El lunes 15 de octubre, la Escolanía del Valle de los Caídos participó con sus voces en el pregón del “Domund” (Jornada Mundial de las Misiones) en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid, a las 19,30 h. de la tarde. Había sido invitada para ello un tiempo antes y los directores musicales prepararon con los niños una pieza gregoriana y cuatro polifónicas, que ejecutaron con gran belleza. Dirigieron el P. Laurentino Sáenz de Buruaga (gregoriano) y D. Carlos Mª Labarta (polifonía), y en el órgano estuvo D. José Manuel Martín-Delgado, también profesor de la Escolanía. El acto estuvo presidido por Mons. Fidel Herráez, Obispo Auxiliar de Madrid, y contó con la presencia de diversas autoridades del ámbito eclesiástico y civil. El pregón fue leído por D. Francisco Vázquez. Mons. Herráez hizo notables elogios de la Escolanía y de la labor desarrollada por la Comunidad benedictina en el Valle de los Caídos. Al finalizar, los niños fueron premiados con una cena en un centro comercial de Collado Villalba, antes de su regreso a la Escolanía para dormir.
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Palabras de acogida del P. Prior, P. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B.
Queridos peregrinos:
Sentíos acogidos por la Comunidad Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Os doy la bienvenida, como su Prior, en nombre del P. Abad y de los monjes. La acogida es precisamente una de las características propias de la espiritualidad benedictina, pues de hecho Nuestro Padre San Benito ordena en su Regla recibir a los huéspedes y a los peregrinos como si al mismo Cristo en persona se hiciera (RB, LIII, 1.7.15). Hoy nos satisface y nos alegra especialmente recibir esta peregrinación de la Pastoral Universitaria de Madrid, cuyos organizadores solicitaron que os dirigiera estas palabras por haber sido anteriormente estudiante y profesor de Universidad.
Habéis realizado hoy una peregrinación al Valle de los Caídos y habéis recorrido el Vía Crucis. Son sin duda dos dimensiones fundamentales del Valle: éste es ciertamente un lugar de peregrinación y en él se lleva a cabo de forma principal el culto a la Santa Cruz, como queda bien patente en la gran cruz monumental que preside este Risco de la Nava y bajo la cual aquí nos encontramos; también en este altar, donde vemos la imagen de un Cristo vivo en la Cruz mirando hacia el Padre en oración y pidiéndole el perdón para todos los hombres; y finalmente y de un modo muy singular en el Lignum Crucis o reliquia de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo que en estos momentos está sobre dicho altar, que regaló el Papa Beato Juan XXIII con motivo de la consagración de la Basílica en 1960 y con el que después os daré la bendición y podréis acercaros a adorarlo si lo deseáis. Además os acoge maternalmente Nuestra Señora del Valle, cuya imagen está a mis espaldas.
La Santa Cruz es el signo máximo de la Redención obrada por Jesucristo en su obra salvadora y es así el signo más profundo de la reconciliación: de la reconciliación entre el hombre y Dios, porque Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, ha restablecido la relación rota por el pecado; y de la reconciliación entre los hombres, porque sólo en Cristo podemos aprender a perdonarnos y vivir en paz.
El Valle de los Caídos, marcado por la Santa Cruz, se concibió por eso para la reconciliación entre los españoles, no para la ruptura. Y esto en tres dimensiones principales:
a) Una dimensión espiritual, que tenemos a nuestro cargo los monjes benedictinos, orando diariamente por España, por la paz en ella y en el mundo entero y por las almas de los caídos de ambos bandos en la Guerra Española de 1936-1939.
b) Una dimensión de hermanamiento entre los caídos de ambos bandos, ya que aquí se encuentran sepultadas varias decenas de miles de ellos y están entremezclados, detrás de las dos grandes capillas laterales del Santísimo y del Sepulcro y de las seis capillas laterales de la Virgen en la nave de entrada. De este conjunto, quince son beatos mártires y otros tantos se encuentran en proceso de beatificación.
c) Y una dimensión temporal, que estuvo plasmada sobre todo en lo que en su día fue el Centro de Estudios Sociales, orientado a procurar, desde la inspiración de la Doctrina Social de la Iglesia, las medidas oportunas para alcanzar la paz y la justicia social en España y evitar que se volviera a producir una guerra como la del año 36.
