El viernes 20 de mayo, la Guardia Civil del puesto de San Lorenzo de El Escorial ofreció a los escolanos del Valle de los Caídos dos conferencias sobre tabaco, alcohol y drogas, advirtiendo de los peligros de todo ello y especialmente a sus edades. La conferencia del grupo de 5º y 6º de Educación Primaria fue más breve, mientras que la del grupo de 1º y 2º de ESO se extendió durante más tiempo, como es lógico. La verdad es que resulta gratificante comprobar la diferencia existente entre los niños de la Escolanía y otros que a sus edades comienzan a introducirse en todo ese mundo: hay pueblos de procedencia de algunos de los escolanos donde tristemente los niños de 10 y 11 años están ya fumando y haciendo “botellón” con bebidas que les compran otros mayores. El guardia civil que impartió la conferencia también avisó de los peligros de algunas bebidas sumamente estimulantes como “Red Bull”, dado su contenido elevado de cafeína, taurina y vitamina B-12.
Domingo III de Pascua
Queridos hermanos en Xto. Jesús:
El hilo conductor de las lecturas hoy proclamadas es la remisión de los pecados, que el Señor nos ha obtenido con los méritos de su Pasión. En la primera lectura, S. Pedro, con sus reproches a los judíos, pretende suscitar su arrepentimiento y conversión, para que puedan recibir el perdón de los pecados, al tiempo que muestra la misericordia divina. En la segunda lectura, S. Juan nos invita a no pecar. Jesús, con su pasión y resurrección, ha recibido la capacidad de ofrecernos el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero. No podemos resignarnos al pecado, sino que debemos estar siempre dispuestos a cumplir los mandamientos. Nuestra disposición debe ser distinta de nuestras caídas. Santo no es el que nunca cae, sino el que siempre se levanta. Jesús nos obtiene el perdón de los pecados, un tema resaltado tanto en el evangelio del domingo anterior, II de pascua o de la divina misericordia, como en el de hoy: «el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén».
Queridos hermanos: es importante que si hace mucho que no os confesáis, lo hagáis cuanto antes, aunque sea durante esta S. Misa, porque eso es el primer requisito para comulgar en las debidas condiciones. No nos privemos del manjar de los ángeles, pero tampoco comulguemos a toda costa. Como dice el himno eucarístico, “He aquí el pan de los ángeles, hecho viático nuestro; verdadero pan de los hijos, no lo echemos a los perros”. Aunque nos privemos de los infinitos beneficios de una comunión bien hecha, no debemos comulgar si no estamos en condiciones. ¿Desde cuándo no nos hemos confesado? ¿Seguiremos diciendo o pensando que lo mejor es confesarse directamente con Dios? Quizá hace mucho que ni nos lo planteamos, porque la Sta. M. Iglesia, como decía algún santo, más que madre es abuela y solo exige “confesar los pecados al menos una vez al año”, segundo de los mandamientos de la Sta. M. Iglesia, que podéis ver en el Catecismo de la Iglesia Católica, ese libro que no debería faltar en ningún hogar católico. Precisamente este tiempo pascual es muy propicio para reconciliarnos con Dios, pues el tercer mandamiento de la Sta. M. Iglesia, como ya sabemos, es “recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua”. El diablo nos engaña si no examinamos nuestra conciencia lo suficiente antes de comulgar.
El Señor nos da muchas oportunidades para arrepentirnos de nuestros errores, pero si no las tomamos en serio, nuestro corazón se irá endureciendo hasta que no haya forma de ablandarlo. No estamos aquí para pasar el tiempo. Jesús quiere darnos la gracia, pero, si dormimos, no podremos recibirla y ¿quién nos asegura que tendremos después fuerza para despertar? A muchas almas las ha sorprendido la muerte en medio de un profundo sueño y ¿dónde y cómo han despertado? Hermanos: está en juego nuestra salvación eterna, la posibilidad de gozar con Dios por toda la eternidad, algo que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”. Tomemos en serio la confesión. Como dijo un santo de nuestros tiempos, “hagamos de hijo pródigo todas las jornadas, incluso repetidamente en las 24 horas del día; ajustemos nuestro corazón contrito en la confesión, verdadero milagro del amor de Dios”. Detengámonos en la meditación de la parábola del hijo pródigo. Sólo Dios puede perdonar los pecados a través de este gesto de alegría y de amor que es la confesión sacramental con absolución individual.
