El jueves 16 de marzo, un grupo de 90 alumnas de ESO del Colegio de la Orden de Nuestra Señora de Valdemoro (Madrid), juntamente con la directora y otras religiosas formadoras, hizo una visita al Valle de los Caídos, llegando poco antes de la Santa Misa conventual de 11 h. en la Basílica, a la cual asistieron. Fueron recibidos por el P. Prior Administrador de la Abadía, quien les introdujo en la visita, que continuarían a continuación de la Misa. Al término de ésta, se acercaron al coro, donde los niños de la Escolanía interpretaron algunas piezas especialmente para ellas.
Elección del nuevo Obispillo de la Escolanía del Valle de los Caídos
Debido a que uno de los tres candidatos elegidos en le primera votación del día de San Nicolás (6 de diciembre) se encontraba indispuesto el día 10 de febrero, fiesta de Santa Escolástica (la hermana de San Benito), que es cuando habitualmente tiene lugar la votación definitiva para la elección del Obispillo y de su Vicario y Secretario, este año se retrasó el acontecimiento al jueves 23 de febrero, fecha en la que ya estaban todos los escolanos reincorporados. Como viene haciéndose desde hace años, la elección se desarrolló en la capilla de la Escolanía y los niños acudieron con sus cogullas blancas; además, el Obispillo emérito (Mons. Roger A. S. M.) y el que todavía se encuentra en ejercicio (Mons. Carlos R. R.), asistieron con solideo y pectoral en un sitio destacado. Después del canto del “Veni Creator”, se dieron las normas para la votación y se procedió a la misma. Como siempre, y a pesar de que este año hay ya alumnos de 3º de ESO, fueron los de 2º de ESO los encargados del escrutinio. Han sido elegidos los hermanos Juan Pablo y Eduardo M. M. como Obispillo y Vicario y Leonardo B. R. como Secretario. Después recibieron el abrazo de todos y cada uno de los escolanos y formadores y, como es tradición, también un simpático manteo. Los dos hermanos elegidos son a su vez hermanos de un antiguo escolán que en su momento fue Obispillo de la Escolanía, Marcos M. M., y en la actualidad es uno de los componentes de la “Nova Schola” (coro de antiguos escolanos que ahora tienen entre 15 y 19 años). La fiesta del Obispillo se celebrará a inicios del mes de mayo.
II Domingo de Cuaresma
Queridos hermanos: las lecturas de hoy nos abren un horizonte sin fronteras: en palabras de S. Pablo a S. Timoteo, Dios “dispuso darnos su gracia por medio de Jesucristo, (…) que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal”. S. Pablo dice a su discípulo que el Señor nos llamó a todos a una vida santa, no por nuestros méritos, sino por su designio amoroso.
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También fue elegido Abraham. En la primera lectura se nos proclama ese llamamiento en el que se ven reflejados todos los elegidos de Dios, aunque no abandonen su patria chica: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré”. Todos recordamos la gran prueba de Abraham para aquilatar su fe: el sacrificio de su hijo Isaac, que no se llevó a cabo. La fe de Abraham le capacitó para ser padre de una muchedumbre en su descendencia natural y por la fe mucho más: “Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo”.
Igualmente fueron elegidos los apóstoles, que iban a pasar una prueba durísima: la muerte en la cruz de su Maestro, que se adelanta anticipando a tres de ellos la manifestación gloriosa de su parusía. Y así, a pesar de su muerte en la cruz, pudieron contar tras ella lo que vivieron tan intensamente en el monte: “Señor, ¡qué hermoso es estar aquí!”.
