El sábado 5 de mayo se celebró la solemnidad de Nuestra Señora del Valle, Patrona del Valle de los Caídos. A las 10,30 h., según estaba convocado, se rezó el Santo Rosario en la Basílica; como es costumbre ya, fue dirigido por los novicios de la Comunidad Benedictina y varios seglares. A continuación, a las 11 h., la Santa Misa conventual tuvo al P. Abad Dom Anselmo como celebrante principal. Al acabar, los monjes y los fieles se aproximaron a la imagen de la Virgen del Valle, donde se realizó una emotiva ofrenda floral y los niños de la Escolanía entonaron varios cantos marianos. Después de las celebraciones religiosas, algunos de los asistentes compartieron un aperitivo y pasaron al refectorio con la Comunidad, con el rezo intermedio de la hora de Sexta. Acudieron dos monjes benedictinos del Monasterio de Santa María de El Paular, pero no pudieron asistir este año representantes de los jerónimos de Santa María de El Parral, que han quedado en venir otro día al Valle.
Visitas y peregrinaciones recientes al Valle de los Caídos
De entre las visitas recientes al Valle de los Caídos, es oportuno destacar principalmente algunas como la de un grupo de peregrinos procedentes de diversos puntos del Perú, guiados por varios sacerdotes y por el obispo de la diócesis de Jaén, en la zona de la Selva del país andino. Vinieron el jueves 3 de mayo y participaron en la celebración de la Santa Misa conventual de 11 h. en la Basílica.
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Al día siguiente, viernes 4 de mayo, ocho niños de la Escolanía de la Catedral de Ciudad de México asistieron con su director y con los dos directores de la Escolanía de los PP. Agustinos de San Lorenzo de El Escorial a la Santa Misa de 11 h. A continuación se les enseñó el edificio de nuestra Escolanía y los chavales mexicanos pudieron confraternizar y cantar con los del Valle.
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El domingo 6 de mayo vino un amplio grupo de peregrinos de Valladolid, que participó en la Santa Misa y visitó la Basílica.
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El martes 8 de mayo, un grupo de niñas del colegio que las hermanas de la Compañía de María tienen en Talavera de la Reina (Toledo) visitó la Basílica y el conjunto del Valle de los Caídos, siendo atendidas por el P. Alberto.
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En el primer fin de semana de mayo, un grupo de cadetes de la Academia de Infantería vino a la Hospedería para prepararse a recibir el Sacramento de la Confirmación, bajo la dirección del Páter o capellán castrense de dicho centro de formación militar. El P. Alfredo asistió para facilitar las confesiones.
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En el fin de semana del 11 al 13 de mayo, otros grupos religiosos se han reunido también en la Hospedería para realizar convivencias y ejercicios espirituales e impartir charlas.
Visita de la Escolanía al yacimiento de Carranque
El miércoles 2 de mayo por la tarde, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos realizó una visita cultural al Parque Arqueológico de Carranque, en la comarca de la Sagra Alta (Toledo). Es un yacimiento que viene siendo excavado desde su descubrimiento en los años 80 y que corresponde a una villa tardorromana. Según todo apunta, perteneció a un personaje del entorno del emperador hispanorromano Teodosio el Grande en el siglo IV d. C., llamado Materno y que al parecer fue su lugarteniente. La visita nos había sido recomendada desde hace ya mucho tiempo por la Dra. Mª Mar Gabaldón, profesora de Historia Antigua en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, quien hace años impartió una brillante conferencia a los escolanos acerca de cómo se realiza una excavación arqueológica. Ella precisamente se ocupó ahora de llevar a cabo todos los preparativos.
