El lunes 21 de abril, Lunes de Pascua y memoria de San Anselmo de Canterbury (abad benedictino, arzobispo primado de Inglaterra y Doctor de la Iglesia), ingresó en la Abadía Santa Cruz del Valle de los Caídos un nuevo postulante: Ángel Azcona Lavín, que desea adoptar el nombre de Fray Pelayo. Es natural de Santander, donde ha trabajado como profesor de Matemáticas en Educación Secundaria en la enseñanza pública.
Nuestra Señora del Valle
Rvdmo. P. Abad, queridos hermanos concelebrantes y monjes de las comunidades de El Parral, El Paular y el Valle, hermanos todos en el Señor:
Cuando el pueblo fiel reza devotamente la Salve a la Santísima Virgen, dice: “a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas” (ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle). Si además de situarnos como hombres que se pueden ver como “desterrados” y entender la tierra como ese lacrimarum valle, nos situamos más precisamente en este valle de Cuelgamuros, en este Valle de los Caídos, esa expresión puede tener para nosotros sin duda un eco que le confiere un significado estremecedor. Ciertamente, este Valle nos trae a la memoria los sufrimientos y los dolores de una guerra, el llanto por los muertos en ella y las lágrimas por sus víctimas. La imagen de la Piedad que recibe a los fieles y visitantes de este sagrado lugar a la entrada de la Basílica nos hace mirar a María en su dolor sereno ante su Hijo muerto en sus brazos y nos puede recordar a tantas madres en semejante situación ante la pérdida de sus hijos queridos.
Pero son justamente Jesús y María quienes nos permiten superar las lágrimas, el llanto, el dolor y el sufrimiento con la virtud de la esperanza. Ante todo, de la esperanza en la vida eterna, esperanza que nace de la fe y que se traduce también en caridad. La esperanza traducida en caridad se convierte en misericordia, en perdón, en reconciliación: y ésa es la vocación de este Valle. A la luz del misterio de la reconciliación entre Dios y el hombre alcanzada por el Hombre-Dios, Jesucristo, en la Cruz redentora, es como se puede comprender esa vocación de reconciliación de este Valle también entre los hombres enfrentados. Por eso, Jesús y María son la clave única de interpretación del Valle de los Caídos.
A Ella, en concreto, la Salve comienza invocándola como “Reina y Madre de Misericordia” (Regina, Mater misericordiae). Ella ha visto a su Hijo compadecerse de los hombres, lo ha contemplado en la Cruz perdonando a sus verdugos y ejecutores y le ha escuchado cómo la entregaba por Madre al discípulo amado, en quien estábamos representados todos los hombres, y pidiéndole además que le acogiera por hijo, acogiéndonos así a todos por hijos en él. Por eso es verdadera Madre de Misericordia y es así la Señora y Reina de este Valle.
María es capaz de transformar nuestra vida configurándonos con su Hijo, con quien Ella misma está configurada. Su dolor ante su Hijo muerto es sereno, lleno de dignidad, porque nace de la fe y de la esperanza más firmes. Su actitud es de misericordia y amor, porque ha penetrado en el Corazón de infinito amor y misericordia de su divino Hijo. Por eso es capaz de convertir nuestros sufrimientos en motivo de dicha y nuestra tristeza en alegría. María es así verdadera “vida, dulzura y esperanza nuestra” (vita, dulcedo et spes nostra); y también, como la rezan los monjes cartujos en una pequeña variante que hacen en la Salve, Ella es asimismo “la dulzura de la vida” (vitae dulcedo).
Entonces, visto así, este Valle de Cuelgamuros, este Valle de los Caídos, se convierte en un verdadero santuario de vida y dulzura, no sólo por la belleza de sus montañas, el verdor de sus bosques, el agua de sus arroyos o la riqueza de su fauna, sino sobre todo porque es la Virgen María quien lo llena de sentido, de alegría, de vida, de dulzura y de esperanza.
