Dentro del mes de noviembre, dedicado especialmente por la Iglesia a la oración por los difuntos, hay que destacar algunas celebraciones. El día 1 tuvo lugar la Misa solemne de Todos los Santos y el sábado 2 la Misa por todos los Fieles Difuntos. Este día, varios monjes sacerdotes celebraron varias Misas de difuntos, ya que la Iglesia concede la posibilidad de que cada sacerdote pueda celebrar tres Misas de difuntos en este día. El domingo 3, se celebró la Misa del domingo XXXI del Tiempo Ordinario, pero todas las intenciones fueron aplicadas por todos los caídos de la Guerra Española de 1936-1939, tanto del bando nacional como del bando republicano, y tal como todos los días se ofrece una Misa por todos ellos (nacionales y republicanos) en la Basílica. A lo largo del mes, se puede ganar indulgencia plenaria en nuestra Basílica, aplicable por las almas de los difuntos. Es obligado destacar también el Oficio que dos sacerdotes ortodoxos rumanos rezaron en nuestra Basílica en la tarde del viernes 15 de noviembre por la paz en España y por las almas de todos los caídos de uno y de otro bando en la misma Guerra de 1936-39, con la asistencia del P. Superior y del Noviciado de la Abadía. Los dos sacerdotes rumanos se vieron ayudados también de un joven cantor para la interpretación del canto bizantino. La relación entre nuestra Abadía y las comunidades católicas y ortodoxas orientales de varias nacionalidades viene siendo muy estrecha desde hace años.
Actividades hípicas de la Escolanía del Valle de los Caídos
El sábado 2 de noviembre, una vez más, los escolanos veteranos del Valle de los Caídos realizaron actividades de equitación en el próximo centro ecuestre de “La Abadía”, donde los monitores, como en ocasiones anteriores, les enseñaron a cuidar y cepillar los caballos y para dar un paseo por la finca. Al final de esta bonita tarde, se les ofreció una merienda y los niños, en agradecimiento, entonaron algunas canciones.
Retiros impartidos por monjes del Valle de los Caídos
Los días 6 al 8 de noviembre y 20 al 22 del mismo mes, el P. Juan Pablo Rubio impartió sendos triduos a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Astorga (León) y Lugo. En este mes del año, es habitual que las Hermanitas tengan tal tipo de retiros de tres días y con frecuencia solicitan la asistencia del P. Juan Pablo para predicarlos. La relación entre su Congregación y nuestra Abadía benedictina es muy estrecha desde hace muchos años. Por otra parte, el martes 5 de octubre, el P. Santiago Cantera impartió un retiro a las Madres de la Compañía del Salvador de Mota del Marqués (Valladolid), aprovechando por su parte unos días de retiro personal en la casa de ejercicios de estas religiosas.
Profesión temporal de Fray Carlos Doña
Querido Fray Carlos:
Te dispones a realizar la profesión de tus votos temporales como monje en esta fiesta de San Andrés, lo cual adquiere un significado singular, por ser la vida y la comunidad de los Apóstoles uno de los fundamentos de la vida monástica. En efecto, como San Bernardo de Claraval expuso con gran belleza, la vida monástica es a la vez una vida celestial y angélica por la guarda del celibato; es una vida profética porque busca y anuncia lo que no se ve, vive de la fe y aspira a la eternidad; y es una vida apostólica, que se gloría en el Señor, porque se ha dejado todo para seguirle y escucharle (Sermón 3 de las faenas de la cosecha).
En efecto, el relato que hemos escuchado del Evangelio de San Mateo nos ha narrado cómo Jesús llamó a los hermanos Simón Pedro y Andrés y luego a los hermanos Santiago y Juan, y ellos lo dejaron todo para seguirle (Mt 4,18-22).
Ese dejarlo todo por Cristo, según el modelo de los Apóstoles al oír su voz y verse irresistiblemente atraídos por su mirada, es lo que llevó a San Antonio Abad, el Padre de todos los monjes, a inaugurar la vida monástica en Egipto en el siglo IV, como nos lo describe San Atanasio: meditando la vocación de los Apóstoles y al escuchar en una iglesia el texto evangélico del joven rico, Antonio vendió todas sus posesiones para dar el dinero a los pobres, procuró que su hermana quedase bien atendida y él marchó a comenzar una vida solitaria de oración y penitencia (Vita Antonii, 2). Este ejemplo de los Apóstoles en la renuncia del monje a las cosas del mundo para seguir a Cristo estará presente siempre en la Tradición monástica, y así lo recoge San Basilio Magno (Grandes Reglas, 8), a quien todo el monacato oriental tiene como un referente y San Benito denomina “Nuestro Padre San Basilio” (RB LXXIII, 5).
