El miércoles 6 y el jueves 7 de febrero, nuestros escolanos realizaron dos audiciones de instrumentos, cada uno con aquel en el cual está especializado, en el salón – aula de piano de la Escolanía. Hubo piezas que tocaron solos y otros en dúos. Fueron evaluados por sus respectivos profesores y por el director de polifonía, D. Raúl Trincado. Estas audiciones se llevan a cabo dos o tres veces al año, siendo algunas de ellas internas para evaluación de los conocimientos de instrumento y otras abiertas con asistencia sobre todo de familiares de los niños.
Entrevistas del P. Prior Administrador
En el mes de enero se han publicado sendas entrevistas del P. Santiago Cantera en la revista religiosa “Vida Nueva”, tanto en papel (11 páginas) como en versión digital (incluyendo un vídeo), y en el periódico digital “Rambla Libre”. La entrevista de “Vida Nueva” ha contado también con otros elementos que constituyen un reportaje sobre la vida monástica benedictina en el Valle de los Caídos y los problemas presentes, y a todo ello se suman además algunos artículos solicitados a firmas destacadas. Ofrecemos los enlaces de las versiones en Internet:
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Entrevista en “Vida Nueva”: https://www.vidanuevadigital.com/2019/01/18/santiago-cantera-prior-del-valle-de-los-caidos-hasta-la-fecha-nadie-del-gobierno-se-ha-puesto-en-contacto-conmigo/
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Entrevista en “Rambla Libre”: http://ramblalibre.com/2019/01/27/santiago-cantera-prior-del-valle-de-los-caidos-los-ataques-me-han-acercado-al-misterio-de-la-cruz-y-a-confiar-absolutamente-en-la-gracia-de-dios/
Testimonios vocacionales sobre la vida benedictina
El martes 29 de enero, el P. Prior Administrador fue invitado al Colegio Everest de Pozuelo de Alarcón (Madrid) para dar a conocer la vida monástica benedictina a varios grupos de 1º y 2º de Bachillerato, en el transcurso de la Semana Vocacional que el centro celebra anualmente. Fue muy bien recibido por la dirección, los profesores, los capellanes y los alumnos del colegio, quienes escucharon con atención, realizaron numerosas preguntas y mostraron un buen comportamiento elogiable. También tuvo la ocasión de saludar a los niños de Educación Primaria y dirigir la oración del inicio de la mañana.
Domingo VI del tiempo ordinario
Queridos hermanos: cada domingo se reúne toda la Iglesia en torno a la mesa del sacrificio de Cristo. Su muerte sacrificial es para nosotros un testamento, un legado y todo un programa de vida. Puede parecer chocante con nuestro lenguaje actual tan blando y acomodado al buenismo actual. Pero la Sagrada Escritura no se anda con rodeos y llama a las cosas por su nombre. El gran problema de nuestro tiempo es que hemos claudicado de vivir en la verdad: no se quiere aceptar que hay verdades absolutas e inamovibles, lo que debía ser algo por lo que tendríamos que estar agradecidos a Dios, que nos ha revelado la verdad, nuestra seguridad y nuestra más rica pertenencia. Sin embargo, hoy día se nos hace ver estas verdades como imposición y negación de nuestra autonomía personal.
Nos sorprende una afirmación tan rotunda: “Maldito quien confía en el hombre y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.” El Señor también llega a aseverar: “Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres y os excluyan y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. ¿Acaso puede el Señor ser complaciente con el demonio y decir que quien no crea en Dios no pasa nada, en lugar de decir que quien no crea en Él, será condenado? Estas son las consecuencias de creer en Dios. A los hombres apartados de Dios les cuesta mucho aceptar que están en el error; si lo hiciesen, estarían ya convertidos. Para superar esa dificultad, tenemos que considerar que hemos sido rescatados del dominio de Satanás pagando no una miseria, sino a precio de la sangre de Cristo; luego si no amamos al Señor, que ha dado su vida por nosotros, no podemos ser salvados.
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De ahí la importancia del cambio que el 17 de octubre de 2006 el Papa Benedicto XVI aprobaba en un decreto, por el que se establecía que en la parte de la Consagración donde se decía que la Sangre de Cristo “será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”, se debería decir “por vosotros y por muchos”, en vez de “por todos”, para así reflejar mejor el original en latín, pues a los que no quieren ser perdonados, no les beneficia el sacrificio de la sangre redentora de Cristo. Qué terrible es, queridos hermanos, escuchar a personas, algunas muy conocidas, que hacen profesión pública de su impiedad, afirmando entre otras cosas que la ciencia demuestra que Dios no existe, cuando los más famosos científicos de la Hª de la humanidad han creído en Dios a pies juntillas. ¿Cómo superar la angustia vital de pensar que todo acaba aquí?