Y esto lo hace muy especialmente cuando acoge nuestra petición suprema: “muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre” (et Jesum, benedictum fructum ventris tui, nobis […] ostende). Por María llegamos siempre a Jesús. San Rafael Arnáiz insistía: “todo por Jesús, y a Jesús por María”. En este Valle, María nos muestra a Jesús en la Cruz, nos muestra a Jesús muerto en sus brazos y nos muestra a Jesús resucitado y ascendiendo a los Cielos. La Santísima Virgen nos muestra a Jesús reconciliándonos con el Padre, nos muestra a Jesús perdonando desde la Cruz y nos muestra a Jesús reabriéndonos el Cielo en su gloria. Ella nos enseña así cómo proceder en la tierra y cómo aspirar a las realidades eternas, y todo proponiéndonos a su Hijo ante nuestros ojos.
María, la “nueva Eva”, como tantas veces la llamaban los Padres de la Iglesia y viene a ser invocada en la Salve al recordar que somos los desterrados hijos de la primera Eva (et nos, exules filii Evae), es ante Dios nuestra Abogada (Advocata nostra), la Mediadora que nos mira con ojos misericordiosos (illos tuos misericordes oculos ad nos converte) y que nos trae el favor de su Hijo, la que logra que se derramen sobre nosotros las gracias alcanzadas por Él en favor nuestro por medio de su obra redentora.
Por eso, pues, María es la vida, la dulzura y la esperanza de este Valle de los Caídos. Toda tormenta, toda tribulación, toda asechanza del demonio, se estrellarán siempre contra Ella, como tantas veces ha sucedido ya. Ella es nuestro tesoro, porque Ella misma ha llevado en su seno al gran tesoro que nos muestra como nuestra salvación: Jesucristo. Invoquémosla siempre, por tanto, como la Reina y Señora de este Valle, su Protectora invencible, su Patrona amorosa.
San José Obrero y Fiesta del Obispillo
Rvdmo. Sr. Obispillo, Ilmos. Sr. Vicario y Sr. Secretario; queridos P. Abad, Comunidad benedictina y hermanos todos en Cristo Jesús:
Un año más celebramos la Fiesta del Obispillo en nuestra Escolanía, trasladada hace ya muchos años al 1 de mayo, Fiesta de San José Obrero. Ésta fue instituida por el Papa Pío XII para realzar el sentido cristiano del trabajo y proponer al santo Carpintero como modelo para los trabajadores. En realidad, la primera gran fiesta de los trabajadores, obra del cristianismo, fue la institución del domingo y del obligado descanso para todos en ese día, a partir de la cristianización del Imperio Romano. Hoy debemos tener muy presentes también a todos los que sufren el drama del paro o de las dificultades extremas en el ámbito laboral, realidades ambas que algunos de vosotros sufrís en primera persona.
La figura entrañable de San José nos recuerda aspectos fundamentales de la vida humana que hemos de tener en cuenta, como han señalado muchos Papas de los tiempos recientes: entre otros, el recientemente canonizado Juan Pablo II elaboró una preciosa exhortación apostólica dedicada a él, Redemptoris custos, en el año 1989. Junto con Jesús y María, los tres ofrecen en el hogar de Nazaret una gama de enseñanzas muy destacables, como también indicara Pablo VI.
La primera de las realidades que San José nos recuerda para la fiesta de hoy, según hemos apuntado, es la del trabajo. Él es un modelo de laboriosidad, de entrega a la familia así, sin quejarse, comprendiendo el trabajo como una forma de dar gloria a Dios y de contribuir a su obra creadora en el mundo. El trabajo es una realidad que, desde tal perspectiva, ayuda también a configurar la personalidad humana.