Un verdadero “Padre del Desierto” de nuestro tiempo, el monje copto egipcio Matta el-Maskin (1919-2006), destacó que la vocación de San Antonio fue por completo una vocación según el Evangelio y sostenida poderosamente por el Espíritu Santo, de tal modo que fue un verdadero heredero del fuego santificador de Pentecostés. El Abuna o P. Matta el-Maskin, ofreciendo una visión pneumatológica de la Historia de la Iglesia, explica cómo se produjo primero la efusión del Espíritu Santo sobre la comunidad apostólica y la Iglesia primitiva, después el mismo Espíritu Santo suscitó la respuesta del despojamiento total por medio del martirio, y luego hizo surgir el monacato como renuncia diaria en la que el monje lleva su cruz cada día poniendo en práctica su fe, su esperanza y su amor a Dios (San Antonio, asceta según el Evangelio).
Pero, si el ejemplo de renunciamiento de San Andrés y de todos los Apóstoles para seguir a Cristo es uno de los fundamentos de la vida monástica, también lo es el modelo de vida de la comunidad de los Apóstoles en torno a Jesús y bajo el aliento del Espíritu Santo. Quienes hemos abrazado un estilo monacal cenobítico, de vida en comunidad, debemos mirar aquella comunidad apostólica como referente, tal como lo recordó San Juan Pablo II: “Exhorto a los consagrados y consagradas a cultivarla [la vida fraterna] con tesón, siguiendo el ejemplo de los primeros cristianos de Jerusalén, que eran asiduos en la escucha de las enseñanzas de los Apóstoles, en la oración común, en la participación en la Eucaristía, y en el compartir los bienes de la naturaleza y de la gracia (cf. Hch 2,42-47) […] para que cada comunidad se muestre como signo luminoso de la nueva Jerusalén, morada de Dios con los hombres” (Vita consecrata, n. 45).
Este clima de auténtica fraternidad en el seno de la comunidad es posible vivirlo cuando Cristo, el Maestro y el Amigo divino, ocupa el centro de nuestras relaciones, según enseña San Elredo de Rieval al dar las pautas de la verdadera amistad espiritual frente a la amistad pueril e inmadura (La amistad espiritual, II, 20-21; III, 133-134).
Querido Fray Carlos: vas a profesar los tres votos clásicos de la Tradición monástica de cuño benedictino: estabilidad, conversión de costumbres y obediencia (RB 58, 17), el segundo de los cuales conlleva la pobreza y la castidad. Quieres abrazar el seguimiento y la imitación de Cristo según el modelo de los Apóstoles y viviendo los consejos evangélicos: pobreza, obediencia y castidad. Y al hacerlo, quieres llevar a sus últimas consecuencias lo que recibiste a la hora del Bautismo, configurando tu vida con la de Cristo para alcanzar la unión con Dios.
El ejemplo de los Apóstoles es muy alentador para que puedas desarrollar este proyecto de vida: ellos no nacieron como hombres santos ni fueron perfectos seguidores de Jesucristo desde el principio. Es más, todos le abandonaron en Getsemaní. Sin embargo, el trato íntimo y cotidiano con Él fue limando sus defectos y la acción del Espíritu Santo a partir de Pentecostés los transformó en los doce recios cimientos del nuevo Israel que es la Iglesia y los condujo por el camino de la santidad. San Benito nos animará diciendo que la vida monástica, camino de salvación, se puede recorrer con dulzura de caridad a medida que se avanza (RB Pról., 45-50).
Por eso, te recuerdo la exhortación de San Gregorio Magno, el primer papa-monje: “Ya que celebramos el natalicio del apóstol San Andrés, debemos imitar a quien rendimos culto”, despreciando lo terreno para ganar lo eterno; no envidiando, sino viviendo una caridad ardiente; y todo ello con la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo (Homilía V sobre los Evangelios). Y que por intercesión de San Andrés y de la Virgen María, Reina de los Apóstoles, el Buen Dios te conceda la santa perseverancia en el bello propósito que hoy abrazas.