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Queridos hermanos: ¿qué conclusiones podemos sacar para nuestra vida de estas vocaciones? Cuando la Iglesia ha propuesto a través de los siglos el itinerario cuaresmal, muy ligado a la catequesis bautismal de los adultos, ha señalado cómo en ese recorrido estaba trazando el camino de todo cristiano a lo largo de su vida. Toda la existencia del cristiano es una prueba para ver si ama a Dios y merece la vida eterna. Solo en la prueba se demuestra la categoría de nuestro amor a Dios y al prójimo y sobre eso se nos va a examinar en el juicio particular, como destacaba S. Juan de la Cruz. Si es una prueba, hemos de vigilarnos para no ofender a Dios y como nadie logra pasarla ileso, hemos de recibir a menudo el sacramento de la reconciliación con absolución individual. Y por supuesto la Eucaristía, que da fortaleza para no caer, que llena de la luz del Espíritu para saborear lo eterno, lo recto y lo justo. La Eucaristía bien recibida tiene que convertirse en hambre y sed de justicia: de esa manera pasaremos bien la prueba.
Mucha gente se queja de que católicos de misa diaria cometen injusticias muy dolorosas para el que las sufre. Y es que por el hambre y sed de justicia, uno tiene que renunciar a muchas cosas de las que podría sacar partido a costa del prójimo, casi sin que nadie se diera cuenta. Pero el prójimo que lo sufre sí se da cuenta y se escandaliza. Quien comete esas injusticias debe o rectificar o examinar su conciencia a fondo, pues su pecado ofende gravemente a Dios. De por sí, recibir la Eucaristía con frecuencia con la debida preparación y fervor, impediría esas injusticias. Pero el Señor transforma al que comulga con frecuencia y si no lo hace, se le impide y se hace trampa. En vez de pasar por la puerta estrecha de no renunciar a esa ventaja, el que se aprovecha de la debilidad aparente del prójimo se expone a la justicia divina con todo su peso.
Queridos hermanos: aquí no venís a que os alabe el predicador por ser clientes fijos, aunque vuestra participación en esta eucaristía es encomiable y nos anima vuestro entusiasmo domingo tras domingo. Venís aquí a encontraros con la Verdad con mayúsculas, con la persona divina que nos salva, ante la que todos nos hemos de inclinar y cuyas decisiones no podemos discutir. No puedo decir “no soy mejor” porque Dios no me da fuerzas para vencer mis malas disposiciones. Ante la difícil prueba de comprobarlas a diario, luchemos para no ser vencidos por el desánimo, la pereza, la vanidad, la lujuria, la gula o la avaricia, pidamos perdón a quienes hayamos podido escandalizar y confiemos en la infinita misericordia de Dios, pero con verdadero dolor.
Los elegidos de Dios, Abraham, los apóstoles y muchos otros pasaron heroicamente pruebas enormes. Las nuestras, queridos hermanos, seguro que son mucho más soportables, pero si somos débiles, en la Eucaristía está nuestra fuerza, nuestro refugio del miedo que nos acosa, el reposo de nuestra ansiedad y la esperanza de nuestro agobio. Nadie puede competir con quien tiene Palabras de vida eterna, portadoras de paz y eficaces que levantan a los decaídos y sostienen a los vencedores. El cristiano, con la gracia de Dios y la protección del ángel de la guarda, lucha con coraje y valentía contra el diablo, “rendirse” está fuera de su vocabulario y es inasequible al desaliento hasta el mismo momento de entregar su alma al Altísimo.
Ejemplo de fidelidad hasta la muerte fue el de nuestros mártires cuyas reliquias aquí custodiamos. Con la próxima beatificación en Almería de otros 20 más, nuestra basílica, con 52 beatos, desde el 25 de marzo será, después de Paracuellos del Jarama, el segundo relicario español por número de mártires del siglo XX. Si Dios quiere, pronto custodiaremos las reliquias de 57 mártires, porque la causa de canonización a cuya apertura procederá nuestro Cardenal-Arzobispo este sábado 18 a las 11 de la mañana en la Iglesia de la Concepción Real de Calatrava, acto en el que cantará nuestra escolanía y al que todos estáis invitados, incluye 5 sacerdotes diocesanos mártires cuyos restos custodiamos en nuestra basílica: Clementino, Ernesto, Eudosio, Francisco y Valero. La contraportada del folleto de apertura del proceso recoge una foto de la cruz que este último llevaba al pecho cuando fue martirizado con 26 años y los emotivos versos de un amigo suyo evocando su martirio. Dicen así:
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“Y sobre el pecho helado de la víctima
_x000D_ una amapola abrió…
_x000D_ y hay una cruz de plata
_x000D_ sobre sangre…
_x000D_ ¡Y está partida en dos!
