El jueves 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, un total de siete nuevos escolanos recibieron la Primera Comunión en la Misa conventual de la comunidad benedictina en la Basílica de la Santa Cruz a las 11 h., que tuvo como celebrante principal al P. Superior. Por la tarde, los tres candidatos a Obispillo, recién votados el día 6, fueron proclamados oficialmente en el acto que los escolanos dedican por la tarde a la Virgen Inmaculada, a la cual le ofrecen un concurso de poesías desde hace 30 años, al término del cual se entregan además premios y diplomas diversos y los niños cantan un recital para las familias. A las 19 h. se celebraron las vísperas solemnes en la Basílica, con la procesión final a la Capilla de la Inmaculada para renovar la consagración anual que todos los monasterios de la Congregación benedictina de Solesmes realizan a la Santísima Virgen en esta fecha. Durante estos días, casi todos los componentes de la formación coral “Nova Schola” (antiguos escolanos de las promociones más recientes) se han reunido en el Valle para unirse a los actos de estos días y ensayar los conciertos próximos.
Visita de colegios de Puerto Rico al Valle de los Caídos
El martes 22 de noviembre, como viene sucediendo desde hace unos años, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos recibió amistosamente en una mañana de convivencia a los alumnos de Bachillerato de unos colegios de Puerto Rico, que vienen por invitación de un Instituto de Educación Secundaria de la Comunidad de Madrid y con la colaboración del Colegio de Doctores y Licenciados. Después de la acogida por el edificio de la Escolanía, los alumnos portorriqueños y sus profesores asistieron a la Santa Misa de 11 h. en la Basílica, donde pudieron escuchar el canto de la Escolanía y visitar la propia Basílica. Luego, los escolanos les ofrecieron un breve recital y compartieron ratos muy buenos con ellos. Después de comer en la Hospedería, marcharon para proseguir su ruta.
Bodas de oro de profesión monástica de Fr. Julio Iglesias Grande
Querido Fr. Julio, querida Comunidad y queridos hermanos en el Señor:
Las lecturas de hoy, propias de feria del sábado II de Adviento, resultan perfectamente adecuadas para la ocasión que celebramos: los 50 años de profesión de los votos religiosos de un monje benedictino. Tanto en la lectura del libro del Eclesiástico (Sir 48,1-4.9-11) como en la del Evangelio (Mt 17,10-13), se nos ha hablado de Elías. En el Eclesiástico se hace un elogio de este profeta, se refiere su ascenso al cielo y se nos habla de su regreso al final de los tiempos, cosa que también se anuncia en el Evangelio, donde además Jesús lo relaciona con San Juan Bautista, pues éste ciertamente vino al mundo con el espíritu profético de Elías.
Las figuras de Elías y de San Juan Bautista han sido siempre un referente en la Tradición monástica, desde los primeros monjes del siglo IV, los Padres del Desierto. El primero y su discípulo Eliseo, por su retiro a los montes santos de Israel, su modelo de vida eremítica y también de vida comunitaria, su profunda oración y contemplación y su dimensión penitente. Y San Juan Bautista, por razones similares en su estilo de vida en el desierto, donde se manifestó como Precursor del Salvador. San Gregorio Magno establece en varias ocasiones paralelismos entre Elías y San Benito en el segundo libro de los Diálogos, donde, al igual que el hagiógrafo lo hace con Elías y Eliseo en los libros de los Reyes, concede a San Benito la designación de “hombre de Dios”. Asimismo, nos describe que Benito dedicó a San Juan Bautista un oratorio en Montecasino.
Cincuenta años de vida monástica suponen la renovación de la consagración de una persona a Dios en esos elementos que vemos hechos realidad en Elías y San Juan Bautista: el retiro para la dedicación primordial a Dios mediante la penitencia y la oración, haciendo que Dios sea el centro de la vida. La vocación monástica ofrece la respuesta a la pregunta más fundamental que todo ser humano se puede realizar: ¿quién soy yo y qué hago en este mundo? ¿Qué es el hombre y para qué está aquí?
