El viernes 9 de diciembre, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos ofreció un concierto de Navidad en la Parroquia de San Lorenzo Mártir, de San Lorenzo de El Escorial, a las 19 h. Estaba organizado por el Ayuntamiento de la localidad, con la colaboración de la citada Parroquia, y contó con la asistencia de la Sra. Alcaldesa y de varios concejales de la corporación municipal, del Sr. Párroco y del P. Prior Administrador de nuestra Abadía benedictina. El templo se llenó y fue necesario colocar sillas adicionales además de los bancos: hubo unas 450 personas. La primera parte, de canto gregoriano de Navidad y dos piezas monódicas actuales, fue dirigida por el P. Laurentino Sáenz de Buruaga. La segunda, de polifonía navideña, la dirigió D. Raúl Neftalí Trincado y al órgano estuvo D. Ignacio Muñoz. Destacaron especialmente los solistas Manuel Núñez y Jesús Rodríguez, que junto con el coro y los directores y organista fueron intensamente aplaudidos y con el público puesto al final de pie para expresar su satisfacción.
Recital de la Escolanía en Guadarrama
El miércoles 7 de diciembre, una representación de la Escolanía de la Santa Cruz ofreció un pequeño recital en el Colegio “Juan Pablo II – La Inmaculada” de Guadarrama, de la Fundación “Educatio Servanda”, con motivo de la fiesta de la Patrona del Colegio. Los niños cantaron unos villancicos navideños y fueron dirigidos por D. Raúl N. Trincado, director de polifonía, y recibieron las felicitaciones y los aplausos de las personas asistentes (profesores, alumnos y padres). Este año, algunos escolanos de 3º de ESO están recibiendo en este colegio su formación escolar, a la par que residen en la Escolanía, donde completan su formación musical y espiritual.
Primera votación del Obispillo
El martes 6 de diciembre, fiesta de San Nicolás de Bari, los alumnos veteranos de la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos votaron la terna de candidatos para Obispillo del año 2017. Hace años se recuperó la tradición medieval del día de San Nicolás para la elección del Obispillo, como fiesta de niños (sobre todo en algunos países de Centroeuropa y Europa del Norte: “Santa Klaus”). En las escolanías de la Edad Media, era cuando muchas veces tenía lugar este acontecimiento. La terna elegida han sido los hermanos Juan Pablo y Eduardo M. M. y Leonardo G. B. El primero es alumno de 5º de Educación Primaria, mientras que los dos últimos cursan 4º. La segunda votación, en la cual se votará entre los tres para elegir al Obispillo, al Vicario y al Secretario, será el 10 de febrero, fiesta de Santa Escolástica (la hermana de San Benito).
Solemnidad de la Inmaculada Concepción
El jueves 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, un total de siete nuevos escolanos recibieron la Primera Comunión en la Misa conventual de la comunidad benedictina en la Basílica de la Santa Cruz a las 11 h., que tuvo como celebrante principal al P. Superior. Por la tarde, los tres candidatos a Obispillo, recién votados el día 6, fueron proclamados oficialmente en el acto que los escolanos dedican por la tarde a la Virgen Inmaculada, a la cual le ofrecen un concurso de poesías desde hace 30 años, al término del cual se entregan además premios y diplomas diversos y los niños cantan un recital para las familias. A las 19 h. se celebraron las vísperas solemnes en la Basílica, con la procesión final a la Capilla de la Inmaculada para renovar la consagración anual que todos los monasterios de la Congregación benedictina de Solesmes realizan a la Santísima Virgen en esta fecha. Durante estos días, casi todos los componentes de la formación coral “Nova Schola” (antiguos escolanos de las promociones más recientes) se han reunido en el Valle para unirse a los actos de estos días y ensayar los conciertos próximos.
Bodas de oro de profesión monástica de Fr. Julio Iglesias Grande
Querido Fr. Julio, querida Comunidad y queridos hermanos en el Señor:
Las lecturas de hoy, propias de feria del sábado II de Adviento, resultan perfectamente adecuadas para la ocasión que celebramos: los 50 años de profesión de los votos religiosos de un monje benedictino. Tanto en la lectura del libro del Eclesiástico (Sir 48,1-4.9-11) como en la del Evangelio (Mt 17,10-13), se nos ha hablado de Elías. En el Eclesiástico se hace un elogio de este profeta, se refiere su ascenso al cielo y se nos habla de su regreso al final de los tiempos, cosa que también se anuncia en el Evangelio, donde además Jesús lo relaciona con San Juan Bautista, pues éste ciertamente vino al mundo con el espíritu profético de Elías.
Las figuras de Elías y de San Juan Bautista han sido siempre un referente en la Tradición monástica, desde los primeros monjes del siglo IV, los Padres del Desierto. El primero y su discípulo Eliseo, por su retiro a los montes santos de Israel, su modelo de vida eremítica y también de vida comunitaria, su profunda oración y contemplación y su dimensión penitente. Y San Juan Bautista, por razones similares en su estilo de vida en el desierto, donde se manifestó como Precursor del Salvador. San Gregorio Magno establece en varias ocasiones paralelismos entre Elías y San Benito en el segundo libro de los Diálogos, donde, al igual que el hagiógrafo lo hace con Elías y Eliseo en los libros de los Reyes, concede a San Benito la designación de “hombre de Dios”. Asimismo, nos describe que Benito dedicó a San Juan Bautista un oratorio en Montecasino.
