El martes 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, Mons. Juan Antonio Martínez Camino, Obispo Auxiliar de Madrid, celebró la Misa conventual de 11 h. en la Basílica. Honró a la comunidad benedictina con su visita y quedó a comer con ella en el refectorio monástico, de tal forma que luego se pudo compartir con él el tiempo de recreación comunitaria. También fue ocasión para que le saludaran padres de niños de la Escolanía y otros fieles. En su homilía, que está colgada en esta página web, hizo referencia a los cuatro monjes benedictinos de Silos recientemente beatificados. Vino acompañado de un jesuita belga y profesor de Teología, que también compartió su saber con la comunidad.
Beatificación de cuatro mártires benedictinos de Silos
El sábado 29 de octubre, el Cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y como representante de S.S. el Papa Francisco, presidió la beatificación de cuatro mártires benedictinos del monasterio de Silos en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid. El acto tuvo lugar al inicio de la Santa Misa que él mismo celebró y dio comienzo a las 11 h., contando con numerosos concelebrantes, entre ellos el Arzobispo de Madrid, los cardenales Blázquez y Rouco, el Nuncio de Su Santidad en España, varios obispos y los abades y priores benedictinos españoles, así como el Abad-Presidente de la Congregación de Solesmes y numerosos monjes benedictinos y algunos cistercienses. Entre los asistentes, se encontraban el abad de Donezan (Francia) y numerosas abadesas y monjas benedictinas y cistercienses, además de otras muchas religiosas y fieles laicos.
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Los cuatro monjes beatificados formaban parte de la Comunidad de la Abadía de Silos en el Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat de Madrid (“el Montserratico”) y fueron asesinados en diversas fechas de 1936 por grupos de milicianos frentepopulistas. Son los PP. José Antón Gómez, prior del monasterio (1881-1936); Antolín Pablos Villanueva (1871-1936); Rafael Alcocer Martínez, notable escritor (1889-1936); y Luis Vidaurrázaga González (1901-1936). Todos ellos fueron detenidos y asesinados por el único hecho de ser religiosos y sacerdotes. Sobre ellos se puede encontrar más información en la página web de la Abadía de Silos.
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La ceremonia resultó muy emotiva y de gran belleza litúrgica y se vio enriquecida con el canto de la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, que lo hizo junto con las formaciones corales de antiguos escolanos “Schola Antiqua” y “Nova Schola”, recibiendo luego notables felicitaciones, entre ellas la del propio Cardenal Amato. La dirección musical corrió a cargo del P. Laurentino Sáenz de Buruaga para el gregoriano y de D. Raúl Trincado para la polifonía.
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Después de la Misa de beatificación, la Abadía de Silos y su Monasterio del “Montserratico” ofrecieron en éste un ágape fraterno para la amplia familia monástica asistente y para los integrantes de los tres coros, con la presencia también del Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro Sierra.
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El domingo 30 de octubre a las 12 h., el Arzobispo de Madrid celebró en el Montserratico una Misa de acción de gracias y asistieron como concelebrantes, entre otros, Mons. Martínez Camino, Obispo Auxiliar de Madrid; Mons. Martín de Elizalde, antiguo abad benedictino y obispo emérito de Nueve de Julio (Argentina), que estuvo presente también el día antes en la beatificación; los abades de Silos y Leyre y el prior administrador del Valle de los Caídos; y numerosos monjes y sacerdotes diocesanos.
Actividades culturales y espirituales de los monjes del Valle de los Caídos
En fechas recientes, varios monjes del Valle de los Caídos han llevado a cabo diversas actividades de tipo espiritual y cultural. Por una parte, el P. Alfredo Maroto ha impartido unos ejercicios espirituales a las Hermanitas de los Pobres de Los Molinos (Madrid) entre los días 14 y 20 de octubre. Por otro lado, los PP. Laurentino Sáenz de Buruaga y Juan Pablo Rubio han participado en las XLV Jornadas Nacionales de Liturgia, organizadas por la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española en el Aula Magna del Seminario Conciliar de Madrid entre los días 18 y 21 de octubre y que han llevado por título: “Ante la tercera edición oficial del Misal Romano en castellano”; el P. Laurentino participó el miércoles 19 en el Panel de testimonios sobre “El Misal Romano, testimonio de la fe”, y el jueves 20 el P. Juan Pablo ofreció una ponencia acerca de “La Biblia en el Misal: formas de presencia y procedimientos de redacción”. De otra parte, el P. Prior Administrador ha impartido dos conferencias sobre la España visigótica y el origen del concepto de España en la casa de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey de Pozuelo de Alarcón (27 de septiembre) y en el Aula de Cultura “Civitas Dei” del Obispado de Alcalá de Henares (20 de octubre, con presencia del Sr. Obispo, Mons. Reig Pla), otra sobre los ángeles en la Casa de la Cultura de San Lorenzo de El Escorial (1 de octubre) y otra sobre la realeza de Jesucristo en el magisterio de Pío XI (14 de octubre, dentro de las IV Jornadas Martiriales de Barbastro, celebradas en el Museo de los Mártires Claretianos de Barbastro y con asistencia de Mons. Martínez Camino, Obispo Auxiliar de Madrid). En fin, los dos jóvenes estudiantes de la Comunidad han realizado un curso en el Monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos), junto con otros jóvenes monjes benedictinos y cistercienses, entre los días 10 y 26 de octubre.