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Los creyentes tenemos pues una deuda de agradecimiento: no reconocer a Jesús como nuestro Redentor es una injusticia imperdonable. El Señor en las Bienaventuranzas nos dice que esa deuda se paga sufriendo sin rebelarse contra Dios, aceptando la pobreza de nuestra condición humana con enfermedades y limitaciones de todas clases, que si tenemos que pasar estrecheces económicas o incluso hambre confiemos en su Providencia y no lo insultemos, porque somos pecadores y hemos de tratar de corregir el injusto reparto de los bienes de este mundo sin violencia. Si nos persiguen por ser fieles a Jesús no nos separemos de Él, pues bien se va a cuidar de nosotros y a recompensarnos con creces por el amor y fidelidad que le hayamos mostrado sufriendo por Él.
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Las bienaventuranzas no son solo un medio para alcanzar la felicidad en este mundo, sino que apuntan a la eterna, son el camino de asemejarnos a Cristo y de adquirir la identidad de hijos de Dios. Por el bautismo ya fuimos hechos hijos de Dios, pero si a lo largo de la vida no ratificamos ese don recibido y no nos adherimos a esa gracia de la adopción filial, esa elección de Dios se pierde. S. Lucas nos revela que el camino contrario a estas cuatro bienaventuranzas de pobreza, hambre, lágrimas de dolor y persecución por la fe cristiana, tienen como contrapartida cuatro situaciones de felicidad terrena aparente y engañosa. La riqueza, la satisfacción de las necesidades básicas, la ausencia de dolor y la buena fama, ninguna de las cuales es de por sí pecado, sin embargo, como nos señalaba la lectura de Jeremías, pueden convertirse en un ídolo al confiar absolutamente en el hombre, en apoyarse en los bienes terrenos y apartar su corazón del Señor. El pecado es la egolatría de preferirse a sí mismo por encima de todo y de valorarse a uno mismo más que a Dios.
La eucaristía es el centro de nuestra vida. La entrega de Jesús y su muerte la tenemos que asumir nosotros en nuestra vida. Si no nos ofrecemos con Jesús a la Voluntad del Padre, no vivimos bien lo que estamos celebrando. Si no aceptamos nuestras cruces, estamos tomando la comunión rutinariamente y sin provecho. Si escondemos nuestra condición de cristianos para que no nos persigan, tampoco Jesús nos defenderá delante de su Padre. No podemos vivir el evangelio a medias. Pidamos al Señor que nos ayude a vencer el miedo a vivir como cristianos en medio de una sociedad neopagana, mal endémico de los cristianos hoy día.
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Para todo ello tenemos una valiosa intercesora en la BVM. Así lo hicieron los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de la BVM. Estos comerciantes florentinos encontraron la perla preciosa del Reino de Dios y como en la parábola, vendieron todo su patrimonio para comprarlo. Por eso el Señor les premió con multitud de gracias y con ser cabeza de una orden religiosa que aún pervive. Esta comunidad os invita a la adoración eucarística de hoy en la capilla del Stmo. de 13.45-16.45. Todo lo que no sea oración y sacrificio son cataplasmas ineficaces con las que Satanás nos entretiene. Pidamos a la Virgen del Valle que interceda ante su Hijo para cumplir con su gracia estos santos propósitos. Que así sea.
Relación de la Abadía benedictina con comunidades rumanas
Desde hace años, como ya se ha informado en más ocasiones, la Abadía Santa Cruz del Valle de los Caídos ha estrechado e intensificado una relación fraterna con comunidades rumanas de España y de la propia Rumanía, y tanto con católicos como con ortodoxos de esa nacionalidad. En el mes de enero, el P. Prior Administrador recibió en la Abadía a un grupo de peregrinos rumanos el día 11, quienes previamente visitaron la Basílica. Entre ellos venía un intelectual que padeció las cárceles comunistas durante largos años y el P. Marius Vişovan, sacerdote católico de rito oriental e hijo del también intelectual y víctima del sistema presidiario comunista Aurel Vişovan (1926-2002). Por otra parte, el viernes 25 de enero, el Prior Administrador asistió invitado a la impresionante ceremonia monástica de imposición del “Pequeño Hábito” del P. Spiridón (Sorin), amigo personal suyo y secretario del Obispo Ortodoxo Rumano en España y Portugal, Mons. Timotei, en la Catedral Ortodoxa Rumana de Madrid (Carabanchel), de reciente construcción. Fue recibido por los tres obispos ortodoxos presentes (Mons. Timotei y su Auxiliar Mons. Teofil de Iberia, y por el metropolitano rumano Mons. Barsanufio) y compartió un buen tiempo de encuentro y amistad con sacerdotes, monjes, monjas y fieles de la comunidad ortodoxa rumana de Madrid. También tuvo la ocasión de conocer mejor el canto psáltico bizantino y su escritura neumática.