Aprovecho que hay jóvenes aquí presentes, antiguos escolanos nuestros, para manifestarles cómo el mundo de hoy pretende seducirlos con engaños que jamás permitirán descubrir al hombre su propio misterio. Hoy las urgencias de los hospitales ven llegar y morir a niñas de 12 y 13 años con coma etílico, porque muchos jóvenes buscan erróneamente el sentido de la vida en una diversión falsa y vacía de contenido. Jamás se encontrará la respuesta a las preguntas fundamentales del ser humano en el alcohol y el botellón, en las drogas, en la pornografía y en el sexo desordenado de su recto fin, en el ansia de dinero o en la pantalla de un teléfono móvil.
¡Qué distinta otra niña que la Iglesia recuerda hoy, Santa Eulalia de Mérida, que con sólo 12 años supo renunciar a todas las seducciones del mundo porque encontró en Cristo el amor de su vida, hasta el punto de entregarle su virginidad y la propia sangre! Niñas y niños o adolescentes santos como Santa Eulalia, Santa Inés y Santa María Goretti, mártires de la fe y de la castidad a los 12 años, o San Pelayo y San José Sánchez del Río, a los 14, son un ejemplo para los niños y los jóvenes de nuestro tiempo de que la vida del ser humano sólo encuentra su verdadero sentido cuando descubre a Dios como su Creador y Padre y a Cristo como su Redentor.
Y esto es precisamente lo que enseña la venerada sabiduría de los monjes. Así, San Benito da la respuesta al misterio del hombre al principio de la Santa Regla cuando nos exhorta a retornar por el camino de la obediencia hacia Dios, de quien nos habíamos apartado por la desidia de la desobediencia (RB, Pról., 2). Éste es el principio y fundamento del camino benedictino: el retorno a Dios, la búsqueda de Dios. El hombre pierde el sentido de su ser y de su existencia si pierde de vista a Dios. Por eso, la vida monástica descubre al hombre la profundidad de su misterio: le descubre su realidad de criatura salida de las manos de Dios. Más aún, le descubre su realidad de hijo amado por un Dios Padre, que por amor le ha dado como vía de retorno a Él al Hombre-Dios, Jesucristo. Por eso San Benito pone en el centro de la vida del monje el seguimiento de Cristo y le exhorta a “no anteponer nada al amor de Cristo” (RB 4, 21; 72, 11). Es lo que más recientemente ha dicho el Concilio Vaticano II al afirmar que, “en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Gaudium et spes, n. 22).
Cincuenta años de vida monástica nos deben hacer pensar a todos: primero, al propio monje que renueva sus votos, para, de cara a Dios, renovar su fidelidad y su entrega. En segundo lugar, a todos los demás, para reflexionar sobre el sentido de la vida y nuestra relación con Dios.
Nuestro hermano Fr. Julio ha servido a Dios en esta Abadía con variadas ocupaciones en el monasterio, entre ellas la de hospedero, y en la Escolanía, pero de un modo muy especial hay que resaltar su función como sacristán de esta Basílica pontificia de la Santa Cruz, por la que muchos le conocen y saben de su amor a ella, resaltando por parte de él el papel que la Comunidad benedictina ocupa en cumplimiento de los compromisos fundacionales para que sea ante todo templo de la Iglesia católica y lugar de reconciliación entre los españoles, como fruto de la reconciliación entre Dios y el hombre alcanzada por el sacrificio redentor de Cristo en la Cruz. Por todo este servicio, nuestra Comunidad se siente agradecida a Fr. Julio, muchas veces sin duda cansado por el trabajo y las incomodidades que implica, y le desea que Nuestra Señora de Loreto, a quien se venera en una de las capillas de la Basílica como Patrona de la Aviación española, le siga sosteniendo y guiando en su camino monástico hacia Dios.