Otra gran enseñanza es la de la oración. La vida del monje, tanto del benedictino como del de otras Órdenes monásticas, ha estado marcada siempre por el ritmo del ora et labora, de la oración y el trabajo. Así sucedía también en el hogar de Nazaret. Vuestros hijos, que se forman en una Escolanía benedictina, deben aprender la perfecta compenetración de estas dos realidades, la oración y el trabajo, no sólo aquí, sino también en vuestros hogares. Es fundamental que aquello que aquí se les enseña, lo vean y lo vivan igualmente en vuestras casas. Podemos tener la tentación muchas veces de encontrarnos cansados y olvidar que es un deber de gratitud hacia Dios, de quien lo recibimos todo, rezar e ir a Misa el domingo. Sin embargo, tal vez estemos muy cansados, pero siempre encontramos tiempo para acostarnos tarde viendo cosas absurdas en la tele, saliendo de copas o con otros entretenimientos que, bien llevados, pueden ser sanos y legítimos, pero sin que jamás desbanquen la primacía de Dios. Lamentablemente, a veces tenemos tiempo para todo, menos para Dios. Es esencial que vuestros hijos perciban en vuestros hogares la primacía de Dios y que con ellos recéis a diario, que bendigáis la mesa al comer y que seáis el primer ejemplo para ellos yendo a la Santa Misa, que es el mismo sacrificio de Cristo en la Cruz que se renueva en el Altar. Por eso no existe nada semejante sobre la tierra a la Santa Misa, aun a pesar de que en muchas ocasiones no se celebre habitualmente con la solemnidad y ni siquiera con la dignidad que aquí veis y tantas veces alabáis.
En tercer lugar, San José es un modelo de humildad, de silencio y de discreción. Lo es en consonancia con el ambiente que se vive en el hogar de Nazaret, verdadera escuela de la que esta escuela que es la Escolanía debe beber y aprender. Y vuestros hogares, si se configuran según el modelo del hogar de Nazaret, serán también verdaderas escuelas de vida para vuestros hijos. San José, con esas virtudes del silencio, de la humildad y de la discreción, nos enseña a amarnos los unos a los otros, a respetarnos, a evitar la crítica y la maledicencia (eso que el Papa Francisco ha denominado “la lengua que mata”) y a no considerar que siempre tenemos la razón.
Aunque las enseñanzas de San José y de la escuela de Nazaret son muchísimas, quisiera recalcar una última: la autoridad. El Niño Jesús, como nos dice San Lucas en su Evangelio, vivía bajo la autoridad de José y María (Lc 2,51). Hoy muchas veces existe una repugnancia insensata hacia el sentido de la autoridad. Se piensa que uno es libre y puede hacer lo que le da la gana. Se comprende mal la libertad, pues se confunde con un poder hacer lo que a uno le apetece y se desenfocan las cosas. Consecuencia de ello es una pérdida del valor de la autoridad, que en realidad es la que ayuda a encauzar debidamente el uso adecuado de la libertad, pues la libertad está orientada a la realización del bien, tanto de la persona como de la sociedad. Por eso es fundamental que vosotros, padres, ejerzáis la autoridad que os corresponde con vuestros hijos: con respeto, pero también con firmeza cuando sea necesario. Y es fundamental que reforcéis la autoridad de aquellos que la tienen sobre ellos en la Escolanía o en los centros donde vayan después. Si no aprenden el sentido de la autoridad, el día de mañana no sabrán hacer uso de la libertad, caerán en el libertinaje y no os respetarán a vosotros mismos ni lograréis que os hagan caso en nada.
En fin, mando un saludo a los antiguos escolanos aquí presentes. Sois el mejor testimonio de que la Escolanía es un tesoro que se aprecia más en cuanto se sale de ella. Gracias por venir, por amar este lugar y por ser fieles a la Escolanía y al Valle. Dad buen ejemplo a vuestros compañeros más pequeños.
Que Jesús, tenido por “el Hijo del Carpintero”, os bendiga a todos, padres e hijos, en este día, juntamente con la Virgen María y San José.