V Domingo del Tiempo Ordinario
Muy queridos hermanos sacerdotes de la diócesis de Valencia, que compartís con nosotros esta celebración y hermanos todos en NSJC: La vocación, la llamada de Dios que recibieron los Apóstoles, y los profetas como Isaías y nosotros también, sacerdotes y fieles, es la razón de ser de nuestras vidas. La dignidad más alta del ser humano es el hecho de haber sido llamados a participar en la vida divina. La llamada a entrar en comunión con Dios, a participar del amor con el que las tres divinas personas se aman entre sí, es lo que nos sostiene en las batallas de cada día y nos alienta en nuestro caminar. Los Apóstoles fueron llamados a estar con el Señor y a predicar la buena noticia que habían escuchado de labios de Jesús. Ese estar con Jesús es lo que estamos haciendo nosotros en este momento. Este momento es tan íntimo gracias a que el Señor entregó su vida por nosotros y lo ha perpetuado en la Eucaristía comunicándonos su vida, de tal modo que vivimos por medio de Él. Vivimos gracias a Él al tomar su Cuerpo y Sangre: y así, cuando muramos a la vida terrena, ya tenemos preparada la eterna. Pertenecemos al grupo de los más afortunados. Hay otros que también tienen este tesoro, pero nadie tiene más que esta participación en su vida divina.
Ahora bien, hemos recibido el don de la vida divina, pero ¿qué hemos hecho de esta herencia? ¿Lo hemos aprovechado para nuestro bien y el de nuestros hermanos, o lo hemos malgastado? Hermanos, nada quedará sin la recompensa debida al esfuerzo y al mérito de conservar la vida divina en la que fuimos introducidos en nuestro bautismo por las palabras: «Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo». Pero las llamas arden día y noche para los que no quisieron la salvación de Dios, el Único Dios verdadero, Uno y Trino.
En todas la Misas pedimos al Señor que venga ya, y en el Padre nuestro le pedimos que venga su Reino y Resulta que no somos conscientes de que le estamos pidiendo que le veamos bajar al Hijo del hombre entre nubes, precedido del signo de la cruz, para que todos los pueblos sean reunidos y se postren ante quien deberán rendir cuentas aquel día, y nada podremos hacer aquel día para escapar del final de la vida: el Juicio y la recompensa, o la condenación eterna. Eso puede suceder a la vista de todos nosotros o morir uno antes y hallarse de modo equivalente ante la presencia de Dios para ese Juicio.
Una balanza se cierne sobre nuestras vidas, en ella se pesará nuestras obras buenas y también las malas. El fiel de esa balanza será la Verdad, y seremos juzgados porque no vinimos a este mundo para el mal, sino para el bien y la justicia; para amar, no para odiar; para ser fieles a Dios, no para traicionarle y quitarle su ser de Creador y Redentor. Nada quedará sin la justicia debida, sin el rigor que exige entrar en la vida eterna.
Tras esa purificación colectiva un mundo nuevo vendrá y el viejo acabará con su injusticia y su impiedad. Pero antes se ha de pasar por un proceso en el que habrá hambre y calamidad, guerra y terror de un mundo que quedará en manos de Satanás, porque la verdad y el bien, la justicia y el amor se excluirán de este mundo. Entonces suplicaremos día y noche que venga el Hijo del hombre. Pero ahora nos lo prometemos todo muy feliz y reímos estrepitosamente, y si no se nos enviara la calamidad nadie esperaría al Señor y todos andaríamos perdidos cuando llegase el día de comparecer ante Él. La cruz en nuestras vidas, hermanos, aunque nos duela reconocerlo, nos acerca a nuestro Salvador, a la verdad y a la Salvación de nuestras almas.
Nosotros separamos el amor de la justicia, y la justicia del amor. No hemos conocido a Dios, incluso los que hemos estudiado teología, no le conocemos y vagamos en nuestras propias opiniones falsas y criterios que nos hacen errar el camino. Dios es justo y Dios es Amor; y es solo Uno: la Justicia y el Amor es uno en Dios, y es un solo atributo de Dios, porque todo es uno solo: Dios es. ¿No os acordáis, “Yo soy el que soy”?
