El sábado 23 de septiembre por la tarde, Mons. Juan Antonio Martínez Camino, Obispo Auxiliar de Madrid, vino con Mons. Raúl Chau Quispe, Obispo Auxiliar de Lima y Presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal de Perú, para visitar el Valle de los Caídos. Fueron recibidos por el P. Prior Administrador de la Abadía, con quien visitaron la Basílica, y a continuación asistieron al rezo de Vísperas con la Comunidad Benedictina en la capilla del Monasterio. A la salida, saludaron a los monjes, y al marchar pudieron saludar también a los niños de la Escolanía, que se encontraban rezando el Santo Rosario en la explanada posterior del monumento.
Nuestra Señora del Pilar
Queridos hermanos: la fiesta del Pilar apenas necesita presentación para la mayoría de los aquí presentes. El santuario levantado en Zaragoza, donde la Bienaventurada Virgen María se dignó posar su pie sobre una columna o pilar cuando todavía no había ascendido al cielo, por tanto, en carne mortal, es un lugar excepcional y con razón uno de los más visitados del mundo, porque allí le concedió el Señor ir a consolar al apóstol Santiago, pariente del Señor y hermano del también apóstol S. Juan en su predicación por tierras españolas.
Este lugar ha sido a lo largo de la historia un punto de referencia particularmente para el pueblo español, pero con una proyección universal, sobre todo en Hispanoamérica, donde ha arraigado la devoción a esta advocación de la Bienaventurada Virgen María. La experiencia del apóstol Santiago el Mayor de ser confortado por nuestra Stma. Madre ha desbordado las fronteras de nuestra patria, por lo que la han hecho suya y la han sentido igualmente todos los que con fe la han invocado a partir de aquel hecho histórico guardado en la memoria del pueblo cristiano. El Papa Pío XII otorgó a todas las naciones hispanoamericanas y a Filipinas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España. La Virgen del Pilar es también patrona de numerosas instituciones españolas, entre otras nuestra querida Guardia Civil, tan vinculada con el Valle.
Las lecturas proclamadas, queridos hermanos, nos recuerdan por una parte la fuerza de la oración con María que experimentaron los apóstoles y primeros cristianos y, por otra, la alabanza de las obras que Dios ha obrado en María y, a través de Ella en todos los hombres. Imprescindible son para nosotros ambas cosas: si no somos agradecidos con Dios por sus beneficios, no somos buenos hijos; si no nos dirigimos a Dios unidos a nuestra Bienaventurada Madre, nuestra oración será muy pobre y rara vez alcanzará su objetivo. La Bienaventurada Virgen María ocupa en la Historia de la Salvación un lugar muy imprescindible y nada desdeñable. La necesitamos para asegurar nuestra respuesta de amor al infinito amor que el Señor nos brinda a cada instante. Sin Ella, esa respuesta a la alianza de amor de Dios con el hombre sería tan difícil que solo algún que otro ser humano hubiese sido capaz de responder. María está a nuestro lado para que no echemos a perder la gracia de Dios. Ya antes de subir al cielo estuvo al lado de los apóstoles y discípulos del Señor para ayudarlos a perseverar en su fidelidad y ya antes de empezar sus milagros, Jesús adelantó la hora de los signos para facilitarnos el camino de nuestro acercamiento a Dios.
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Queridos hermanos: nos encontramos en un momento crucial para la unidad de nuestra patria. Una de las muchas bendiciones que esta ha recibido pasa a través de María, para aglutinar todos los pueblos de España en la misma fe. Hemos de ser respetuosos con todas las diferencias, pero conscientes del bien espiritual y humano que se sigue de la unión. Han sido siglos de luchas heroicas frente a todos los fermentos de desunión que ha mezclado el antiguo enemigo de nuestra salvación a lo largo de la historia para impedirlo. Cuando de nuevo nos amenaza la desunión, recurramos a nuestra Madre con renovado empeño y cerremos filas con nuestra oración unánime. En un momento en que es más necesario que nunca pedir que nos aglutine el amor, nuestro más rico tesoro y no los meros intereses políticos y económicos, la Virgen del Pilar es sin duda puerto seguro y una intercesora todopoderosa para desbaratar los intentos de fracturar la hispanidad y con ella su fe católica.
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Queridos hermanos: acojamos todas las iniciativas de oración y de reparación de nuestros pecados. Donde dos o tres están reunidos en nombre del Señor para pedir algo conforme al corazón del Señor, ahí está el Espíritu del Señor. Pidamos perdón por todos los pecados que se cometen en este suelo patrio que pisó la Hija predilecta del Padre, la Esposa del Espíritu Santo, la madre de Jesús. Encomendémoslo con gran fe y piedad a la Virgen del Pilar, representada artísticamente de forma muy original en una de las capillas de la nave central de nuestra basílica, en la que además custodiamos las reliquias y restos de numerosos mártires, algunos de ellos ya beatificados y otros muchos en proceso. Ellos también dieron su vida por España y sin duda no dejan de interceder ante nuestra Madre para que arranque de su Hijo la gracia que estamos suplicando. Que así sea.