El Valle de los Caídos se encuentra bajo la custodia de la Orden Benedictina, la Orden de San Benito, lo cual le hace enlazar con la Tradición cristiana de la cultura europea y occidental. Una Tradición que brota a su vez de la Tradición monástica, siendo la vida monástica esencialmente una búsqueda de Dios a través de la soledad y el silencio, en un ambiente marcado por la oración, el trabajo, la lectura espiritual y el estudio, con un esfuerzo ascético por restaurar la imagen divina en el hombre. Los monjes benedictinos echaron a partir de ahí los fundamentos de la cultura europea, de la civilización occidental. Y vosotros, que sois universitarios, podéis recordar que la Escolástica nació en las escuelas monásticas y fue la que caracterizó a su vez el nacimiento de las Universidades en la Edad Media europea.
El Valle de los Caídos, por la labor de los monjes, se constituye así en un lugar de oración y de estudio, en un lugar de culto y de cultura. Y una buena parte de la dedicación de los monjes aquí consiste en procurar la solemnidad del culto divino. Es algo propio de los monjes y muy especialmente de la Orden Benedictina, que se ha destacado siempre por el cultivo de la Sagrada Liturgia. También lo llevamos a cabo de forma muy importante por medio de nuestra Escolanía, que es el único coro de niños de todo el mundo que canta diariamente Gregoriano, además de Polifonía.
Santa Hildegarda de Bingen, abadesa benedictina alemana del siglo XII recién proclamada Doctora de la Iglesia junto con el español San Juan de Ávila por Benedicto XVI, es un buen botón de muestra de lo que es la vida benedictina: una vida de dedicación a la oración, al trabajo, al estudio y a la cultura, y de manera muy destacada a la música sacra.
Pero el Valle de los Caídos es además un reflejo claro de la Tradición católica de España, del ser de España como pueblo católico en su Historia. La Cruz, por supuesto, nos habla de la fe católica que siempre ha caracterizado a España. Y en esta cúpula que tenéis ante vosotros y por encima de vosotros, el magnífico mosaico de Santiago Padrós ofrece una síntesis de la Historia de España y de su Tradición cristiana, católica. En ella podéis observar los dos grupos de santos y de mártires españoles, presididos por Santiago y San Pablo, los dos Apóstoles que, según la tradición, trajeron el Evangelio a España. Podéis ver todo un conjunto de mártires, desde los hispanorromanos que regaron nuestro suelo con su sangre derramada por amor de Cristo hasta los más recientes. También encontraréis a los grandes santos visigodos, a San Isidoro y San Leandro con su familia, aquellos que vivieron y protagonizaron la época del Concilio III de Toledo (589) en el que se labró la unidad católica de España. Descubriréis a los grandes santos fundadores como Santo Domingo de Guzmán y San Ignacio de Loyola, a los santos misioneros como San Francisco Javier, a los santos místicos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, a los santos de la caridad como San Juan de Dios…
En el lado de la cúpula más próximo a vosotros podréis ver a los grupos de caídos en la Guerra de 1936-1939, ofreciendo y llevando el sacrificio y la inmolación de sus vidas a Cristo, ascendiendo hacia Él, que los recibe en la representación del Cristo Pantrocrátor, Juez todopoderoso y a la vez misericordioso. Del lado más próximo a vosotros, la imagen de la Santísima Virgen nos recuerda que España, como dijera el Beato Juan Pablo II, es “tierra de María”.
En fin, esperamos que la peregrinación al Valle de los Caídos termine suscitando en vosotros el deseo de volver, de repetir la experiencia, de regresar a este lugar dedicado al culto de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. El Valle de los Caídos, ciertamente, no tiene sentido sin Cristo, como tampoco el mundo tiene sentido sin Cristo, ni España tiene sentido sin Cristo, ni la Universidad tiene sentido sin Cristo, ni la vida tiene sentido sin Cristo. Sólo Cristo da sentido a todo y sólo en Él podemos encontrar la Salvación.
Los escolanos en “Valores en alza” (Intereconomía TV)
Durante varios domingos, algunos escolanos del Valle de los Caídos irán apareciendo en el programa religioso “Valores en alza” de Intereconomía TV, dirigido por el sacerdote D. Evaristo de Vicente. Fueron entrevistados a finales de septiembre por Sonsoles Calavera, a quien los niños de la Escolanía tienen un cariño especial. El programa se emitirá normalmente entre las 10,30 h. y las 11,30 h. El domingo 14 de octubre apareció ya parte de la entrevista hecha a Rui Fernando Mum, simpático escolán procedente de la isla de Annobón, en Guinea Ecuatorial, la antigua Guinea española.