Volvamos, pues, a la pequeñez, porque es el único camino: Miremos a nuestro Redentor, que siendo Dios se hace uno de nosotros, se hizo pequeño, se abajó por amor al Padre. Tanto es así que eligió a doce hombres pequeños, sin relieve social ni moral, para que fuesen los fundamentos de la Iglesia. Jesús elige a pescadores, a un recaudador de impuestos odiado socialmente. Nosotros hubiésemos elegido a seis escribas y seis fariseos: hombres intelectuales, vestidos con amplios ropajes, educados para comer con distinción y elegancia y bien considerados. Jesús, en cambio, no se deja atrapar por prejuicios sociales e incluso religiosos, y hasta se dirige a su Padre de un modo insólito en la piedad judía, e incluso a sus discípulos nos cuesta seguirle y llamar a Dios: Abbá, querido papá. ¿Nos atrevemos a llamar así a nuestro Padre del cielo como lo hizo Jesús, nada menos que momentos antes de su pasión en el huerto de los olivos: Papá, papaíto? Pidamos ser pequeños, es la puerta del cielo. Obedezcamos sus mandamientos en toda su integridad, sometamos nuestro orgullo ante Dios y los hombres. Aprendamos del que es modelo increíble, porque es manso y humilde de corazón.
Fijaos si será paciente que nos espera en nuestras Misa dominical, que tantas veces hay quien se las salta porque está cansado, tiene que hacer visita a los familiares o ir a comprar a esos super comercios tan tentadores, que tienen de todo lo que no necesitamos. Y ahí está el Señor olvidado en el Sagrario sin que nadie lo visite. Da la impresión que odiamos a nuestro Creador y Redentor. Su amor parece derrochado en balde. Actualiza en cada Misa lo que sucedió en el Calvario y nosotros nos permitimos hablar dentro de la Iglesia o incluso inmediatamente después de comulgar. Se ha quedado en el Sagrario para estar con nosotros y entramos a la iglesia o capilla sin hacer una genuflexión bien hecha, sin dedicarLe unos instantes de oración.
Tenemos mil cosas en nuestras vidas que arreglar, en casa y fuera de casa, en la sociedad que nos rodea y como miembros vivos de la Iglesia. Pero por respetos humanos no somos capaces de recortar unos minutos nuestras conversaciones interminables en las que repetimos siempre los mismos tópicos, y no encontramos tiempo para el Señor y no se nos ocurre ir a pedirle ayuda. Tampoco “ayudamos a la Iglesia en sus necesidades”, en su mayor necesidad, que no es la económica, sino la de ‘la conversión de sus hijos’. Nos olvidamos de que Jesús está en el sagrario, de que allí nos espera el Rey de reyes y el ir allí, donde Él se ha dignado como prolongar su encarnación en cuerpo, alma y divinidad, hace que la oración sea mucho más efectiva que si la hago desde el sillón de mi casa. ¿Somos nosotros más que Él o nuestros asuntos más importantes que la Salvación que ha venido a traernos?
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Nosotros que estamos tan informados y a la última, ¿cómo podemos estar tan ciegos para ver que no está lejos el día que nos cerrarán las iglesias y ya no podremos venir a estar con Él? Ahora es el tiempo de salvación, pero no lo aprovechamos para salvar nuestra alma y nos falta fe para estar convencidos de que el Señor nos está esperando, y el sacerdote, puesto por Jesús, también te está esperando para una confesión sincera de toda tu vida, una confesión con profundo arrepentimiento y verdadero propósito de enmienda. Más aún el Señor nos espera en el Sagrario para que vayamos a hacerle las preguntas esenciales de nuestra vida, los problemas que nos agobian, los miedos que sólo a Él somos capaces de contarle. Vayamos a hacerle esas preguntas al Sagrario y a poner en sus manos esas angustias; perseveremos en ello sin buscar otra luz que la brilla en el Sagrario y encontraremos allí la respuesta y la paz que sólo Él puede dar. Él no falla al que confía.
Tenemos hoy, todos los domingos desde este verano pasado, esa oportunidad de estar con Él, de experimentar lo que es su presencia viva y palpitante en el Tabernáculo, en el espacio entre las dos misas de una y de cinco en la Capilla del Santísimo para rezar por esas intenciones que agradan al Señor: la de la unidad de la Iglesia que nos ha pedido el Papa Francisco, la reconciliación y unión entre los españoles, suplicar la purificación de las almas que reposan aquí y en otros lugares de los que intervinieron en la guerra, además de nuestras intenciones particulares.