Peregrinajes en octubre al Valle de los Caídos
La llegada de grupos de peregrinos al Valle de los Caídos se produce de forma casi constante. A las peregrinaciones mensuales de grupos de fieles franceses y portugueses que vienen en el primer sábado y el primer domingo (es siempre llamativa la piedad de los nutridos grupos de portugueses los primeros domingos), se suman otros muchos venidos de diversos puntos de España y del extranjero, tal como con cierta frecuencia constatamos en esta página web. Entre ellos, cabe destacar los cerca de 60 fieles de una parroquia de surcoreanos en Saddle Brook (Estados Unidos), que, con su párroco al frente, participaron devotamente en la Santa Misa conventual de las 11 h. el viernes 21 de octubre. Quedaron muy impactados con el canto de la Escolanía. Ese mismo día, también asistió a la celebración un grupo de Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que habiendo hecho la profesión perpetua el sábado 15 (fiesta de Santa Teresa de Jesús), iban camino de sus destinos en Palencia y Galicia. A todos estos grupos de peregrinos hay que sumar los que realizan el Vía Crucis con los permisos debidos.
Domingo XXX del Tiempo Ordinario
Hermanos en el Señor: Las lecturas de hoy no necesitan comentario. Uno teme disminuir la fuerza que tiene la Palabra de Dios por sí misma. Las lecturas son tan claras que no requieren explicación, y sin embargo, la predicación es un deber sagrado, porque la fe se transmite por una experiencia en la que interviene la gracia de Dios como factor principal. El sacerdote está al servicio de la Palabra. Y todo fiel cristiano debe descubrir su misión con respecto a la Palabra de Dios. Nuestros padres fueron los primeros en transmitirnos la fe en el hogar. Quien la vive como cristiano con fidelidad también la está predicando; su testimonio se puede percibir en sus actitudes. Los ministros ordenados de la Palabra la debemos vivir y predicar. ¿Qué añadir cuando está tan clara? Nuestra misión como sacerdotes es exhortar a vivirla, exhortar a escucharla cada cual en silencio, pues en la intimidad con Dios adquirirá ecos muy personales, ya que es una palabra viva y palpitante. Este es un descubrimiento que tenemos que hacer cada uno y volver cada día a revivir esa experiencia fundamental para un cristiano. Quien desconoce esta realidad le queda una asignatura pendiente importante por aprobar, es nada menos que su relación personal con Dios.
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Hoy celebramos el Domund : Domingo mundial de la propagación de la fe, o de la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo. Hoy se hacen colectas en las iglesias católicas para sostener a los misioneros, sean sacerdotes o religiosas y laicos, que entregan generosamente su vida al servicio de la fe en países en los que la fe no está implantada o está todavía en fase de primera evangelización. La colecta que se hace hoy va destinada a estos esforzados misioneros que dejan su patria y familia y llevan lo más precioso que hay en este mundo, la fe en Dios a los que no le conocen y no le pueden amar si no hay quien se lo anuncie.
De la primera lectura los misioneros nos podrían contar cómo han visto cumplidas estas palabras, y otras muchas de la Sagrada Escritura, en miles de historias en que los habitantes de lejanas zonas sin cristianizar oraban a su manera, y se sintieron escuchados cuando por fin llegaron los misioneros a anunciarlos que Cristo había muerto y resucitado por ellos. Les predicaron que si se bautizaban serían hijos de Dios y recibirían la vida eterna como herencia de un Padre amoroso, que desde la eternidad les había destinado a vivir en comunión con Él. “Los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa,” hemos escuchado. Una experiencia que comprobamos casi a diario, por así decir: cuando todo nos sale bien somos muy tardos en agradecer al Señor, y, en cambio, cuando nos vemos sobrepasados por las dificultades, o por las deslealtades, o abrumados por nuestros propios pecados, y hemos recurrido a Dios, impulsados por el Espíritu,como un pobre afligido nos ha llenado una paz y ha florecido en nuestro interior una confianza nueva en el auxilio divino en toda clase de necesidades, bien sean materiales y mucho más cuando lo que pedimos es lo que le encanta a Dios que le pidamos: el amor a Él y a su Reino de amor y de justicia. Como cuando rezamos el Padre nuestro y decimos de corazón:“Venga a nosotros tu Reino”. Pero un misionero que vivió la guerra del Vietnam contaba, que siempre reza para sí de esta manera: “Venga a nosotros tu Reino y cuanto antes”. Él había experimentado de cerca cómo actúan los poderes de este mundo cuando se prescinde de la fe, en lo que se convierte un mundo sin Dios; y pide a gritos que venga pronto su Reino, pues ya le resulta intolerable la tardanza. A nosotros, en cambio, apegados a la figura de este mundo que pasa, donde no hemos sentido las angustias de no tener casa y temer a cada instante nos alcancen las balas o las bombas, nos atormenta la perspectiva de tener que padecer la purificación necesaria profetizada en la Sagrada Escritura para dar a luz el nuevo Reino de amor y de paz. No deseamos que nos toque beber esa medicina tan amarga. Pero a nosotros nos tendría que afligir la opresión en que se halla la fe en nuestra sociedad y las leyes que persiguen a los que enseñan la moral inscrita en la naturaleza y en la ley de Dios, los mandamientos. Ése tendría que ser el motivo de nuestro dolor y preocupación, que se niegue al Señor y se le impida reinar en los corazones de los hombres y la sociedad, que se impulse esa falsa cultura de la muerte con la proliferación de sectas satánicas, películas, la fiesta satánica de halloween enmascarada como una divertida fiesta de disfraces y reparto de golosinas, y juegos que dan poder al demonio en nuestros corazones y que impulsan a la violencia, al crimen del aborto y al enfrentamiento continuo entre las personas en todos los ámbitos.
