El sábado 27 de octubre, el coro de niños de Manzanares (Ciudad Real) que dirige Francisco José Román, antiguo escolán del Valle de los Caídos, visitó la Escolanía con otros niños, jóvenes y adultos provenientes de esa localidad manchega y de la vecina de Membrilla. Ambas son poblaciones de las que han salido bastantes voces para nuestra Escolanía, siendo los últimos de ellos Anselmo Torres (Manzanares) y Blas Menchén (Membrilla). En la expedición, de hecho, vinieron cuatro antiguos escolanes, incluyendo a los mencionados Francisco José Román y Anselmo Torres. En total, 110 personas en dos autobuses visitaron primero el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y alrededor de las 12,30 h. llegaron a la Basílica de Santa Cruz del Valle de los Caídos. Tras su visita, se instalaron en el comedor de padres y en el claustro de la Escolanía para poder comer. Pasadas las 15 h., todos se reunieron, así como los escolanos, en la amplia Aula de Piano – Salón para una audición en la que participaron el coro visitante y luego la Escolanía. Una vez terminada la audición, Anselmo se encargó de organizar varios juegos y un partido de fútbol en la explanada posterior del Valle y en los campos de deportes, hasta que el frío que iba en aumento obligó a entrar de nuevo en el edificio de la Escolanía para seguir jugando y merendar. Alrededor de las 19 h., los visitantes tomaron los autobuses para regresar a Manzanares y Membrilla. La experiencia fue en todos los sentidos muy gratificante para unos y para otros.
Domingo XXXII del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos:
Son múltiples las enseñanzas evangélicas que se deducen de esta parábola de la pobre viuda y de lo que sirve de pórtico a la misma, pues Jesús censura a los escribas que hacían ostentación de su riqueza y del ansia de honores que tenían por ser los intérpretes de la Sagrada Escritura. Pero el punto neurálgico de estas censuras es su codicia de los bienes de las pobres viudas con pretexto de largos rezos. La mentira, la hipocresía hecha vida, hacen a Jesús estremecerse de ira santa, porque es una profanación del núcleo de la relación con Dios: la oración. No es sólo codicia, sino la falta de escrúpulo para corromper lo sagrado rebajándolo a mercancía negociable.
La pobre viuda que echa dos monedas de poco valor es una enseñanza viva. Frente al mal espíritu de utilizar la religión para enriquecerse, la entrega heroica de la viuda de dar para las necesidades del culto lo poco que tenía para vivir es un ejemplo de amor a Dios totalmente extraordinario y nada común entre nosotros. Sólo es un ejemplo de los que se pueden espigar entre los dóciles a los impulsos del Espíritu Santo, los que cumplen el mandamiento del amor a Dios conforme a la letra de su formulación en la Palabra de Dios: “Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.
Por desgracia, los bienes materiales suelen ser un lastre muy pesado que nos impide ni tan siquiera plantearnos cuál es la voluntad de Dios. Nuestro corazón es como el engrudo, se pega a cualquier cosa y si vivimos con abundancia de bienes materiales, fácilmente nos apoyamos en ellos y prescindimos de Él, olvidándonos de que Él es lo único necesario y que si seguimos en esta vida es porque Él quiere ofrecernos la oportunidad de ganarnos el cielo. Por tanto, la pobreza de espíritu y la pobreza material suelen ir unidas: quien es pobre materialmente es más fácil que lo sea también de espíritu, lo mismo que quien tiene muchas riquezas materiales es más difícil que eleve su pensamiento a Dios para darle gracias por lo que tiene y para compartirlo con quien no tiene. La primera lectura ilustra esta misma enseñanza haciendo más visible ese matiz de la confianza en Dios y de anteponer la necesidad del prójimo a la que nos reclama nuestro propio cuerpo y la necesidad de los que nos están unidos por la sangre.
Otro rasgo evangélico que nos transmite la parábola viva de la viuda, a la que Jesús vio desprenderse de sus dos monedas vitales para su sustento, es el ocultamiento a los ojos humanos. Sólo Jesús, por su carisma profético, sabía que esa viuda no tenía más dinero, pero su acción heroica pasó totalmente desapercibida a cualquier mirada humana. Era dócil al Espíritu y como María, se había adelantado a vivir el espíritu de las bienaventuranzas y enseñanzas evangélicas antes de haberlas oído de labios de Jesús. Su mano derecha no sabía lo que hacía la izquierda.