Vía Crucis por el recorrido monumental
El sábado 16 de septiembre, unas 300 personas asistieron al rezo del Vía Crucis por el recorrido monumental que parte de los Juanelos y concluye en la Basílica de la Santa Cruz. Es una de las dos ocasiones en que lo organiza la Abadía benedictina por medio de algunos colaboradores seglares y con la colaboración asimismo de Patrimonio Nacional y otras instituciones. Como otras veces anteriores, el Lignum Crucis o reliquia de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo encabezó el Vía Crucis y al final los fieles lo pudieron venerar. Un grupo de escolanos mayores aportó sus voces para el canto en las estaciones. Hay que señalar que, además de las dos ocasiones en que la Abadía organiza este rezo del Vía Crucis, son muy numerosos los grupos que a lo largo del año solicitan poder realizarlo por su cuenta.
XXVII Domingo de Tiempo Ordinario
Queridos hermanos, muy especialmente vosotros, peregrinos portugueses, que una vez más nos edificáis con vuestra piedad y devoción marianas: demasiado fácilmente caemos en la trampa de referir las últimas noticias con las que nos bombardean los medios de comunicación a un ejercicio de la autoridad desacertado y blando, fiel reflejo de nuestra época. Pero cuando abrimos el libro sagrado, la Biblia, manantial perenne de la sabiduría divina y mensaje actual de su voluntad hacia nosotros en el hoy de nuestra vida, podemos o bien huir de esta confrontación tan comprometida o bien acogerla con alegría liberadora. El que la acoge, consciente de que esa Palabra de Dios le transmite tanto un mensaje implacable con sus desvaríos como la salvación ansiada de su angustioso vivir al margen del fin para el que ha sido creado, quiere salir del atolladero de una vida sin rumbo, aunque chirríen todos sus miembros como un viejo barco cuando azotan los vientos sobre sus maderas desajustadas e hinchadas por el agua. Queridos hermanos: ¿estamos dispuestos a recibir este diagnóstico de la Palabra de Dios, en parte parecido a la fría constatación médica de nuestra enfermedad, pero que además contiene verdad, consuelo y reprensión llenas de luz y esperanza?
La parábola del profeta Isaías, muy próxima al genio profético de Jesús, aunque sin alcanzar la cumbre reveladora del profeta que había de ser más que profeta, el esposo con el que se había de desposar el nuevo Israel, acaba con la ruina completa de la viña: es el juicio histórico del pueblo elegido. ¿Qué más podía hacer Dios según la lógica humana? El profeta se hace esa pregunta retórica y directamente se responde: ¡la dejaré arrasada! Pero el Señor Jesús había de revelarnos algo más: en ese pueblo rebelde en el que nos vemos reflejados queda objetivado nuestro pecado.
En contraste con esa bella parábola profética, que refleja tan exactamente la historia de Israel y del nuevo Israel, la Iglesia, se ha proclamado en el Evangelio la parábola en la que nos responde no un profeta fiel, sino el esposo mismo. No es que la viña no produzca frutos por dejadez de los labradores, sino que éstos pretenden apropiársela mediante un crimen cuya víctima es el hijo del dueño de la misma. Y por si fuera poco ese crimen, toma un cariz cristológico inequívoco al mencionar en pasado profético que a Jesús le sacarían fuera de la viña para asesinarlo, en un vano intento de librarse de la justicia que reclama la sangre inocente derramada. La conclusión también varía: la viña quedará arrasada momentáneamente, pero pasará a otro pueblo que produzca frutos: es la promesa del nuevo resto, cuando la Iglesia sea purificada.
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Para nosotros, queridos hermanos, hay una corrección, pues no hemos producido los frutos esperados, pero también una esperanza si el arrepentimiento de nuestros pecados conmueve a las montañas y aceptamos que la misericordia de Dios no es un simple maquillaje en el último momento antes de salir a escena. Incluso quienes nos creemos honrados y nos fatigamos por cumplir es lo que vemos con nuestra venda de autojustificación. La verdad está en la palabra de Dios proclamada, que es para todos, aunque no lo veamos. No debo proyectar la palabra de Dios sobre otros, sino sobre mí mismo, pero con esperanza de ser perdonado si mi dolor es auténtico y potenciado por el sacramento de la reconciliación, no con mi propaganda de creerme mejor que los demás.
Pidamos al Señor, por mediación de la Virgen del Valle, que así sea. Y ahora pongámonos en pie para recitar el Credo.
Exaltación de la Santa Cruz
El jueves 14 de septiembre se celebró la solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, titular del Valle de los Caídos. Al término de la Misa conventual de las 11 h., cantada por la Escolanía y celebrada por el P. Prior Administrador, los muchos fieles asistentes veneraron el Lignum Crucis o reliquia de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, que en 1960 regaló el Papa San Juan XXIII con motivo de la consagración de la Basílica por el Cardenal Cicognani como legado suyo. Por la noche, nuevamente los escolanos pudieron venerar la santa reliquia.
Profesión jubilar del P. Juan Pablo Rubio
El martes 12 de septiembre, memoria del Dulce Nombre de María, el P. Juan Pablo Rubio celebró sus 25 años de profesión monástica en la Santa Misa conventual de 11 h. en la Basílica. Estuvieron presentes sus familiares y amigos, que le acompañaron en una fecha tan significativa. La Escolanía, de la cual fue en su día alumno el P. Juan Pablo, cantó la Misa, celebrada por el P. Superior, y en la cual el monje jubilar renovó los votos que en el mismo lugar prometiera hace 25 años.