_x000D_ que la bala atrevida
_x000D_ que su pecho partió
_x000D_ antes de herir al mártir
_x000D_ tuvo que abrir el corazón de Dios”.
Pidamos a Ntra. Sra. del Valle, reina de los mártires, que, bajo su protección maternal, recurramos cada vez más a la intercesión de estos 52 beatos mártires cuyas reliquias custodiamos en nuestra basílica, auténtico pararrayos de nuestro Valle y pidamos milagros para su pronta canonización. Encomendemos también la pronta beatificación de los 5 mártires que D.m., desde el próximo sábado, serán siervos de Dios. Que así sea.
Juan Benítez, antiguo escolán del Valle de los Caídos de 16 años, al frente de dos coros
El jueves 23 de febrero, el diario “La Tribuna” de Albacete publicó en su edición, tanto en papel como más reducida en su versión digital (con foto en primera página), un extenso artículo dedicado a Juan Benítez López, antiguo alumno de la Escolanía del Valle de los Caídos, en la que terminó sus estudios hace dos años, y que en la actualidad ha entrado a formar parte de la “Nova Schola” (formación coral de escolanos recientes de entre 15 y 19 años). Asimismo, con sólo 16 años, dirige ya dos coros en Albacete: la coral de la parroquia de Fátima y la de los Niños dela Compañía de María. En el artículo también se destaca que compone piezas musicales e interpreta guitarra, violín, piano y órgano. En la entrevista que se le realiza (en la versión amplia en papel ocupa toda la página 17 del periódico), él destaca como punto fundamental en su vida la formación recibida en nuestra Escolanía y expresa el agradecimiento y el cariño hacia la institución y sus recuerdos de ella. Para leer la versión digital (muy resumida con relación a la versión en papel) se puede pinchar aquí
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La portada se puede ver en aquí
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Peregrinos en febrero-marzo en el Valle de los Caídos
Entre los numerosos grupos de peregrinos que vienen al Valle de los Caídos, podemos destacar recientemente algunos de ellos. Del sábado 25 al martes 28 de febrero estuvo alojado en ambas Hospederías (interna y externa) un grupo de la Asociación de Fieles “Providentia”, proveniente de Almería, con el sacerdote y fundador de la misma, D. Ramón Garrido, realizando unos días de retiro para conocer la vida monástica. El viernes 3 de marzo por la tarde, un grupo de fieles de varias naciones europeas estuvo visitando la Basílica y orando en ella con el P. Prior Administrador. El sábado 4 de marzo vino al Valle por la mañana un grupo de seminaristas de los Misioneros de la Santísima Trinidad, que fue atendido por el P. Alberto, y por la tarde un grupo de catequesis de la parroquia de Nambroca (unas 50 personas entre adultos, jóvenes y niños), atendido en este caso por Fr. Javier. El domingo 5 de marzo acudió a la Santa Misa conventual de 11 h. en la Basílica un numeroso grupo de peregrinos portugueses, así como otro de la localidad de Bolaños de Calatrava (Ciudad Real). A todos ellos hay que sumar los muchos grupos y personas que, con el permiso correspondiente, rezan el Vía Crucis por el recorrido monumental.
Miércoles de ceniza
Queridos hermanos:
La Cuaresma es un tiempo orientado al arrepentimiento y la conversión interior, a una vuelta hacia Dios, del que nos hemos apartado por el pecado. Es una ocasión de poner en práctica lo que podemos llamar el “principio y fundamento” de la Regla de San Benito, según sus palabras: “que por el trabajo de la obediencia retornes a Aquel de quien te habías apartado por la desidia de la desobediencia” (RB Pról., 2). Por eso dice también San Benito dice que “la vida del monje debiera responder en todo tiempo a una observancia de Cuaresma” (RB XLIX, 1), pues ésta supone la plasmación de todo el programa monástico, el cual no es otro que el programa cristiano de restauración del hombre caído por el pecado original: es devolver al hombre, mediante su cooperación a la acción de la gracia, al proyecto que Dios quiso para él. El profeta Baruc lo resume a la perfección: “Si un día os empeñasteis en alejaros de Dios, volveos a buscarlo con redoblado empeño” (Bar 4,28-29).