Retiros y visitas culturales de los escolanos de 4º de ESO del Valle de los Caídos
El lunes 30 de septiembre, los escolanos de 4º de ESO del Valle de los Caídos tuvieron una mañana de retiro espiritual en el convento de La Cabrera, en la sierra del mismo nombre situada al norte de la Comunidad de Madrid. En primer lugar, visitaron el convento, bajo la guía de su actual superior, P. Constantino, de los Misioneros Identes, y pudieron conocer el pasado antiquísimo del lugar: yacimiento prerromano, presencia visigótica, primer monasterio prebenedictino y luego posiblemente benedictino con la preciosa iglesia románica, eremitorio y convento de la reforma franciscana de fray Pedro de Villacreces (en el cual pasaría un tiempo el cardenal Cisneros y posiblemente alguno de los santos de esta reforma) y, finalmente –antes de su devolución a los franciscanos y de la estancia actual de los Misioneros Identes–, finca particular de la familia Goya y del Dr. Jiménez Díaz. Después de la visita, tuvieron un tiempo de retiro espiritual y meditación personal en la huerta y los jardines, valiéndose de textos de San Francisco de Asís, y finalmente el P. Prior del Valle de los Caídos celebró la Santa Misa en la iglesia románica, en la cual los escolanes cantaron gregoriano. Después de la comida, marcharon a visitar la cercana villa de Torrelaguna, cuna del cardenal Cisneros, y el emblemático pueblo de Patones de Arriba, tras lo cual regresaron al Valle.
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El jueves 31 de octubre, estos mismos escolanes mayores fueron recibidos por las MM. Cistercienses del Monasterio de Santa Ana de Ávila, actualmente situado a las afueras de la ciudad y próximo al santuario de Nuestra Señora de Sonsoles. Visitaron este monasterio construido en los años 80 y la sepultura de la mística Venerable M. María Vela (1561-1617), y pudieron conocer de primera mano el archivo en el que se conservan partituras de las primeras ediciones de obras musicales de Tomás Luis de Victoria, Palestrina, Guerrero, Orlando di Lasso… así como escritos de la M. María Vela y otros documentos antiguos. Después de celebrar la Misa y orar en la iglesia del monasterio, las MM. Cistercienses les ofrecieron la comida. Posteriormente, los escolanes fueron a rezar al santuario de la Virgen de Sonsoles, Patrona de Ávila, marcharon a realizar una rápida visita exterior del antiguo monasterio cisterciense de Santa Ana en la ciudad y algunos otros monumentos, para finalmente ir al castro prerromano vettón de Las Cogotas (en el término municipal de Cardeñosa) y luego regresar al Valle.
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XXXI Encuentro coral Ciudad de Manzanares
La localidad de Manzanares (Ciudad Real), ha acogido durante el fin de semana del 26 y 27 de octubre de 2019 el XXXI Encuentro Coral Ciudad de Manzanares que organiza la Coral Mater Assumpta y en el que colabora el Exmo. Ayto. de dicha localidad manchega, en el que participan corales de prestigio nacional. La apertura del mismo se llevó a cabo por dos corales con raíz en la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, con actuación mixta e individual, exhibiendo un completo repertorio de monodia y polifonía que contó con el gran reconocimiento de todos los asistentes que colgaron el cartel de completo en el espléndido Gran Teatro de la localidad, con más de un siglo de historia.
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Tras la gran apertura del XXXI Encuentro Coral, los organizadores tuvieron la deferencia de invitar a ambos coros a una velada en el Parador de Manzanares donde, unidos a la coral Mater Assumpta, permitieron a todos los asistentes disfrutar de la música más tradicional en las voces blancas de la Escolanía, pasando por las recias de los jóvenes de Nova Schola, llegando a la veteranía del anfitrión con una muestra oriunda de la tierra en unas seguidillas manchegas.
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El domingo 27, los organizadores obsequiaron a las dos corales del Valle de los Caídos una visita guiada al acervo histórico de Manzanares, visitando la Iglesia de la Asunción, joya arquitectónica manchega del S XV, la casa de la antigua familia Merino, donde pernoctó Santa Teresa en 1575, hoy habilitada como Centro Cultural, y como no, el Castillo de Manzanares, muros que, según la tradición, albergaron durante tres días el cuerpo de la Reina Isabel la Católica en su camino hacia la tierra granadina donde reposan sus restos.