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Los niños comieron ese día antes para poder llegar en autobús a Carranque alrededor de las 15,30 h., que era cuando estaba concertada la visita. Incluso se pudo arribar antes, lo cual permitió disponer de más tiempo, además de contar con la ventaja de que era el único grupo que esa tarde se acercaba al Parque Arqueológico. Maite, estupenda guía del yacimiento, hizo todas las explicaciones oportunas después de ofrecernos un breve documental en la sala de audiovisuales del centro de interpretación y museo. Los niños visitaron los tres conjuntos principales de la antigua villa: el “Palatium”, antes conocido como “Basílica”, que en realidad era un lugar para la recepción de autoridades y una muestra del poder, aunque después ciertamente fue utilizado con fines religiosos y sepulcrales; el hasta hace no mucho conocido como “Ninfeo”; y la casa de Materno, que resulta indudablemente espectacular por la riqueza y la belleza de sus mosaicos, así como por las obras de arquitectura romana que permite descubrir, tales como los sistemas de evacuación de aguas y el hipocausto o sistema de calefacción subterráneo por aire.
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Al término de la visita y de la explicación del pequeño museo, los chavales agradecieron a Maite sus atenciones y la obsequiaron con el canto de dos piezas polifónicas. Quedó admirada de sus voces e hizo un comentario acerca de su buen comportamiento y de la atención mostrada en las explicaciones (incluso con abundantes preguntas de los chicos), tan diferente de la actitud de otras visitas que reciben.
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Al salir del yacimiento, la Escolanía se hizo una foto de grupo junto a un llamativo puente sobre el río Guadarrama y los niños pudieron jugar un buen rato en la zona (fútbol, aventura por los montículos y los trigales, etc.), para finalmente tener una merienda-cena antes de subir al autobús, regresar al Valle y cantar las “Flores” de la Virgen por la noche.
Fiesta del Obispillo
El martes 1 de mayo, como todos los años, la Escolanía del Valle de los Caídos celebró la tradicional Fiesta del Obispillo, que se remonta a unos orígenes medievales. Sobre ella existe más información en esta misma página web.
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Hacia las 10,30 h. tuvo lugar la sencilla pero bonita ceremonia de investidura del nuevo Obispillo, Excmo. y Rvdmo. Monseñor Roger Andrés Sandoval Murillo, escolán de 4º de Primaria, natural de Bolivia (el primer Obispillo hispanoamericano de la historia de la Escolanía), en la Capilla de Nuestra Señora de Loreto. El Obispillo del año anterior, Mons. Marcos Martínez Manzano, se encargó de hacerle entrega del pectoral, el anillo, el solideo y el bonete. Estaban presentes junto al altar también los Ilmos. Sres. Vicario y Secretario, Kevin Alfonso Peinado y Manuel Valverde Sáenz, alumnos asimismo de 4º de Primaria. Todos los escolanos fueron a la Capilla en procesión desde el coro y marcharon después igualmente en procesión a la Capilla del Santísimo, para iniciar luego desde allí la otra procesión de entrada para la Santa Misa de 11 h., que tuvo al P. Prior como celebrante principal al ser el director de la Escolanía y encontrarse indispuesto esos días el P. Subprior, director espiritual de la misma. Antes de la Santa Misa, el P. Abad saludó a los nuevos Obispillo, Vicario y Secretario en la Sacristía. En la Misa, como de costumbre, los tres ocuparon un lugar destacado y el Obispillo lo hizo concretamente en el correspondiente al P. Abad.
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Al término de la Santa Misa se procedió a la foto de grupo en las gradas del altar mayor de la Basílica y justo a continuación se realizó la visita a la cúpula, a pesar del contratiempo de la avería momentánea del ascensor, que afortunadamente pudo ser reparada con rapidez por los técnicos.
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En la Hospedería externa tuvo lugar el beso del anillo (ya lo habían hecho una primera vez los escolanos en la Capilla de Loreto). El Obispillo, auxiliado por sus ayudantes, repartió caramelos y chuches a los escolanos y a los niños de las familias que se acercaron a este bonito rito. Luego todos los chavales y sus allegados pasaron a los dos comedores para la comida de familia.
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A las 16 h., como siempre, comenzó el acto de la tarde. El Obispillo leyó el pregón inaugural y los ocho alumnos de 2º de la ESO representaron un entremés de Miguel de Cervantes, “La elección de los alcaldes de Daganzo”, que en algunas ediciones anteriores ya se había llevado al escenario del gran salón de actos de la Escolanía. En esta ocasión lo hicieron magníficamente y sin el más mínimo fallo, llevándose nutridos aplausos y provocando las risas frecuentes de los espectadores durante la obra, muy especialmente Anselmo Torres por su actuación. Después se procedió a la entrega de premios, trofeos y diplomas, tanto por pruebas deportivas como por motivos académicos, y los chicos de 2º de ESO dirigieron ellos mismos un recital de ocho piezas musicales de gran calidad, a la que añadieron otra cantada por los ocho solos, con la admiración de los asistentes.
