nos conduce hacia la eternidad. Sólo Jesús, que es Dios verdadero y nos ofrece, como a la samaritana, el agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4,14), puede saciar la sed más profunda del hombre, que es la sed de Dios.
Pero estas palabras deben resonar muy especialmente para quienes hemos consagrado por completo nuestra vida a Dios y para los jóvenes que están planteándose la vocación religiosa o sacerdotal o que se están formando en esa llamada. ¡Cuántas veces tal vez podrá asomarse la tentación de la huida, de marcharnos y dejar solo a Jesús, abandonado como en Getsemaní! ¡Cuántas veces el Diablo se valdrá de nuestra debilidad humana para que demos la espalda a Cristo! ¡O cuántas veces no nos asaltará la tentación abierta de la huida, pero sí la de buscar en nuestra vida sucedáneos que llenen un vacío que sólo Dios puede colmar! ¿Qué sucedáneos? Un afecto meramente humano, una amistad inmadura, afán de salidas y viajes, perder el tiempo con la televisión e Internet, etc. Pueden ser formas de dejar solo a Jesús sin abandonar abiertamente nuestra vocación.
Entonces, en cualquiera de todas estas situaciones o ante la tentación clara del abandono, debemos escuchar a Jesús, que nos pregunta y nos pone ante una elección en la que sólo podremos responder escogiéndole a Él o rechazándole: “¿También vosotros queréis marcharos?” “¿También tú quieres abandonarme?” Si expresivo fue aquel “Tú también, hijo mío”, que Julio César dijo a Bruto cuando participó en su asesinato, más penetrante debe ser aún que Jesucristo mismo me pregunte: “¿También tú quieres marcharte y abandonarme?” Ante esta pregunta, ¿cómo no caer de mis miedos, de mis egoísmos y de mi cortedad de miras, y descubrir que sólo Jesús puede sanar mis heridas y darme fuerzas para seguirle? Entonces sólo cabrá la misma respuesta de San Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna […], Tú eres el Santo consagrado por Dios”._x000D_ Que María Santísima, que con su “fiat” dio un sí absoluto a Dios, nos enseñe a “no anteponer nada al amor de Cristo”, según nos pide San Benito a los monjes (RB 4, 21).
XI Centenario del monasterio de San Pedro de Eslonza
Con motivo de los 1100 años de la fundación del monasterio benedictino de San Pedro de Eslonza, en la actual provincia de León, los organizadores de la conmemoración invitaron hace meses a la Comunidad de Santa Cruz del Valle de los Caídos para que participara en este acontecimiento y aportara su presencia y el canto gregoriano, devolviendo por unos instantes la vida monástica a aquellos lugares.
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El sábado 11 de agosto fue la fecha señalada. La “Asociación de Amigos del Camino de Santiago Ruta Vadiniense – Picos de Europa”, que tuvo la iniciativa, fletó dos autobuses, uno desde Madrid y otro desde el Valle de los Caídos, para que los diez monjes que iban a acudir y todos los asociados y otras personas que lo desearan pudieran participar en los actos conmemorativos. A las 7 h. partió el autobús del Valle, que en el pueblo leonés de Villamañán se encontró con el procedente de Madrid y las personas del lugar que les esperaban, con el alcalde y el párroco al frente. Después de ofrecerles un desayuno con algunos productos de repostería típicos, llevaron a los monjes y a sus acompañantes a la iglesia, en la cual se conservan varias piezas provenientes del monasterio de Eslonza, principalmente el coro con la sillería de nogal y el magnífico retablo barroco. Uno de los principales impulsores de la conmemoración, D. José Fernández Arenas, profesor ya retirado de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona, explicó para todos los asistentes la historia del monasterio y las obras artísticas más importantes, sobre todo el retablo. Pidió a continuación que el P. Abad Dom Anselmo Álvarez dirigiera unas palabras y luego los monjes cantaron la Salve gregoriana simple. Después todos pudieron ver más en detalle el retablo, el coro y otras obras de arte provenientes de Eslonza, así como las propias de la iglesia de Villamañán.
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Desde allí se marchó en los dos autobuses y en varios automóviles a León, con el fin de visitar la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva, construida en los años 50 del siglo XX inspirándose en algunas partes en la del monasterio de Eslonza e incorporando a ella su fachada y algún elemento más. También ofreció aquí interesantes explicaciones el profesor Fernández Arenas, quien ha elaborado recientemente una monografía sobre el monasterio, además de ser autor de varias obras, entre ellas algunas relativas a la Ruta Vadiniense del Camino de Santiago, las ermitas visigótico-mozárabes de la comarca de Eslonza, etc.
