El viernes 13 de enero vino un grupo del coro del seminario católico de Ivano-Frankiusk (Ucrania), donde actualmente hay 200 seminaristas estudiando para el sacerdocio, pues tras la caída del comunismo se ha venido produciendo un reflorecimiento religioso, según explicaron. Al frente venían el rector del mismo y el capellán de la comunidad católica ucraniana de Madrid, P. Iván. Hay que destacar que este año contamos en la Escolanía con dos escolanos ucranianos procedentes de esta capellanía. Participaron en la Santa Misa conventual de 11 h. junto con la Comunidad benedictina y después cantaron una bellísima pieza en canto bizantino. A continuación, visitaron la Basílica y la Escolanía, donde pudieron confraternizar con los niños y tener un intercambio musical, cantando unos para otros y concordando un próximo recital de la Escolanía en la parroquia del Buen Suceso de Madrid, donde tiene su sede la mencionada capellanía.
Grupos de peregrinos en el Valle de los Caídos durante las Navidades
Entre varios grupos de peregrinos recientes, podemos destacar algunos. El miércoles 28 de diciembre, fiesta de los Santos Niños Inocentes, vino al Valle de los Caídos un grupo de muchachos de Educación Secundaria de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, de Tomelloso (Ciudad Real), con su párroco y varios familiares. Aunque habían proyectado llegar antes de la Misa conventual de 11 h., arribaron en el curso de ésta, pero pudieron participar en ella. Luego visitaron la Basílica y, aprovechando el buen día, comieron en el campo, para después ir a visitar el Monasterio de El Escorial por la tarde. El miércoles 4 de enero al mediodía vino un grupo de jóvenes y niños de catequesis del Arciprestazgo de Talavera de la Reina (Toledo), con los sacerdotes, catequistas y monitores al frente; comieron en el claustro de la Escolanía y luego visitaron la Basílica.
IV Domingo del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos: el hilo conductor de las lecturas de este domingo es la pobreza de espíritu: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, es el versículo del salmo responsorial. La pobreza de espíritu no consiste en una mera pobreza material, es más moral que física. No es la carencia de bienes materiales, sino la disposición a cumplir los mandamientos y la voluntad de Dios, es una vida en el nombre del Señor. Así nos lo ha proclamado claramente el profeta Sofonías: “Buscad al Señor los humildes, que cumplís sus mandamientos”; y también “dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor”.
Por desgracia, los bienes materiales suelen ser un lastre muy pesado que nos impide ni tan siquiera plantearnos cuál es la voluntad de Dios. Nuestro corazón es como el engrudo, se pega a cualquier cosa y si vivimos con abundancia de bienes materiales, fácilmente nos apoyamos en ellos y prescindimos de Dios, olvidándonos de que Él es lo único necesario y que si seguimos en esta vida es porque Él quiere ofrecernos la oportunidad de ganarnos el cielo. Por tanto, la pobreza de espíritu y la pobreza material suelen ir unidas: quien es pobre materialmente es más fácil que sea también pobre de espíritu, lo mismo que quien tiene muchas riquezas materiales es más difícil que eleve su pensamiento a Dios para darle gracias por lo que tiene y para compartirlo con quienes tienen menos.
También es cierto, hermanos, que, aunque no es muy frecuente, encontramos a veces a gente con riquezas materiales, pero que no están apegados a las mismas, sino que son conscientes de que ellos son meros administradores de las riquezas que les ha otorgado Dios y están dispuestos a cumplir su voluntad. Y sin embargo, otros que carecen de lo más necesario para vivir, no aceptan su pobreza, se recomen de envidia por dentro y con frecuencia reniegan de Dios por haberles deparado esa suerte.
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Por eso, hermanos, lo importante es la actitud de nuestro corazón, que debe ser humilde y no soberbio, que debe confiar sinceramente en el Señor, buscarle, acercarse a Él, seguirle, amarle, escucharle, independientemente de nuestra situación material de riqueza o de pobreza. De hecho, como se ha proclamado en la segunda lectura, Dios “ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta”; son palabras que quizá no nos dicen nada, porque puede suceder que las hayamos escuchado muchas veces y que sin embargo no las hayamos llevado suficientemente a la oración, pero lo cierto es que Dios siempre actúa así. Dios actuó así cuando escogió a María, una muchacha desconocida de una aldea perdida, para ser la madre de Dios, cuando permitió que el Hijo de Dios naciera en un establo en una fría noche de invierno y cuando dejó que su Hijo muriera en la cruz sin ningún consuelo material ni espiritual. Si el Hijo de Dios y su Madre Santísima se sometieron a la pedagogía divina, ¿cómo no vamos a aceptarla nosotros, que estamos llenos de orgullo y que con nuestros pecados obligamos a Dios a usar estos sistemas que nos parecen tan duros que Satanás no deja de azuzarnos para que no acabemos de interiorizarlos?