Por último, quisiera referirme a una circunstancia escasamente conocida por la mayoría de los presentes: los difuntos sepultados en el Valle. Es evidente que los más conocidos, por derecho propio, son los caídos, que se cuentan por decenas de miles y que en un alto porcentaje recibieron la palma del martirio. Quince de ellos han sido ya declarados beatos por la Iglesia, otros tantos están en proceso de ser declarados muy pronto y muchos más lo serán próximamente, con lo que es muy probable que, en no demasiado tiempo, los beatos caídos sepultados en la basílica se cuenten por bastantes decenas. _x000D_ Pero también, al otro lado de la montaña que separa abadía y basílica, en nuestro cementerio monástico, reposan los difuntos de esta comunidad, un colectivo quizá no siempre suficientemente recordado. Aunque en circunstancias muy distintas a las de los caídos, estos casi veinte monjes gastaron su vida al servicio de esta comunidad benedictina y sin duda que ahora desde el cielo no dejan de interceder por ella. También algunos de ellos murieron con una cierta fama de santidad, entre otros nuestro tercer P. Abad, el P. Emilio Mª Aparicio, cuyo aniversario hoy celebramos y que durante muchos años fue capellán mayor de la basílica de la Virgen de los desamparados de Valencia.
Queridos hermanos: en la hora de la prueba acudamos a nuestro ángel custodio, para que nos proteja contra el diablo y nos inspire pensamientos elevados. Recurramos también a la frecuencia en los sacramentos, de la oración, de la limosna, de los sacramentales, pero sobre todo seamos humildes y pidamos a Ntra. Sra. del Valle que nos ayude a no caer en la tentación y a levantarnos cuanto antes si por desgracia cayéramos. Que así sea.
Bendición del nuevo abad de Silos
El sábado 14 de abril, dentro de la Octava de Pascua (sábado “in albis”), recibió la bendición abacial el P. Dom Lorenzo Maté, nuevo abad de Santo Domingo de Silos, de manos del Arzobispo de Burgos, a cuya diócesis pertenece el cenobio. Como es sabido, se trata de la casa fundadora de la Abadía Santa Cruz del Valle de los Caídos y varios monjes de ésta proceden de aquélla. Por este motivo, una representación de los benedictinos del Valle se desplazó a Silos, encabezada por el P. Abad Dom Anselmo Álvarez, para participar en la solemne ceremonia que tuvo lugar en la iglesia del monasterio a las 17 h. de la tarde.
Concierto de la Escolanía en el Escorial
El jueves 12 de abril a las 12,30 h., la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos ofreció un concierto en la iglesia antigua del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial para un grupo procedente de Bélgica. Nuestra Escolanía había sido invitada por los responsables de la institución hermana de los PP. Agustinos ante la ausencia para esos días de los niños que la componen, pues ellos tienen las vacaciones correspondientes a la Semana Santa en la Octava de Pascua, mientras que los nuestros las disfrutan en la IV semana de Cuaresma, coincidiendo con los ejercicios espirituales e la Comunidad Benedictina. El concierto fue breve pero intenso y constó de varias piezas de compositores españoles, de las que la parte más fuerte fue sin duda la referente al repertorio polifónico de Tomás Luis de Victoria. Para el presente curso que tiende ya hacia su fin, la Escolanía tiene pendiente aún algunos conciertos en España comprometidos de hace tiempo y principalmente la actuación en el Festival Internacional de Canto Gregoriano de Watou (Bélgica). Se está considerando la posibilidad aún de incluir en la agenda un concierto más en la iglesia de San Germán de Madrid o bien esperar al curso próximo, dado que el calendario y el horario de los niños se encuentra muy sobrecargado.