Fijaos, hermanos: la Iglesia también quiere permanecer fiel a la enseñanza de Jesús, pues como dijo hace años el arzobispo de Burgos, si la Iglesia católica destinara una pequeña parte de lo que emplea en obras de caridad en hacer una campaña de marketing, al estilo de las instituciones humanas, su prestigio aumentaría como la espuma. Tampoco se quiere dedicar a esa campaña ni un céntimo, porque la iglesia no lo hace para figurar en los titulares de los medios de comunicación, sino por amor a Dios en el prójimo. En las organizaciones asistenciales de la Iglesia, nada se desperdicia, ni tan siquiera una bolsa de plástico. Qué diferencia tan abismal, hermanos, con esos políticos autodenominados católicos a los que se les llena la boca diciendo que si Jesús viniera otra vez al mundo, no se preocuparía de la tendencia sexual de la gente, sino que estaría con los pobres._x000D_ Sin embargo, la contribución económica de las instituciones públicas a las que pertenecen estos falsos discípulos de despacho enmoquetado es mucho menor que la de la Iglesia Católica, como continuamente ponen de relieve las cifras de los informes sobre las ayudas a las víctimas de las catástrofes naturales. Para más inri, las escasas ayudas de los países industrializados a los países pobres casi nunca son a fondo perdido, sino préstamos a bajo interés, que hay que devolver y como no se devuelven, los intereses se acumulan.
También es cierto, hermanos, que, aunque no es muy frecuente, encontramos a veces a gente con riquezas materiales, pero que no están apegados a las mismas, sino que son conscientes de que ellos son meros administradores de las riquezas que les ha otorgado Dios y están dispuestos a cumplir su voluntad. Y sin embargo, hay personas que carecen de lo más necesario para vivir, pero no aceptan su pobreza como un don que Dios pone en sus manos para proclamar la grandeza de la Providencia divina, se recomen de envidia por dentro y con frecuencia reniegan de Dios por haberles deparado esa suerte, sin descubrir que Dios les tenía reservada una misión muy importante a pesar de las apariencias.
Por eso, hermanos, lo importante es la actitud de nuestro corazón, que debe ser humilde y no soberbio, que debe confiar sinceramente en el Señor, buscarle, acercarse a Él, seguirle, escucharle, independientemente de nuestra situación material de riqueza o de pobreza. Encomedémoslo a Ntra. Sra. del Valle por intercesión de S. Martín, cuya fiesta hoy celebraríamos si no hubiera coincidido en domingo. Este santo, cuando partió su capa con un mendigo, como se representa en la portada de numerosas Iglesias románicas, no estaba bautizado. Es una muestra de que el mandamiento del amor a Dios y al prójimo son en realidad uno sólo y de que los impulsos de amor a Dios no son etéreos y vanos, sino que hacen posible que uno se desprenda de sus bienes y posponga las necesidades corporales más urgentes en aras del amor a Dios o al prójimo. Pidamos que así sea.
Exhibición de aves rapaces en la Escolanía
El viernes 26 de octubre, los niños de la Escolanía del Valle de los Caídos disfrutaron de una interesante y bonita exhibición de aves rapaces: un búho real, un búho nival, una lechuza común, un cárabo común, un halcón de Harris y un águila gerifalte sacre. El espectáculo fue ofrecido por la empresa “Exporapaces” y tuvo lugar después de la Santa Misa conventual de 11 h. y del recreo de la mañana. A los escolanos y a los profesores se unieron otros adultos interesados por el acontecimiento: bastantes monjes y novicios y algunos empleados. Los organizadores explicaron las características y las costumbres de estas aves e hicieron varias demostraciones de vuelo, especialmente con el águila y el halcón, incluso parando sobre los brazos de varios chavales protegidos con el guante de rigor. Pero sin duda, una de las que más atrajo la atención de los niños fue el búho real, tanto por su tamaño como por sus grandes ojos. Dado el carácter pequeño, recogido y simpático de la Escolanía, los organizadores permitieron a los niños algunos privilegios que no pueden conceder en otros colegios, tales como tocar y acariciar las aves y fotografiarse con ellas. Llamó la atención el cuidado y el cariño con que los niños acariciaban las aves, así como lo bien que se lo pasaron dejando que el pequeño cárabo les picotease los dedos. En agradecimiento por una mañana tan estupenda y que realmente les entusiasmó más aún de lo esperado, los escolanos agradecieron el espectáculo cantando el “Aleluya” de Mozart en honor de los dueños y organizadores de “Exporapaces”, José Luis y Pilar.
Ingreso de un nuevo postulante
El jueves 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, ingresó en la Abadía benedictina de Santa Cruz del Valle de los Caídos un nuevo postulante. Se trata de D. Javier Expósito, sacerdote natural de Jaén e incardinado en la diócesis de Getafe, en cuyo seminario precisamente se había formado. Actualmente se encontraba al cargo del Santuario del Cerro de los Ángeles, donde era muy apreciado como confesor. Es además licenciado en Filología y domina varias lenguas extranjeras, entre ellas el sueco. Con él son en total cuatro las personas que se encuentran en el Noviciado, dos de ellos ya novicios y otros dos postulantes, a la espera del ingreso de otro sacerdote joven en enero próximo, Dios mediante.