Convivencia de antiguos escolanos del Valle de los Caídos
A lo largo de la Semana Santa, varios escolanos de las dos últimas promociones y algunos otros más antiguos han pasado por el Valle de los Caídos. Bastantes de ellos se han alojado durante unos días o incluso toda la semana, participando de los actos litúrgicos y de la espiritualidad de este período tan intenso del año litúrgico, además de haber podido disfrutar de la compañía mutua y de la acogida de los actuales miembros de la Escolanía. También se les han ofrecido algunos paseos al monte con el P. Prior y otros formadores, en los que se ha aprovechado para debatir cuestiones de interés sobre temas teológicos y espirituales, morales, históricos, de la vida actual, de juventud, etc. Fueron muy interesantes las explicaciones que hizo Antonio Miguel Jiménez, antiguo escolán y ahora estudiante de Historia, a escolanos de las dos últimas promociones sobre Historia Antigua y las excavaciones arqueológicas en las que participa todos los años en el yacimiento romano de Los Bañales (Aragón). Hay que destacar la ayuda que los antiguos escolanos han prestado en aspectos diversos en la Basílica (ceremonias, canto, ayuda al sacristán…), en la Escolanía y en la Abadía. El martes 15 coincidieron todos los integrantes del grupo coral “Nova Schola” para preparar actuaciones posteriores.
Concierto de la Escolanía del Valle de los Caídos en Tomelloso
El miércoles 16 de abril, Miércoles Santo, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos marchó a Tomelloso (Ciudad Real) para ofrecer un concierto del ciclo de Cuaresma – Semana Santa – Pascua, a beneficio de Caritas, en el Teatro Municipal. Tuvo lugar a las 20,30 h. y contó con una gran asistencia de público, debiendo destacarse a algunos antiguos escolanos de la localidad manchega con sus familias. En este momento hay también dos escolanos tomelloseros de 2º de ESO: José Rubén Martínez y Ramiro Valero.
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Como de costumbre, el concierto contó con una primera parte de Canto Gregoriano, bajo la dirección del P. Laurentino Sáenz de Buruaga, y una segunda de Polifonía, dirigida por D. Ignacio Muñoz. Al piano estuvo D. José Manuel Martín-Delgado. Fue retransmitido en parte por Canal Surco, televisión local de Tomelloso, y los niños y sus directores recibieron numerosos aplausos. Como propina última, la Escolanía cantó el Himno a la Virgen de las Viñas, Patrona de la localidad.
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Después de cenar en los locales de Caritas, donde fueron magníficamente atendidos, los chavales y sus formadores regresaron al Valle.
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En la sección de Escolanía de esta web, se pueden ver algunos vídeos de aquel día.
Domingo II de Pascua
Queridos hermanos: la resurrección de Jesucristo nos supera como a los discípulos. Hay en nuestro corazón obstáculos que remover para creernos que Aquel que fue humillado hasta la muerte infame, cuando Él había regalado vida a manos llenas a todos los afligidos, resucita sin humillar ostentosamente a sus enemigos, como haríamos nosotros. Su resurrección no se lleva a cabo de tal manera que todos se vieran obligados a creer. Hay en todo ello un ejemplar respeto por nuestra libertad. No se nos impone la evidencia de los hechos. Jesús se manifiesta a escondidas, porque prefiere el conocimiento del corazón, expresado en el agradecimiento y en la entrega incondicional. Eso es lo que espera de nosotros. En el Evangelio de hoy esto se palpa a primera vista. Jesús condesciende con la debilidad de Tomás, que se resiste a creer y quiere ver y tocar y recuerda a Tomás y a sus discípulos que si se fían de Él, alcanzarán una participación mayor en sus dones conforme a la confianza depositada en Él. El que no ha llegado a esa confianza en Cristo, tiene que purificarse hasta alcanzarla, pues es imprescindible para ser discípulo del Señor saber de quién se ha fiado, como dijo S. Pablo.
Cuesta dar ese paso que tiene todas las apariencias de locura. El que ama y confía en Jesús al 100% es un insensato a los ojos del que se empeña en no dar el paso de fe y contentarse con los datos sensibles. No se abre al conocimiento sobrenatural, no estrictamente demostrable, pero tampoco irracional. La resurrección de Jesús también causa la comunicación del Espíritu Santo, pues Jesús a sus apóstoles les confiere el poder de perdonar los pecados antes de Pentecostés, donde dicha comunicación alcanza a todos los miembros de la Iglesia. La primera lectura de los Hechos nos habla de los efectos del Espíritu en la primitiva comunidad de Jerusalén. Ante todo produjo unidad entre sus miembros, algo decisivo para que los hombres se conviertan. No es una técnica psicológica para ganar adeptos: a quien ganamos estando unidos es a Dios mismo, pues cuando reproducimos en nuestra vida la unión en el seno de la Trinidad es cuando la gracia de hacerse presente Dios en nosotros se hace atractiva a los ojos de los que están lejos. No podemos vivir unidos sin la gracia de Dios, pero si colaboramos con ese don divino y nos dejamos arrastrar por su influjo, se hace viva la presencia de la Trinidad en nosotros e irradia en torno de esa comunidad, que se convierte en luz para los que andan lejos del camino de la salvación.