Inmaculada Concepción
Queridos hermanos:
Según hemos escuchado en el Evangelio (Lc 1,26-38), el arcángel San Gabriel saludó a María llamándola “llena de gracia”. Este saludo lo pronunciamos cada vez que rezamos el Ave María, las más de las veces quizá sin reparar en la enorme profundidad de estas sencillas palabras, que son la traducción del griego kejaritomene (κεχαριτωμένη). Cuando pronunciamos esta expresión, reconocemos que María ha sido beneficiaria al máximo de la gracia de Dios. Y la gracia, al decir del apóstol San Pedro, es la “participación en la naturaleza divina” (2Pe 1,3-4): participación, por tanto, en la vida íntima de amor existente en el seno de la Santísima Trinidad, pues el Padre y el Hijo se aman en el Espíritu Santo.
María es la “llena de gracia” porque en Ella se fijó la Santísima Trinidad para hacer su morada: el Padre la eligió para que en su seno se hiciera hombre su Hijo Unigénito por obra del Espíritu Santo, tal como anuncia San Gabriel. Por eso María vive en la intimidad del amor de Dios. Y esto, en razón de su Maternidad divina: puesto que María iba a ser la Madre de Dios y la primera Colaborad/ora en la obra de la Redención de Jesucristo, convenía que Ella recibiera en plenitud la gracia divina y fuera exenta de todo pecado, incluso del pecado original desde el mismo momento de su Concepción.
Dios hizo que María fuera preservada de la mancha del pecado original sin por ello dejar de ser redimida: a diferencia de nosotros, Ella fue también redimida, pero previamente, en atención a los méritos de su Hijo Jesucristo, y por eso no se le transmitió el pecado original, que a nosotros se nos debe borrar por medio del sacramento del Bautismo en aplicación de la Redención de Cristo.
Por todo esto, María es además “bendita entre las mujeres”; y la Iglesia, aplicándole las palabras del Cantar de los Cantares (Ct 4,7), la ha exaltado secularmente diciendo: “Toda hermosa eres, María, y no hay mancilla en ti”. También por eso, el salmo de hoy nos anima a cantar al Señor un cántico nuevo (Sal 97), pues ha hecho en María verdaderas maravillas, como Ella misma reconocería en el Magníficat (Lc 1,49). María es así la nueva Eva y la Mujer que, en el Protoevangelio –el texto del Génesis que hemos escuchado en la primera lectura–, aplasta la cabeza de la serpiente, vence al diablo y sus insidias (Gén 3,15).
El dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen fue proclamado por el Beato Pío IX en 1854 y la Virgen Santísima lo confirmaría a Santa Bernardita en Lourdes cuatro años después. Y, como los Papas han reconocido muchas veces, España se distinguió a lo largo de los siglos por defender este privilegio mariano cuando todavía no era dogma. Por eso es la Patrona de España.
Pero quisiera destacar especialmente, pues en 2017 se celebrará el quinto centenario de la muerte de Francisco Jiménez de Cisneros, conocido entonces como “el Cardenal de España”, el papel que él ejerció en la promoción de la devoción a la Inmaculada Concepción en nuestra Patria. Como hijo fiel de la Orden Franciscana, heredó la defensa del privilegio mariano de autores como el Beato Duns Escoto y el mallorquín Ramón Llull (que está representado en nuestra cúpula). Fue persona de confianza de la Reina Isabel la Católica, que es Sierva de Dios y cuya Positio historica del proceso de beatificación consta de 27 gruesos volúmenes preparados por historiadores de prestigio. Isabel, mujer virtuosa, esposa fiel, madre entregada y reina cristiana, lo escogió como confesor, pues buscaba siempre confesores de vida santa y virtuosa, y el Cardenal Cisneros también tiene abierto el proceso de beatificación y está declarado ya Venerable por la Iglesia. Isabel la Católica estaba muy impregnada del espíritu franciscano y junto con Cisneros promovió la devoción a la Inmaculada e hizo posible el nacimiento de una Orden, la de las monjas concepcionistas, ayudando a la fundadora Santa Beatriz de Silva e impulsándola junto con otras mujeres santas del entorno de la Reina, como Beatriz Galindo y Teresa Enríquez, ésta última también en proceso de beatificación.