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La tarde sólo quedó un poco aguada (y nunca mejor dicho) en las pruebas deportivas finales, ya que el partido de fútbol entre padres y escolanos tuvo que ser suspendido no mucho después de comenzar a causa de la lluvia cada vez más intensa. No obstante, la fiesta continuó en las instalaciones de la Escolanía, donde también se hizo entrega de unos regalos a cada escolán por su participación en el Decatlón del curso. Los niños y las familias quedaron muy satisfechos de la jornada, que concluyó con el canto de las “Flores” de mayo a la Santísima Virgen en el claustro del monasterio.
La Escolanía con las Hermanitas de los Pobres
El sábado 28 de abril, los niños de la Escolanía del Valle de los Caídos fueron por la tarde a la Residencia de la tercera edad que las Hermanitas de los Pobres tienen en la cercana localidad de Los Molinos. Hace dos años, los alumnos de 2º de ESO habían ido con el P. Santiago y D. Carlos Mª para celebrar y cantar la Santa Misa, conocer las instalaciones y la labor de estas religiosas y poder colaborar con ellas en algunas tareas de servicio, como ayudar en el comedor de los ancianos. Ahora fueron todos los chicos que se encontraban el sábado por la tarde en la Escolanía, invitados por las Hermanitas de los Pobres. Ellas querían, por una parte, que los niños alegrasen la tarde a los ancianos; y, por otro lado, deseaban dar una sorpresa a la Superiora de la Comunidad y Residencia, que cumple su tiempo de mandato y marcha a la casa-madre en Francia. Los escolanos ofrecieron a los ancianos el canto de varias piezas musicales de gregoriano y polifonía y las Hermanitas apreciaron mucho el interés con que se tomaron la visita y la educación de los chavales. Éstos, después de una rica merienda ofrecida por las religiosas, estuvieron jugando en la finca hasta que se dio la orden de regreso al Valle.
Domingo V de Pascua
Queridos hermanos en Cristo Jesús:
El texto del Evangelio de hoy, tomado del relato de San Juan (Jn 15,1-8), es sumamente rico para toda una serie de consideraciones, de las que vamos a realizar algunas.
Por una parte, estamos ante un símil que Jesús establece para presentarse a sí mismo: Él es la vid y nosotros los sarmientos. Nos encontramos ante una de esas afirmaciones en que dice de sí mismo: “Yo soy”. Es la fórmula que utiliza también en otros momentos y que muy especialmente recoge el apóstol y evangelista San Juan: “Yo soy el pan de la vida” (Jn 6,35), “Yo soy el pan vivo bajado del cielo” (Jn 6,51), “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12), “Yo no soy de este mundo” (Jn 8,23), “Yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10,7.9), “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11), “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11,25), “Yo soy el camino, y la verdad y la vida” (Jn 14,6), “Yo soy rey” (Jn 18,37). Ya en el diálogo con la samaritana, al referirse ella al Mesías, Jesús le había contestado afirmando con contundencia: “Yo soy, el que habla contigo” (Jn 4,26). Jesucristo está dando abierto testimonio de sí mismo como Hijo y enviado del Padre, según lo recoge nuevamente San Juan: “Yo doy testimonio de mí mismo, y lo da también el Padre que me ha enviado” (Jn 8,18). Más aún, asevera con claridad: “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn 10,30). Y con sólo decir en el momento del prendimiento en el Huerto de los Olivos: “Yo soy” (Jn 18,5.8), la turba que había ido a detenerle cayó a tierra. Todo ello es sin duda una afirmación constante de su divinidad, de su condición de Hijo de Dios, al emplear la misma fórmula con que Dios se había manifestado a Moisés en el Horeb: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Ex 3,6); “Yo soy el que soy” (Yahveh) (Ex 3,14). Por eso Jesús dirá: “Si no creyereis que ‘Yo soy’ moriréis en vuestros pecados” (Jn 8,24).