Salvación que se alcanza por la fe, nos ha enseñado San Pedro en su carta, donde exalta el poder de la resurrección de Jesucristo, gracias a la cual tenemos una esperanza viva y una herencia eterna en el cielo. Y el que vive la fe también nos dice que es como si viviese anticipado el cielo en la tierra, porque ya tiene ese gozo transfigurado del que ama y cree en Jesús, que es mucho más profundo que el verlo con los ojos de la carne. A los que meditan la Palabra de Dios con asiduidad procurando vivirla fielmente y participan en la Eucaristía, se les abren los ojos del espíritu para reconocer a Jesús, vivo en la Iglesia a través de las mediaciones que Dios ha establecido en el Papa y en los obispos. La desobediencia o crítica a estas mediaciones denota que no estamos asentados en la Palabra y en la Eucaristía o que nuestra relación con ellos es rutinaria y falta de sinceridad.
Hoy se celebra la Jornada de Vocaciones Nativas, dedicada a la oración y la ayuda económica a las vocaciones sacerdotales o religiosas en los territorios de misión. El lema de esta jornada, “Misioneros por vocación”, vincula la relación misionera de dos Papas que dieron suma importancia a esas vocaciones y hoy canonizados providencialmente, Juan XXIII y Juan Pablo II, con quienes son enviados a anunciar el Evangelio y participar activamente en el nacimiento de las comunidades cristianas, donde Dios suscitará vocaciones. Juan XXIII exhortó a los fieles a colaborar con la formación del “clero indígena”. Juan Pablo II pedía “al Señor que nadie llamado al sacerdocio o a la vida religiosa en tierras de misión quede excluido por falta de recursos materiales o económicos” y recordó la necesidad de una “generosa colaboración de todos los fieles”. Además de animaros a participar en la colecta de hoy, destinada a esta jornada, os recomiendo una forma de ayuda permanente: las becas de estudio. La completa, 2000 euros, cubre los seis años de formación de un seminarista; la media beca, 1000 euros, le ayuda tres años; 350 euros cubren un curso de un novicio o seminarista.
La doble canonización y la Jornada de Vocaciones Nativas coinciden con este II Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, según dispuso Juan Pablo II. La devoción difundida por Santa Faustina Kowalska, con el famoso cuadro de Jesús que apunta a su corazón, del que salen un rayo rojo (la sangre, la Eucaristía) y otro pálido (el agua, el bautismo, el Espíritu Santo), fue propuesta por el Papa Francisco el domingo 17 de noviembre, en el Ángelus en la Plaza de San Pedro, como “ayuda espiritual para nuestra alma y para difundir por todas partes el amor, el perdón y la fraternidad”. Y añadió: “No os olvidéis de tomarla porque hace bien ¡al corazón, al alma y a toda la vida!”. La Misericordina contiene 59 gránulos para el corazón y se compone en un 50% de corona de la divina misericordia y en otro 50% de la imagen de Jesús misericordia. El envase es blanco con el dibujo de un corazón humano con espinas y un diagrama de los latidos del corazón. El prospecto explica cómo usar la corona de la divina misericordia. No tiene fecha de caducidad ni contraindicaciones ni efectos secundarios ni problemas de sobredosis. En caso de duda, hay que consultar a un sacerdote, monja o catequista.
Que Ntra. Sra. del Valle, que D.m. celebraremos el próximo 5 de mayo, nos ayude y estimule a tomar este medicamento o medicina espiritual con toda la frecuencia que nos sea posible. Que así sea.