Noticia sobre la Escolanía en Religión en Libertad
Hace unos días se ha publicado un artículo relativo a la Escolanía en la revista digital Religión en libertad, elaborado por Carmelo López-Arias. Con el título Los puntos fuertes de la Escolanía del Valle de los Caídos: nivel, idiomas, música y generosidad, el autor entrevista a cuatro pequeños alumnos de 5º y 6º de Educación Primaria: José García, Mario Fernández-Pacheco, Adrián Cabrero y Juan Benítez. Expone sus experiencias en el centro y recoge sus apreciaciones sobre lo que la Escolanía les ha aportado y les sigue ofreciendo. El año pasado, el mismo autor y en la misma revista publicó ya otro artículo en relación con el tema.
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“Hasta finales de mayo se encuentra abierto el plazo de inscripción de alumnos en la escolanía del Valle de los Caídos para el curso 2012-2013. Y el último fin de semana de junio tendrá lugar la prueba de canto, el momento clave: esa puerta que le abre a niños de enseñanza primaria y secundaria un mundo fascinante: el entorno natural de Cuelgamuros, el entorno artístico de la basílica de Juan de Ávalos, el entorno religioso de la abadía benedictina y, como seña de identidad, el entorno musical que les situará entre las voces blancas más célebres de España.” Seguir leyendo el artículo en la web de Religión en Libertad…
Domingo II de Pascua
Muy queridos hermanos:
La celebración de la Pascua debe inundar de gozo el corazón de los creyentes en Cristo. Ella es memorial del acontecimiento central de nuestra fe: Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha resucitado de entre los muertos al tercer día, según las Escrituras. Dios Padre ha aceptado su sacrificio por nosotros. La victoria de Cristo, que es la victoria de un amor llevado hasta el extremo, es también la nuestra. Esto no es un slogan para cobrar ánimo en tiempos difíciles, sino que es la realidad más verdadera y definitiva de nuestra vida. Desechemos, pues, todo pesimismo: ¡Cristo vive resucitado y nos ha prometido su presencia y su cercanía!
El evangelio de este domingo, con el que culmina la octava de Pascua, narra la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos; primero, en ausencia de Tomás y, más tarde, también en presencia de éste. Se trata de un texto que sin duda todos conocéis bien; lo habéis escuchado muchas veces. Abramos nuestro corazón para dejar que su mensaje ilumine nuestro itinerario pascual y transforme nuestra propia vida. Como los otros relatos de apariciones, éste de san Juan conserva la frescura y la espontaneidad primera: no se oculta el sentimiento de fracaso de los apóstoles, ni sus temores y dudas, ni la presencia inesperada de Jesús.
¿Cuál era la situación en que se encontraban los discípulos tras la crucifixión de su Maestro? Juan nos dice que habían cerrado las puertas de la casa por miedo. Temían ser denunciados ante los judíos y correr la misma suerte que Jesús; todavía no habían superado la prueba que supuso el escándalo de la cruz. Ahora, reunidos de nuevo, se encuentran indecisos, desorientados, abatidos… ¿Qué cabía esperar después de aquel fracaso? Es entonces cuando el Resucitado se hace presente en medio de ellos: «Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: —Paz a vosotros» (Jn 20, 19). Se trata de un encuentro realmente conmovedor. El primer mensaje del Señor es la paz; podría traer castigos contra quienes lo habían abandonado y negado, y en cambio, trae su paz, una paz conquistada a través del sufrimiento, una paz que sana todas las heridas y restaña todas las llagas. Antes ya les había dicho: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo» (Jn 14, 27). La paz de Jesús es fruto del amor y se encuentra sólo en la comunión y la amistad con Dios.