Domingo XXIX del Tiempo Ordinario
Querido hermanos en Xto Jesús:
Hoy la Iglesia celebra el Domingo Mundial por la Evangelización de los Pueblos, el DOMUND, y con ello se nos recuerda que todos los creyentes hemos sido llamados por Xto para predicar el Evangelio a todos los hombres y que, además, debemos cooperar económicamente con aquellas personas que han dejado todo, hasta su patria, para cumplir este mandato de Xto. Esto ya lo sabemos y no supone ninguna novedad porque lo hemos oído a lo largo de los años en multitud de ocasiones, tantas que, tal vez, nos deje indiferentes el escucharlo una vez más.
Igualmente se nos ha dicho que Occidente, que Europa, que España es también tierra de misión y que ahora es igualmente necesario evangelizar las naciones que en otro tiempo eran el núcleo de la cristiandad. Pero vamos a detenernos brevemente y veamos por qué España puede ser tierra de misión.
España, a lo largo de su historia, siempre ha tenido la característica, que no han poseído otras naciones europeas, de realizar sus grandes gestas históricas teniendo, de un modo u otro, como trasfondo la fe y la religión: pensemos en los ocho siglos de reconquista, en la época de la conquista de América y de las guerras en Europa en la época del imperio y, más recientemente, tenemos nuestra última guerra civil.
En las últimas décadas hemos ido dejando de lado esta particularidad y nuestra vida social, política y económica se ha ido desligando de todo cuanto pueda significar religioso. Hemos sido siempre una nación de extremos: o somos los más católicos del mundo o, por el contrario, si se trata de perseguir la religión nadie nos gana. Esta es otra de nuestras peculiaridades.
Pero porqué somos tierra de misión si, al menos estadísticamente, España sigue siendo una nación católica. Para empezar ya no somos casi ni nación pero es que, además, los valores morales que rigen a nuestros dirigentes y que, cuando menos, parece que son aceptados socialmente por una gran mayoría son valores edulcorados y con muy poca sustancia; por otro lado, hemos de recordar que nuestras instituciones básicas están atravesando una grave crisis: por ejemplo, la familia ya no responde al único modelo aceptable de hombre y mujer, sin mencionar el importante hecho de la, cada vez más alarmante, disminución de nacimientos; también poseemos una legislación aceptada socialmente por una mayoría que permite el aborto; el tipo de formación para nuestra juventud y para nuestra niñez dista mucho de fomentar los valores cristianos y de ahí que tengamos el uso de la píldora del día después, los macro botellones, la iniciación temprana en las prácticas sexuales de todo tipo, el aniquilamiento sistemático de la inocencia. La perversión de valores es tal que ya no es solamente que sean este tipo de cosas las que se legitimen sino que, por si fuera poco, ay de aquél que ose decir que todo esto está mal y que nos conduce al desastre. Así llegamos a que hemos transformado lo bueno en malo y a lo realmente bueno lo hemos de hacer callar hasta desaparecer.
Por si todo esto fuera poco consideremos el número de matrimonios fracasados, el retroceso de la práctica religiosa entre nuestra población, la disminución constante de los matrimonios realizados en el seno de la Iglesia Católica, así como de bautizos, de primeras comuniones, etcétera; ahora, además, contamos con el nuevo elemento de una incipiente persecución a los cristianos (recordemos lo que ha sucedido hace pocos días en un colegio católico de España). Según esto es de suponer que, efectivamente, España sí es tierra de misión.
Pero, ¿cómo ser misioneros en España? Pues con los mismos medios que lo fue San Pablo, San Francisco Javier, o Santa Teresa del niño Jesús, con los mismos medios que Xto nos dejó cuando vino a este mundo: ante todo con su gracia que ha de plasmarse en nuestras palabras y en nuestras obras. Los sacerdotes deberemos de predicar con valentía y vivir con coherencia lo que predicamos, los creyentes tendremos que vencer nuestro miedo, nuestro respeto humano, nuestra apatía y somnolencia y defender el nombre de Xto y de su Iglesia, propagar su enseñanza a tiempo y a destiempo. Tendremos que ser coherentes con nuestra fe y vivir según las enseñanzas del Evangelio, aceptando lo que no nos agrada o lo que no está de moda.