Grupos de peregrinos a inicios de noviembre
El jueves 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, acudieron casi 40 peregrinos de Italia a la Santa Misa conventual de 11 h. en la Basílica del Valle de los Caídos.
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El sábado 3, asistieron alrededor de 50 peregrinos franceses, con un sacerdote a la cabeza, el cual es ya conocido de la Comunidad benedictina por su asiduidad en venir con grupos de Francia. Este día también estuvieron presentes numerosos fieles que quisieron unirse a la Santa Misa ofrecida por todos los Caídos de uno y otro bando en la Guerra Española de 1936-1939.
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El domingo 4 de noviembre, la Basílica estuvo abarrotada de fieles en la Santa Misa de 11 h. y muchos hubieron de quedar de pie. Este día coincidieron grupos de peregrinos provenientes de Italia, Lorca (Murcia) y varias localidades de Granada, pero el grupo más grande fue sin duda el llegado desde Portugal.
Domingo XXXI del Tiempo Ordinario
Hermanos: La Palabra de Dios que hemos escuchado es posible que nos haya dejado un poco indiferentes, pues, en ocasiones, la primera sensación que nos dan los mandamientos es de carga pesada y molesta. Pero si la releemos con calma la sensación va cambiando. También es cierto que para calar en muchos textos de la Sagrada Escritura nos tenemos que ayudar de comentarios, aunque no todos son buenos o acertados.
La primera cosa que hemos de considerar es de quién proceden los mandamientos. Dios es quien ha promulgado los mandamientos, pero no porque necesite Él establecer una especie de carrera de obstáculos para comprobar quién es capaz de mantenerse en pie y llegar a la meta. Dios nos conoce a fondo, y en todo caso el examinar nuestra conducta, diaria y aún constantemente, nos conviene a nosotros hacerlo para no salirnos de esta vía segura y sabia que Dios nos ha revelado para nuestro bien.
Dios nos ha creado a su imagen y semejanza. No podía darnos mayor dignidad ni tampoco una muestra de amor más grande. Pero hemos de evitar que la imaginación nos traicione y nuestra inteligencia acepte como real el espejismo de considerar mirar a Dios bajo el prisma de nuestra pequeña naturaleza humana. A partir de ponernos a la altura intelectual de Dios podríamos considerar cantidad de disparates que nos ofrece generosamente nuestra imaginación como es considerar que Dios es demasiado intervencionista llevando cuenta de las más mínimas acciones. Bajo este aspecto se me hace molesto Dios, al que no tengo más remedio que confesar que existe. También la imaginación, aliada con nuestro egoísmo, puede llegar a pensar que hoy día las cosas han cambiado mucho y los mandamientos ya no son un referente válido en la sociedad actual; en todo caso serían una pauta indicativa o ideal que habría que ir acomodando cada uno a su caso: ‘no como otros, que jamás serán personas adultas, pues no saben trazarse sus propias metas como es propio del que ha llegado a la madurez de su personalidad’.
Para llegar a tener una imagen de Dios que corresponda a la realidad, es decir, a un conocimiento verdadero de Dios, hemos de saber primero dónde podemos encontrar una fuente fiable de información. No basta con buscar entre los sabios de este mundo, o en los libros que nos han legado, el verdadero conocimiento sobre Dios, el más auténtico que el hombre pueda tener del totalmente Otro. Sólo si Dios se digna darse Él mismo a conocer podremos alcanzar ese conocimiento profundo y válido de Dios. Es lo que, en su divina misericordia, se ha dignado revelarnos a través de los libros inspirados de la Sagrada Escritura, que a pesar de estar escrita por hombres reconocemos que el conocimiento que allí se contiene no proviene de ciencia humana adquirida por el simple raciocinio. Y no sólo contamos con nuestra comprobación racional, sino que a través del ministerio de los obispos juntamente con el Papa, que en virtud de la sucesión apostólica recibida en la imposición de manos tienen el carisma de enseñar las verdades de fe y moral infaliblemente, sabemos que la Biblia no se halla en el mismo nivel que los demás libros escritos por los hombres, sino que nos transmite un conocimiento sobrenatural que el hombre no puede alcanzar por sí mismo.