Jesucristo no puede ser asimilado a cualquier otro fundador de una religión o de una filosofía, porque no se ha presentado como patriarca originario de un pueblo o liberador y legislador al estilo de Abraham y de Moisés, respectivamente (quienes precisamente apuntan hacia Cristo), ni tampoco como profeta anunciador de una revelación divina a la manera de Zaratustra o de Mahoma, ni como el receptor de una iluminación que abre un camino para sus seguidores como Buda, ni como un gran maestro del conocimiento y de la sabiduría de la vida semejante a numerosos creadores de escuelas filosóficas en Oriente y en Occidente. Jesucristo los supera infinitamente a todos ellos porque habla de sí mismo presentándose como verdadero Dios, como el verdadero Hijo de Dios que es uno con el Padre y el Espíritu Santo. Cada vez que dice: “Yo soy”, está afirmando su propia divinidad. Esto es algo sin precedentes y sin parecidos posteriores dignos de resaltar. Él no ha dicho que venga a traer un camino de verdad y de vida, sino que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. Y esto sólo puede decirlo porque es verdadero Dios.
De ahí toda la fuerza de la imagen de la vid y los sarmientos que nos ofrece. Por ser verdadero Dios, es la verdadera vid de la que dependen los sarmientos. Éstos nada pueden separados de la vid, porque el hombre nada puede sin Dios. Frente a la típica tentación diabólica que acecha constantemente al hombre y que consiste en pretender proclamar o al menos alcanzar de hecho su independencia respecto de Dios, Jesucristo nos está avisando de que fuera de Él nada podemos. En el mundo contemporáneo, la experiencia de todas las utopías sin Dios a las que han pretendido conducir las ideologías ha sido siempre la de un final trágico para el propio ser humano. La misma crisis económica que sufre hoy el Occidente es la plasmación del fracaso social del materialismo capitalista, y no deja de ser terrible constatar que, en medio del empobrecimiento de muchas personas, hay quienes en el ámbito de la gran banca y la alta finanza se están enriqueciendo a base del endeudamiento ajeno.
Sin Cristo nada podemos; Él mismo nos lo acaba de decir: “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Por eso debemos permanecer en la vid, unidos a ella. Pero esta unión no es impuesta, sino fundamentada en el amor: “permaneced en mí y yo en vosotros” (Jn 15,4). De ahí que entonces podremos pedir con confianza todo lo que deseemos y se realizará (Jn 15,7). El amor, en grado de caridad como virtud teologal, es ciertamente la trabazón íntima del Cuerpo Místico de Cristo, imagen utilizada por San Pablo y que coincide de lleno con ésta de la vid y los sarmientos: “Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual Él es el Salvador”. Por eso “la Iglesia está sujeta a Cristo”, ya que “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5,23-25). El Apóstol de los Gentiles emplea con frecuencia esta imagen, de tal modo que en otra carta señala: “vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es miembro de ese cuerpo” (1Cor 12,27), con una diversidad de dones concedidos por el Espíritu Santo y una organización jerarquizada de funciones (1Cor 12).
De esta imagen y realidad del Cuerpo Místico se deriva la “comunión de los santos” que proclamamos en el “Credo”: por Cristo, que es nuestra cabeza, existe una estrecha unión entre los diversos miembros de la Iglesia, de tal modo que podemos favorecernos espiritualmente entre unos y otros; no sólo entre los que pertenecemos a la Iglesia terrena, militante o peregrina, sino que también podemos ayudar a las almas de la Iglesia purgante con la celebración de la Santa Misa y con nuestras oraciones, penitencias y buenas obras, a la vez que podemos ser asistidos por los ángeles y los santos de la Iglesia celestial o triunfante acudiendo a su intercesión poderosa ante Dios.
Que María Santísima, Madre de la Iglesia y Madre de quien es cabeza de la Iglesia, nos lleve a un cada vez más intenso amor de Cristo, al que ojalá no antepongamos absolutamente nada, según el precepto de San Benito a sus monjes (“Santa Regla” IV, 21 y LXII, 11).