Deberemos acudir a la oración como medio indispensable para propagar el Evangelio, al igual que hiciera Santa Teresita; estaremos obligados a recurrir a la limosna auténtica, es decir, no a lo que nos sobre, para poder poner en práctica el mandato de la caridad (y por limosna deberemos de entender dar lo que tenemos: tiempo, dinero, conocimiento, etcétera). También deberemos emplear el sacrificio pues Xto fue, a través del sufrimiento, como nos redimió, nosotros también hemos de hacer lo que hizo Él: tomar nuestra cruz y seguirle.
Pero para ser misioneros, para evangelizar a España y al mundo el primer paso esencial es convertirnos nosotros mismos de nuestra mala conducta, arrepentirnos sinceramente y seguir con determinación los mandatos del Señor. No podemos dar lo que no tenemos, de ahí que lo primero que hemos de hacer es fortalecer nuestra propia fe y nuestra propia caridad.
Visitas y peregrinaciones (13 de octubre)
El sábado 13 de octubre, los componentes de la “Schola Gregoriana Laetantur”, antiguos escolanos de la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados de Valencia, aportaron sus voces cantando en el Ofertorio y en la Comunión de la Santa Misa conventual celebrada en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos a las 11 h. Su vinculación con la Abadía benedictina y la Escolanía es antigua, fundamentalmente a través de la persona del P. Laurentino Sáenz de Buruaga.
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En la misma celebración estuvieron presentes unos 50 peregrinos de Alatoz y Carcelén (Albacete), llegados en un autobús para poner término a las fiestas de la primera de estas localidades, dedicadas a Nuestra Señora del Rosario. Después de la Santa Misa entonaron un canto a la Santísima Virgen y luego marcharon a San Lorenzo de El Escorial. También asistieron a la Misa, por otra parte, algunos peregrinos de Granada.
Santa Hildegarda de Bingen y San Juan de Ávila, Doctores de la Iglesia
El domingo 7 de octubre, el Papa Benedicto XVI proclamó Doctores de la Iglesia al sacerdote español San Juan de Ávila y a la abadesa benedictina alemana del siglo XII Santa Hildegarda de Bingen. Lo hizo en la Santa Misa que con multitudinaria asistencia de fieles se celebró en la Plaza de San Pedro y que daba también inicio al Sínodo de los Obispos para comenzar el “Año de la Fe”. La proclamación fue pedida al papa por el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, acompañado de los Postuladores de las Causas. Tras las lecturas de unas breves biografías de los nuevos doctores, Benedicto XVI procedió al rito de la proclamación en latín:
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“Nos, acogiendo el deseo de muchos hermanos en el episcopado y de tantos fieles en el mundo entero, después de haber recibido el parecer de la Congregación de las Causas de los Santos, y de haber reflexionado durante mucho tiempo y haber alcanzado el pleno y seguro convencimiento, con la plena autoridad apostólica, declaramos a San Juan De Ávila, sacerdote diocesano y Santa Hildegada de Bingen, monja de la Orden de San Benito, doctores de la Iglesia Universal. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
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Tras la proclamación, las decenas de miles de presentes en la plaza vaticana rompieron en aplausos que duraron varios minutos y sonó música sacra. En la fachada principal de la Basílica de San Pedro colgaban dos grandes cuadros de los nuevos doctores de la Iglesia. Entre los cardenales y obispos se encontraban 62 venidos de todas las diócesis españolas. Además, a la proclamación de Doctor de la Iglesia de San Juan de Ávila, el “Maestro Ávila”, asistió una amplia delegación oficial española.
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San Juan de Ávila se convierte así en el cuarto español Doctor de la Iglesia, junto con San Isidoro de Sevilla, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Por su parte, Santa Hildegarda es la cuarta mujer Doctora de la Iglesia, con la ya mencionada y con Santa Catalina de Siena y Santa Teresa del Niño Jesús o de Lisieux. Además, Santa Hildegarda hace que el número de Doctores de la Iglesia de la familia benedictina se eleve a nada menos que seis, siendo los otros el Papa San Gregorio Magno, San Beda el Venerable, San Anselmo de Canterbury, el cardenal San Pedro Damiani (camaldulense) y San Bernardo de Claraval (cisterciense); sigue siendo así la familia religiosa con mayor número de Doctores de la Iglesia.
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En español existe una página web de una asociación dedicada al mejor conocimiento de Santa Hildegarda de Bingen: www.hildegardiana.es
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La Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.) se ha puesto en contacto con la Abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos para algunos proyectos editoriales relativos a la figura y la obra de Santa Hildegarda. Por otra parte, en dicha editorial se encuentran ya publicadas desde hace muchos años las obras completas de San Juan de Ávila.
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