En consecuencia, la Cuaresma, como tiempo de arrepentimiento y conversión, de retorno a Dios, es una oportunidad que Él nos concede, pero que exige de nosotros la respuesta adecuada. De hecho, tal vez nos pueda sorprender un poco la invitación que hace San Pablo en la segunda carta a los Corintios (2Cor 5,20-6,2): “Dejaos reconciliar con Dios”; y un poco más adelante, nos dice: “Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios”.
Cuando el Apóstol nos pide que nos dejemos reconciliar con Dios, expresa que, si nosotros libremente no queremos que Él nos perdone, no nos podrá perdonar, porque Él respeta nuestra libertad. El perdón exige sólo una cosa: arrepentimiento sincero. Si el pecador no se arrepiente, no se le perdona, porque él mismo se niega a ser perdonado. No es falta de misericordia por parte de Dios, sino falta de sinceridad por nuestra parte cuando nos empeñamos en mantenernos en nuestro pecado, tal vez en nuestra vida de falsedad e hipocresía. Por eso el rey-profeta David ha rogado en el Salmo 50, el Salmo “Miserere”: “Crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme”. Y el profeta Joel también ha transmitido la invitación de Dios a convertirnos de todo corazón, rasgando los corazones, no las vestiduras (Jl 2,12-18).
Como medio para lograr esa conversión interior hacia Dios, Jesucristo nos propone un camino de oración, penitencia y caridad, según hemos escuchado en la lectura del Evangelio (Mt 6,1-8.16-18). Hoy, palabras como penitencia y ayuno asustan a nuestra sociedad blandita, que sólo quiere escuchar palabras agradables. Ese estilo blandito ha penetrado y arraigado también entre nosotros, en el seno de la Iglesia. Pero quizá estemos olvidando que la penitencia, pese al elemento de exigencia que contiene, apunta hacia un fin verdaderamente de gloria: apunta hacia el dominio de sí mismo y de las pasiones y apunta hacia la dicha celestial, hacia la gloria eterna. La penitencia no se hace por masoquismo, sino con miras a la obtención de un gran fin: la conversión interior del corazón y el retorno del pecador al cobijo misericordioso de Dios. Como nos ha dicho San Pablo: “ahora es tiempo de gracia, ahora es día de salvación” (2Cor 6,2). Por cierto, al lado del ayuno material, convendría que hiciéramos un buen ayuno espiritual absteniéndonos de darnos a la crítica, la murmuración y la detracción, pues con ellas podemos causar un grave daño en la fama de los hermanos y en la paz del grupo.
Nuestro Señor Jesucristo, que pasó cuarenta días con sus cuarenta noches de rigurosa penitencia en el desierto antes de iniciar su vida pública, nos anima a entregarnos a la oración, al ayuno y a la limosna, debiendo hacerlo no de un modo hipócrita con el que pretendamos alcanzar las alabanzas humanas que nos hagan tener fama de hombres piadosos, sino desde la intimidad del corazón, donde nuestra oración, nuestro ayuno y nuestra limosna serán conocidos y recompensados por Dios. Más aún, Jesús no nos dice que esto debemos hacerlo con tristeza, sino con alegría: “Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes […]. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido” (Mt 6,16-18).
Este espíritu alegre es el que desea San Benito en el monje, que denomina la Cuaresma como “días santos” (RB 49, 3) y exhorta a vivirla de tal modo que “con un gozo lleno de anhelo espiritual espere la santa Pascua” (RB 49, 6-7).
Que María Santísima nos ayude a vivir este tiempo con espíritu de conversión y de humildad.