La parábola del fariseo y el publicano que se ha proclamado en esta santa asamblea de los hijos de Dios, entre otras cosas nos enseña cómo es bueno comenzar nuestra oración por el dolor de nuestros pecados, para así poner la base imprescindible de nuestra relación con Dios: quién es Él, el que tanto nos ama y el que acaba ocupando el último lugar en nuestra vida contrariamente a lo que confesamos en el primer mandamiento; y quién soy yo, el que se resiste a cada paso a aceptar el amor y sabiduría de Dios que me viene de mi Padre celestial y el que pretende darse su propia ley, apropiándome de lo que había recibido para obrar sólo según la Voluntad de Dios.
Que esta Eucaristía nos haga conscientes de que el Señor espera que andemos por el camino del bien y de la salvación eterna, que Él nos está esperando para ayudarnos y amarnos. Veamos cómo extiende sus brazos de misericordia para perdonarnos nuestros pecados en el sacramento de la confesión, y allí va a secar las lágrimas de nuestros dolores y aliviará la carga de nuestra vida. Si hacemos una confesión general este Jubileo de la Misericordia, será toda nuestra vida envuelta en la gracia de Dios y no sólo el pequeño período desde nuestra última confesión. Nos hará comprender y entender los misterios de esta vida y de la hora presente que nos ha tocado vivir y así caminaremos seguros de su mano.
Qué maravilla sería, si contemplando en nuestro interior o contemplando este monumental crucifijo que tenéis ante vuestros ojos, fuésemos capaces de oír los latidos del Corazón de Jesús y cuánto dolor y cuánto amor se encierra en Él por las almas de cada uno de nosotros, los hombres. ¿Es que no nos estremece su dolor y su santo Amor? ¿Por qué no le ayudamos a encontrar a esas almas perdidas que le pertenecen y que se las está apropiando el Maligno? Ayudémosle a traerlas al redil, a donde estarán a salvo del demonio. Dejemos los respetos humanos, ¡dejémoslos ya! Hablemos sin vergüenza ni reparos del Amor de nuestro Salvador por ellos, que ha padecido una muerte ignominiosa para salvarlos, para que un día estemos con Él en el cielo. Se nos acaba el tiempo y muchas almas se perderán víctimas del dragón infernal. A todas las almas nos tuvo presentes en el momento de su muerte, el cual vamos a actualizar ahora en esta Eucaristía. Por todos ofreció este santo sacrificio que ahora se renueva. Pero sus hijos no le quieren, huyen de su Salvación; el pecado ha corrompido sus almas y no quieren saber de su Amor y de su Gracia. Vayamos nosotros a por ellos de la mano del Señor y de su Madre santísima. Que no nos importen los insultos y desprecios. Busquémoslos en sus escondrijos, en sus pecados, y llevémoslos a su Misericordia.
La forma más efectiva de llevarlo a cabo es si nosotros mismos hacemos esta experiencia de la Misericordia de Dios en nuestra vida haciendo nuestra confesión general de toda la vida, para que la lluvia de gracia del Señor nos llene de su luz y podamos transmitirla a otros.
Los bomberos forestales con la Escolanía
Como todos los años desde hace varios cursos, el retén de Bomberos Forestales de la Comunidad de Madrid estuvo un día con los niños de la Escolanía del Valle de los Caídos. En esta ocasión fue el 23 de septiembre y, como otras veces, les enseñaron el material y el camión y pudieron hacer algunas prácticas con la manguera. Este tipo de actividades sirve también para que los niños tomen conciencia de la importancia de cuidar el entorno natural en el que viven y para que valoren la gran labor que desarrollan personas y colectivos como el de los bomberos forestales. Al final de las actividades, en agradecimiento, los niños dedicaron algunas canciones para los bomberos.