S. Pablo insiste, queridos hermanos, en que “lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder”. Y lo hace porque los cristianos a los que se dirige en esta carta eran mayoritariamente pobres y así era casi siempre en los inicios del cristianismo. Dios elige al humilde, al que aparentemente no es nada, para confundir al soberbio, al que cree ser alguien a los ojos del mundo. Si se sitúa en esa actitud, el cristiano recibe toda su riqueza directamente de Dios, de quien le viene todo cuanto tiene y es. Esta idea se proclama con frecuencia en las Sagradas Escrituras; pej., en el salmo que dice “yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí”. Y todo ello, para que “el que se gloríe, que se gloríe en el Señor”, que debe ser nuestro único tesoro y nuestra verdadera riqueza.
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Las monjas encerradas en una clausura sin apenas salidas al exterior, cuya existencia a los ojos del mundo de hoy es totalmente inútil, sin embargo, si viven bien su vocación de oración y sacrificio por nuestros pecados y los de todo el mundo, son infinitamente más felices que cualquiera de nosotros, porque su riqueza se limita a estar continuamente en el regazo de Dios, que es verdaderamente el único que puede colmar nuestras ansias de felicidad, no solo en el cielo, sino también en la tierra. De estas monjas y de quienes viven como ellas, es el Reino de los cielos, ya desde la tierra.
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Todo esto, queridos hermanos, suena a música celestial a quienes, instigados por el diablo, piensan que el hombre debe adorar únicamente al propio hombre y más aún a quienes no les basta vivir al margen de Dios, sino que quieren obligarnos a todos a vivir en contra de Dios, porque en nombre de la modernidad y de un mal entendido progresismo, imponen que los derechos de Dios sean sustituidos por los derechos del hombre, como aparece gráficamente representado en un cuadro de un museo parisino, en el que la tabla con la Declaración de los derechos del hombre, proclamada por la Revolución Francesa, aplasta literalmente todos los símbolos del catolicismo, entre otros, la tiara (signo del poder papal), un crucifijo, un cáliz y una Sagrada Forma.
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Queridos hermanos: si algunos de vosotros hace mucho que no acudís a la confesión sacramental con absolución individual, sabed que el Señor os espera con los brazos abiertos, como en la parábola del hijo pródigo. Atreveos a dar ese paso: la Virgen Mª os dará la fuerza necesaria y os compensará con creces. Pidamos al Señor que así sea por mediación de Mª, madre de Jesús y madre nuestra, que por su humildad y pobreza de espíritu, por su obediencia a la voluntad de Dios, es imagen de lo que la Iglesia aspira a ser.
Fallecimiento de D. José María Lucini
El lunes 2 de enero falleció en el Hospital Puerta de Hierro – Majadahonda (Madrid) D. José María Lucini, después de algo más de dos meses de dura hospitalización a raíz de una difícil operación quirúrgica que conllevó una serie de complicaciones. Había nacido en León el 30 de abril de 1938 y era licenciado en Derecho por la Universidad Central (Complutense) de Madrid y en Teología por la Universidad Pontificia Comillas. Era una persona muy entrañable para la Comunidad benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, ya que llevaba viviendo en ella varios años como huésped fijo después de haber enviudado. Aunque no abrazó el estado monacal ni la condición de oblato regular para poder permanecer más cerca de sus hijos, vivió como un monje más de la Comunidad y lo hizo de forma ejemplar, sobresaliendo de manera especial por su regularidad y puntualidad en el Oficio Divino y en la asistencia al refectorio y actos de Comunidad, su plena disponibilidad para cualquier servicio que se le solicitara y su profunda vida espiritual. Le agradaba el debate teológico y profundizar en cuestiones espirituales y doctrinales. Su labor en la biblioteca del monasterio ha sido de un enorme valor y ha dejado también aquí un vacío difícil de llenar. Sus tres hijos (Jaime, Ana y José María) constatan cómo siempre fue una persona muy inclinada a la vida monástica y hacía frecuentes retiros a monasterios, especialmente benedictinos y cistercienses; estando ya como huésped fijo en el Valle de los Caídos, conoció más de cerca y apreció mucho también el monacato cartujano y camaldulense. Tenía un sobrino benedictino en la Abadía de Santo Domingo de Silos, donde en su etapa final también colaboró en varias ocasiones en trabajos de biblioteca. Ha recibido sepultura en el cementerio de Sigüenza, donde reposan los restos de su esposa, y el sábado 14 de enero la Comunidad benedictina celebró en la Basílica un funeral por su eterno descanso, presidido por el P. Prior Administrador, con el canto de la Escolanía y de un íntimo amigo suyo de infancia, y con la asistencia de los familiares. Deja un recuerdo imborrable en la Abadía, cuyos monjes ponen su alma en las manos de la infinita Misericordia divina y de la Santísima Virgen María, de la que fue siempre muy devoto.