Inmediatamente, les mostró las manos y el costado. Es éste un gesto que encierra un significado más profundo que el mero hecho de darse a conocer. Jesús enseña las marcas de la pasión no como el horrible resultado de la maldad humana, sino como la manifestación suprema de su amor; son llagas gloriosas precisamente por este motivo. Al mostrarlas, Jesús quiere decir: «Mirad hasta qué punto os he amado, vedlo, alegraos y confiad en mí» (A. Vanhoye). Aquellas huellas transfiguradas del sufrimiento pasado ya no son motivo de tristeza, sino que llenan de alegría el corazón de los discípulos. Encontrarse con el Resucitado es la fuente de paz y gozo verdaderos.
Ahora bien, sabemos que en aquella ocasión extraordinaria faltaba Tomás. Y él permaneció escéptico y perplejo ante el testimonio de sus compañeros, que le decían: «Hemos visto al Señor» (Jn 20, 24). Tomás querrá reconocer a Jesús resucitado justamente a través de las marcas de la pasión. No se le pasó por la cabeza que la resurrección pudiera haber borrado esas señales de su amor extremado. Por ello, el segundo encuentro con Jesús en el Cenáculo, ocho días más tarde, tiene un valor precioso para nosotros. Jesús invita a su amigo incrédulo a «tocarlo», y Tomás toca; y esto lo convierte en testigo directo de su resurrección. La respuesta del apóstol es una conmovedora profesión de fe en la divinidad de Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20, 27-28). Os invito, hermanos, a renovar hoy la profesión de fe de Tomás, repitiendo estas palabras mismas en vuestro interior durante la celebración, sobre todo en el momento de acercaros a la comunión.
La contemplación de este pasaje evangélico nos lleva a otra consideración. Cada uno de nosotros puede verse tentado por la incredulidad de Tomás. Basta pensar en el flagelo del hambre, en las enfermedades incurables, en las guerras, en el desprecio de la vida… en los mil rostros que hoy adquiere la violencia. ¡Cuántas heridas, cuánto dolor en el mundo! Y eso sin contar nuestras propias cruces… Todo ello pone a prueba nuestra fe. Sin embargo, precisamente ahí, la incredulidad de Tomás cobra un gran valor, porque nos ayuda a purificar toda concepción falsa de Dios y a descubrir su verdadero rostro: el rostro de un Dios que, en Cristo, ha cargado con las llagas de la humanidad. La fe de Tomás, que estaba casi muerta, ha renacido gracias al contacto con las heridas que Cristo no ha escondido, sino que ha mostrado y sigue mostrándonos en las penas y sufrimientos de cada ser humano. Estas llagas que Cristo ha contraído por nuestro amor nos ayudan a entender quién es Dios y a repetir también: «¡Señor mío y Dios mío!». Solamente un Dios que nos ama hasta cargar con nuestras heridas y nuestro dolor es digno de fe (Benedicto XVI).
No quisiera concluir sin mencionar la misión encomendada por el Señor a sus discípulos: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20, 21). Vencido todo temor, los apóstoles comprometieron su vida entera en el anuncio del evangelio. Hoy nuestra generación necesita también ver en nosotros testigos valientes y creíbles de Cristo vivo y presente; necesita encontrarlo y poder conocerlo como verdadero Dios y verdadero Hombre. Cuando muchas personas de nuestro entorno apenas conocen el mensaje cristiano ni se acercan a la Iglesia, nosotros debemos ser evangelio hecho vida, en el que muchos puedan leer y sentir cada día el amor y la paz de Jesús resucitado.
Pidamos a María, que concibió al Hijo creyendo y creyendo esperó su resurrección, que nos haga testigos audaces y valientes del Resucitado, presente en su Iglesia hasta el fin del mundo. Que así sea.