Pero la Biblia no es simplemente una fuente de información. Es mucho más. El conocimiento sobrenatural no se dirige sólo a la razón humana. Compromete al hombre entero y llena toda su existencia, sin privarle de su libertad. Todavía más. La libertad del hombre sale fortalecida y enriquecida, porque si nos dejamos llevar por el Espíritu que nos ilumina cuando leemos la Biblia con la conciencia de que es Palabra de Dios y con el deseo de recibir su luz y su fuerza para ponerla en práctica, entonces nos liberamos de nuestro egoísmo y de aquellas influencias externas que nos esclavizan.
Desde esta perspectiva los mandamientos no son yugo esclavizador ni carga insoportable. Son, más bien, la participación en la sabiduría y en la santidad de Dios. Por los mandamientos tiene acceso a Dios tanto el santo como el pecador. El primero para adentrarse más en el ser divino, porque el amor a Dios no sólo es el primer mandamiento en el orden en que los nombramos, sino que además es el principal como dice san Mateo en el pasaje paralelo al proclamado hoy. Y esto lo saben muy bien los místicos mucho más profundamente que nosotros, quienes han hecho suyas esas palabras del salmo responsorial que se ha cantado: “Dios mío, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora… Invoco al Señor de mi alabanza”. De tal manera han hecho suyos el primer mandamiento y el segundo que le llaman a Dios “el Señor de mi alabanza”, porque toda su vida es una alabanza de esa acción continua de Dios que le permite, como hemos dicho en la oración colecta de esta Eucaristía, “hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles”. Para el santo los mandamientos son como un ordenamiento celestial en el que si el hombre libremente entra se encuentra feliz al verse realzado a una categoría divina. Se cumple así la Palabra de Jesús en esa revelación cumbre de la última Cena: “Vosotros no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia” (Jn 15,19).
El que se llama elegido de Dios y comunica mensajes supuestamente transmitidos por Él, pero no practica los mandamientos, sino que se permite y encubre o justifica el incumplimiento de alguno de ellos, es inequívocamente un impostor. No podemos caer en el fideísmo con respecto a estos líderes religiosos falsos. Si a un político no se le consiente comportamientos claramente injustos, cuánto más escandaloso y delatador de su falsedad es encontrar dicha contradicción en un supuesto enviado de Dios.
¿Y para el pecador? Para la mayoría de nosotros, que entramos y sobre todo salimos con frecuencia de este camino real que conduce a Dios, los mandamientos es inevitable que nos produzcan amargor muchas veces, pero eso es buena señal. Porque nos hace percibir nuestra mala salud espiritual. Es la voz de alarma que nos avisa de que algo estamos haciendo mal, de que andamos por camino equivocado.
Qué diferente perspectiva, a la de nuestra imaginación contaminada por el mal, es la que nos brinda la Palabra de Dios. Sólo con la ayuda de Dios logramos andar por el camino correcto –“sin Mí no podéis hacer nada” y hasta podemos prestarle al Señor un servicio digno y agradable. El que anda por el sendero de los mandamientos de Dios obtiene los bienes que nos ha prometido. Pero aquellos que se fían totalmente de Dios y que creen que los mandamientos de Dios siempre han sido la única orientación válida de la vida humana, nunca como ahora, en esta época contaminada por las ideologías que esclavizan al hombre, una época en la que se manipula el lenguaje para presentarnos como buenas o inocuas los más deshumanizadores comportamientos, ahora es cuando resulta más necesario que nunca adherirnos a los mandamientos de Dios para no andar a la deriva.
Estamos celebrando la entrega plena y total de Jesús al Padre en el sacrificio de la Cruz. Entrega ejemplar que hace posible nuestra propia entrega, y que la reclama, para que podamos tener parte en su herencia bienaventurada. ¡Qué dolor será para el Señor que salgamos de esta Eucaristía sin haber sido tocados en lo íntimo por ese amor, que le ha llevado a compartir con nosotros el secreto íntimo para ser el Hijo muy amado del Padre: su obediencia hasta la muerte y muerte de cruz! Jesús espera que por la comunión sacramental, o al menos espiritual en la que tenéis que desear reconciliaros cuanto antes con Él, los mandamientos que Él nos ha ofrecido como la manifestación de su propia santidad nos los tomemos, como diría nuestro Padre san Benito, como un camino por el que se corre, dilatado el corazón, con inenarrable dulzura de caridad, participando, sí de los sufrimientos de Cristo, pero para merecer también acompañarle en su Reino (Regla, Prólogo 49-50). En consecuencia, no será la misma la bienaventuranza del que se ha esforzado en cumplir los mandamientos aun a costa de no comprender muchas veces con su razón todas sus exigencias, pero optó por fiarse de Dios, y la de aquel otro que se ha guiado por sus preferencias y su manera de entender la vida, y al final se arrepiente de no haber sido fiel a Dios. No será lo mismo contemplar y gozar de Dios con claridad y cercanía que entre nebulosas y a distancia.