Domingo II del Tiempo Ordinario
Hermanos en el Señor: “Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Esta es la promesa que se hace al Siervo del Señor, que nos transmite el profeta Isaías y que se ha cumplido en Jesucristo. Una promesa que sería exagerada para cualquier otro profeta, pero si somos objetivos y no ocultamos los datos históricos a nuestro alcance, en Jesucristo es cierta. Pero ahora lo importante es si nosotros nos creemos esta buena noticia o no. Si nosotros reconocemos en Jesucristo al Hijo de Dios enviado por el Padre para dar testimonio con obras y palabras, entonces tenemos que procurar que esta fe sea viva y se manifieste en nuestra vida. Y a eso se dirige la exhortación de la homilía. ¿En mi vida queda claro en todas sus manifestaciones que Jesucristo es Dios y que se hace presente y vivo, y es la razón de ser de todos mis actos? ¿Toda mi vida es una referencia constante a Él? ¿Aspiramos a que así sea?
El profeta Isaías pone en boca del Siervo de Yahveh: “Desde el vientre me formó siervo suyo”. Y el Salmo que se ha cantado también aporta su perfil a este Siervo cuando dice: “no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: ‘Aquí estoy’. Como está escrito en mi libro: ‘para hacer tu voluntad’”. El Siervo es un elegido que busca en todo hacer la voluntad de su Señor. Siendo Dios ha obedecido como hombre y nos ha dejado bien claro el camino por el que debemos seguirle sus discípulos: el difícil camino de la obediencia, seguro en su trayectoria y sin pérdida en su meta. Cuántas veces hemos abandonado este camino de obediencia a los mandatos del Señor. Cuántas veces hemos dejado de denunciar que el aborto es un crimen nefando, que el adulterio es un impedimento para recibir la comunión eucarística, que también es sacrilegio comulgar con cualquier otro pecado mortal sobre la conciencia y si apenas hay confesiones en nuestras parroquias, ¿podemos mirar a otra parte? ¿Cuántos se atreven a recordar que la comunión en la mano abre la puerta a graves profanaciones, o al menos, irreverencias nada desdeñables hacia el Señor, porque se quedan partículas en los dedos y en la mano, que a veces no son visibles si no se mira detenidamente? Ser imitador de este Siervo obediente hoy día es crearte problemas dentro de nuestro entorno eclesial, sin ir más lejos.
Pero si queremos llegar a tener esa paz en el corazón y en la sociedad, que nos promete la oración colecta que hemos rezado, para que “todos los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz”, la que viene de Dios y es verdadera y abarca a toda la persona, no hay otro camino que el de la obediencia a los mandatos del Señor tan olvidados. Hemos caído en la ignorancia de las Escrituras, de la Palabra de Dios, y si no se medita y se hace oración con ella cada día es señal de que ni se la ama, ni se tiene en ella la referencia más segura de nuestra vida, la de los mandatos del Señor: la participación de su sabiduría divina a nuestro alcance.