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Desde León, la amplia expedición marchó luego a la pequeña población de Santa Olaja de Eslonza, a cuyas afueras están situadas las ruinas del monasterio de San Pedro. En la iglesia del pueblo, románica tardía pero con numerosas reconstrucciones del siglo XVI, esperaba el Sr. Obispo de León, Mons. D. Julián López, buen amigo de la Comunidad del Valle de los Caídos, quien había de ser el celebrante principal en la Santa Misa que allí se celebró alrededor de las 14 h. En ella pronunció una preciosa homilía y los monjes benedictinos entonaron los cantos gregorianos de la Misa de Santa Clara de Asís, pues su memoria es el 11 de agosto. Los vecinos del pueblo recuperaron con gran belleza la ofrenda anual que antiguamente habían hecho los monjes de Eslonza al obispo de León de unos puerros, panes y peces, y cantaron unas loas populares tradicionales a la niña mártir Santa Eulalia de Mérida, patrona del pueblo. Al final de la Misa, el P. Abad dirigió unas palabras a las personas asistentes.
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Después de despedir a Mons. D. Julián López, pasadas las 15 h. se bajó a visitar las ruinas del monasterio de San Pedro de Eslonza, recientemente valladas. A su entrada, la alcaldesa de Gradefes (municipio al que pertenece Santa Olaja) inauguró un cartel conmemorativo del MC aniversario de la fundación del monasterio con una breve explicación de éste. El monasterio fue fundado en el año 912 por el rey García I de León a favor de unos monjes mozárabes huidos de tierras del sur bajo dominio islámico. Recibió así la protección regia desde sus inicios y llegó a tener cuatro prioratos y jurisdicción sobre numerosas iglesias y localidades en el siglo XII. Su vinculación a los reyes de León quedó manifiesta en el escudo de armas del monasterio: un león rampante con las llaves de San Pedro en las garras de la pata derecha delantera. Parece ser que ya existía vida monástica antes en el lugar, pero la historia conocida comienza propiamente en 912. Arrasado en su traza mozárabe por Almanzor en el siglo X, conoció una reconstrucción románica principalmente en el XII, pero venido a menos poco a poco y encontrándose en estado ruinoso después, en el siglo XVI se procedió a una nueva edificación renacentista promovida por el abad Fr. Diego Lucio y llevada a cabo por el arquitecto también benedictino Fr. Juan de Badajoz. En el siglo XVI se incorporó a la reforma benedictina de la Congregación de San Benito de Valladolid y, dentro de ella, fue habilitado en parte como “Colegio de Pasantes” para estudiantes de la Orden, contando entre sus profesores en el siglo XVIII a Fr. Jerónimo Benito Feijóo y a Fr. Martín Sarmiento. Sin embargo, el monasterio ya no se levantaría más después de la Desamortización liberal de Juan Álvarez Mendizábal en 1835: como bien se dice en el cartel conmemorativo recién inaugurado, ésta fue mucho más destructiva que los saqueos de Almanzor.
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Tras la visita a las ruinas y una amistosa comida en las cercanías de Gradefes, una parte de la expedición visitó el monasterio cisterciense femenino de este pueblo leonés ribereño del río Esla, pero los monjes fueron con el profesor Fernández Arenas a visitar directamente la preciosa iglesia mozárabe del antiguo monasterio de San Miguel de Escalada, dadas las limitaciones horarias del conductor de su autobús. Las explicaciones de D. José fueron aquí también magníficas y los monjes cantaron en la iglesia, con muy buena acústica, el Kyrie y el Gloria hispanos (visigótico-mozárabes) del Códice de León y la Salve gregoriana solemne. Finalmente llegó el resto de la expedición, pero el autobús de los monjes y los otros acompañantes venidos desde el Valle de los Caídos hubo de retornar ya, si bien se les ha invitado a participar también el año próximo en el MC aniversario de la fundación del monasterio de San Miguel de Escalada (913). La comarca ofrece una impronta monástica singular: eremitorios rupestres visigótico-mozárabes, el monasterio mozárabe de San Miguel de Escalada, el monasterio benedictino de San Pedro de Eslonza y los monasterios cistercienses de Santa María de Gradefes (femenino, el único que conserva vida monacal en la actualidad) y Santa María de Sandoval (masculino).