Cincuenta años de vida monástica suponen la renovación de la consagración de una persona a Dios en esos elementos que vemos hechos realidad en Elías y San Juan Bautista: el retiro para la dedicación primordial a Dios mediante la penitencia y la oración, haciendo que Dios sea el centro de la vida. La vocación monástica ofrece la respuesta a la pregunta más fundamental que todo ser humano se puede realizar: ¿quién soy yo y qué hago en este mundo? ¿Qué es el hombre y para qué está aquí?
Aprovecho que hay jóvenes aquí presentes, antiguos escolanos nuestros, para manifestarles cómo el mundo de hoy pretende seducirlos con engaños que jamás permitirán descubrir al hombre su propio misterio. Hoy las urgencias de los hospitales ven llegar y morir a niñas de 12 y 13 años con coma etílico, porque muchos jóvenes buscan erróneamente el sentido de la vida en una diversión falsa y vacía de contenido. Jamás se encontrará la respuesta a las preguntas fundamentales del ser humano en el alcohol y el botellón, en las drogas, en la pornografía y en el sexo desordenado de su recto fin, en el ansia de dinero o en la pantalla de un teléfono móvil.
¡Qué distinta otra niña que la Iglesia recuerda hoy, Santa Eulalia de Mérida, que con sólo 12 años supo renunciar a todas las seducciones del mundo porque encontró en Cristo el amor de su vida, hasta el punto de entregarle su virginidad y la propia sangre! Niñas y niños o adolescentes santos como Santa Eulalia, Santa Inés y Santa María Goretti, mártires de la fe y de la castidad a los 12 años, o San Pelayo y San José Sánchez del Río, a los 14, son un ejemplo para los niños y los jóvenes de nuestro tiempo de que la vida del ser humano sólo encuentra su verdadero sentido cuando descubre a Dios como su Creador y Padre y a Cristo como su Redentor.
Y esto es precisamente lo que enseña la venerada sabiduría de los monjes. Así, San Benito da la respuesta al misterio del hombre al principio de la Santa Regla cuando nos exhorta a retornar por el camino de la obediencia hacia Dios, de quien nos habíamos apartado por la desidia de la desobediencia (RB, Pról., 2). Éste es el principio y fundamento del camino benedictino: el retorno a Dios, la búsqueda de Dios. El hombre pierde el sentido de su ser y de su existencia si pierde de vista a Dios. Por eso, la vida monástica descubre al hombre la profundidad de su misterio: le descubre su realidad de criatura salida de las manos de Dios. Más aún, le descubre su realidad de hijo amado por un Dios Padre, que por amor le ha dado como vía de retorno a Él al Hombre-Dios, Jesucristo. Por eso San Benito pone en el centro de la vida del monje el seguimiento de Cristo y le exhorta a “no anteponer nada al amor de Cristo” (RB 4, 21; 72, 11). Es lo que más recientemente ha dicho el Concilio Vaticano II al afirmar que, “en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Gaudium et spes, n. 22).
Cincuenta años de vida monástica nos deben hacer pensar a todos: primero, al propio monje que renueva sus votos, para, de cara a Dios, renovar su fidelidad y su entrega. En segundo lugar, a todos los demás, para reflexionar sobre el sentido de la vida y nuestra relación con Dios.
Nuestro hermano Fr. Julio ha servido a Dios en esta Abadía con variadas ocupaciones en el monasterio, entre ellas la de hospedero, y en la Escolanía, pero de un modo muy especial hay que resaltar su función como sacristán de esta Basílica pontificia de la Santa Cruz, por la que muchos le conocen y saben de su amor a ella, resaltando por parte de él el papel que la Comunidad benedictina ocupa en cumplimiento de los compromisos fundacionales para que sea ante todo templo de la Iglesia católica y lugar de reconciliación entre los españoles, como fruto de la reconciliación entre Dios y el hombre alcanzada por el sacrificio redentor de Cristo en la Cruz. Por todo este servicio, nuestra Comunidad se siente agradecida a Fr. Julio, muchas veces sin duda cansado por el trabajo y las incomodidades que implica, y le desea que Nuestra Señora de Loreto, a quien se venera en una de las capillas de la Basílica como Patrona de la Aviación española, le siga sosteniendo y guiando en su camino monástico hacia Dios.
Visita de colegios de Puerto Rico al Valle de los Caídos
El martes 22 de noviembre, como viene sucediendo desde hace unos años, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos recibió amistosamente en una mañana de convivencia a los alumnos de Bachillerato de unos colegios de Puerto Rico, que vienen por invitación de un Instituto de Educación Secundaria de la Comunidad de Madrid y con la colaboración del Colegio de Doctores y Licenciados. Después de la acogida por el edificio de la Escolanía, los alumnos portorriqueños y sus profesores asistieron a la Santa Misa de 11 h. en la Basílica, donde pudieron escuchar el canto de la Escolanía y visitar la propia Basílica. Luego, los escolanos les ofrecieron un breve recital y compartieron ratos muy buenos con ellos. Después de comer en la Hospedería, marcharon para proseguir su ruta.