Vayamos ya al corazón de las lecturas, al Evangelio, que nos descubra con toda nitidez quién es este Siervo, anunciado como luz de las naciones. Juan Bautista es contundente, al decir: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. No afirma que si ofrecemos un cordero en reparación de nuestros pecados, Dios nos escuchará, sino que hay algo totalmente nuevo al proclamar solemnemente que es una persona que quita el pecado por sí mismo, cosa que solo Dios puede hacer, y al que denomina Cordero de Dios. Y para no dejar lugar a dudas añade lo que parece una adivinanza: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. No es un juego de palabras, sino algo tan profundo que no se puede comprender sin una explicación, sin saber que Jesús como hombre ha nacido en el tiempo, pero como Dios es eterno. Está diciendo algo inaudito, Jesús es Dios y hombre a la vez. Conocer y estar convencido de esta verdad supone un don de Dios, pues no está al alcance de nuestros sentidos. El mismo san Juan Bautista declara que “no lo conocía”. ¿Cómo, pues, lo conoció? Por la manifestación del Espíritu Santo: primero interiormente y luego a través de un signo de la presencia del Espíritu. No convirtiéndose o encarnándose el Espíritu en una paloma, sino sólo haciéndose presente bajo la apariencia de paloma, pues ya había sido advertido que “sobre el que veas bajar el Espíritu Santo y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.” Los presentes vieron sólo que una paloma se posó sobre Jesús. El Bautista les ha de enseñar que eso que habían visto era un signo de que Jesús poseía, desde antes de que Juan existiera, la predestinación a ser y estar ungido como Mesías. Todo esto es una lección bien clara para nosotros. Sin la acción del Espíritu Santo ni podemos confesar que Jesús es Señor de cielo y tierra, que es el Dueño de nuestras vidas y de que esta no es una verdad que nos deba angustiar o entristecer, pues Él es también todo amor. No nos oprime, ni se sirve de nosotros para su dominio, como los poderosos de este mundo. No necesita de nosotros. Respeta nuestra libertad y ha de reclamar nuestro amor como un mendigo antes de entrar en nuestro corazón.
¿Por qué no creer de veras en Jesús, que es Dios, que vive en nosotros si le abrimos nuestro corazón, que Él mismo es camino, verdad y vida. Pero que si asumimos defender su Evangelio frente a manipulaciones o recortes –hoy tan frecuentes , Él va a estar con nosotros a nuestro lado. A nosotros nos va a ser difícil no claudicar, pues hay muchos que dicen ser discípulos de Jesús o hijos de Dios, pero sólo le siguen en aquello que les parece. Sólo los que se dejan guiar por el Espíritu son verdaderos hijos de Dios. Los que se niegan a escuchar al Espíritu no le están siendo fieles. Estos ponen triste al Espíritu, que vive en ellos constreñido y como muerto, sin poder actuar. Y eso que recibieron en su bautismo el Espíritu y luego, con un don más fuerte en orden a dar testimonio, en el sacramento de la Confirmación.
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San Pablo no hace sino corroborar que no sólo Jesucristo es Ungido y Elegido, sino que todos hemos sido consagrados, y fuimos llamados por Él; todos aquellos que invocamos el nombre de Jesús, estando en comunión plena de amor, guardando su palabra, es decir, cumpliendo sus mandatos, y abriendo nuestro corazón a su acción, y a las manifestaciones que suscita en personas con carismas del Espíritu Santo para el bien de la comunidad de creyentes, y de aquellos que aún no creen, para que participen de esta gracia en que nosotros estamos.
Esta Eucaristía debe ser para nosotros un compromiso a vivir como hemos confesado nuestra fe en tantas lecturas y oraciones. Creemos en lo que hemos proclamado si vivimos tal como se ha proclamado que es un cristiano que se precia de este nombre. Lo cual no puede llevarse a cabo sin la fuerza que proviene de la participación en el sacrificio de Cristo no sólo asistiendo a la Eucaristía, sino uniéndonos a aquella participación de su sacrificio que Cristo tenga dispuesta en nuestra vida con fracasos, dolores físicos o morales, incomprensiones, decepciones. Todo lo que el Señor permita nos suceda debe ser para nosotros no motivo de queja y rebelión, como tantas veces hacemos dándole vueltas en nuestra cabeza y resistiéndonos a aceptar aquello que no es conforme con nuestra voluntad o nos ha contrariado, sino que todo se debe convertir en nosotros en motivo de alabanza y de acción de gracias de su Voluntad que ha permitido que tales cosas sucedieran. ¿No decimos cada día en Misa: “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar”? No mintamos diciendo una cosa y haciendo otra. Pidamos al Espíritu Santo esa coherencia que nos hace verdaderos HIJOS suyos.
Misa del Gallo y recital de la Escolanía
Como todos los años, la Comunidad Benedictina celebró la Misa del Gallo o Misa de medianoche de Navidad el 24-25 de diciembre, con asistencia de numerosos fieles. Al término de la misma y como es también habitual, la Escolanía ofreció un recital de villancicos delante del coro, bajo la dirección del P. Laurentino Sáenz de Buruaga y con Fr. Javier Martín al cargo del órgano. Destacaron como solistas Roger A. Sandoval, Manuel Núñez y Jesús Rodríguez. Después de la Misa, los niños marcharon con sus familias a sus casas para disfrutar de unas merecidas vacaciones de Navidad.