Así, el Cardenal Cisneros, el mismo que junto con la Reina Isabel completó la Reconquista del suelo español; el mismo que con ella emprendió la reforma de la Iglesia española, anticipándose en medio siglo al Concilio de Trento y evitando que en España se produjera la quiebra de Lutero; el mismo que con ella protegió la dignidad y la libertad de los nativos del Nuevo Mundo y de África; el mismo que impulsó la cultura especialmente con la Universidad de Alcalá de Henares; el mismo que con la Reina Isabel emprendió tantas tareas encomiables y a su muerte fue regente en dos ocasiones, también él mismo con ella promovió la devoción a la Concepción Inmaculada de la Virgen María.
En fin, hoy se acercan por primera vez a la Sagrada Comunión varios niños nuevos de nuestra Escolanía: Alejandro y Eduardo, Leonardo, José Luis, Eduardo, Miguel y Rodrigo. Recibid con el corazón limpio a Jesús. Dadle gracias por haberos traído a esta Escolanía para servirle como si fuerais ángeles en la tierra, alabándole con vuestras voces. Mantened vuestras almas puras como la cogulla blanca que lleváis. Dejad a Jesús que habite dentro de vosotros y recibidle siempre con sencillez y devoción. Imitad a la Virgen Inmaculada y acudid a Ella como vuestra Madre del Cielo en todo lo bueno y lo malo que os pase.
Dirección de ejercicios espirituales y retiros por monjes del Valle de los Caídos
En el mes de noviembre, algunos monjes de la Abadía Santa Cruz del Valle de los Caídos han impartido tandas de ejercicios espirituales y retiros a otras comunidades religiosas. Por una parte, el P. Juan Pablo Rubio ha dado sendos triduos a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Calahorra (La Rioja, 14-16 de noviembre) y Zamora (28-30 de noviembre, con visita a las monjas Benedictinas, que llevan la editorial Montecasino). Por otro lado, el P. Alfredo Maroto imparte desde este curso unas clases quincenales sobre la “lectio divina” a las religiosas de la misma congregación en Carabanchel, donde tienen el Juniorado (profesas temporales), y desde enero varios monjes de nuestra Comunidad les ofrecerán también, al igual que el curso pasado, la formación permanente semanalmente a todas las religiosas de esa casa-residencia. Asimismo, el P. Prior Administrador ofreció los ejercicios espirituales anuales a los Eremitas Camaldulenses de Monte Corona en el Yermo de Nuestra Señora de Herrera (municipio de Miranda de Ebro, Burgos), que discurrieron entre el 21 y el 26 de noviembre. Durante el puente de la Inmaculada Concepción, el P. José Ignacio González dirigirá una tanda de ejercicios espirituales en nuestra Hospedería externa. En otro orden de actos, el 8 de noviembre, el mismo P. Prior Administrador asistió a la inauguración del año del Centenario del Cardenal Cisneros en la Catedral Magistral de Alcalá de Henares, en correspondencia a la invitación del Señor Obispo, y que contó con la asistencia del Arzobispo de Toledo y del Obispo de Sigüenza-Guadalajara, de un representante de la Casa Real y de los Ayuntamientos de Alcalá de Henares y de Torrelaguna, de la Universidad de Alcalá de Henares y de otras autoridades religiosas, civiles y militares, así como de familiares del Cardenal.
II Domingo de Adviento
Queridos hermanos: nuestros días no distan mucho de la situación de tiempos remotos como los que relatan las lecturas proclamadas este domingo. Allí tanto el profeta Isaías como el evangelista S. Mateo nos presentan una situación social de agotamiento, de vacío de ideales, en la que el hombre caído ha buscado soluciones falsas a sus problemas y ha tomado atajos que le han apartado de Dios. Este alejamiento progresivo del Señor desencanta enseguida, porque surgen enfrentamientos y desajustes familiares y sociales que hacen mucho más insoportable la convivencia, ya de por sí difícil para el hombre que sufre las consecuencias del pecado original.
Israel sufrió el cautiverio en Babilonia por su infidelidad al Señor. La dinastía davídica, depositaria de las promesas mesiánicas, incluso desapareció. Cuando el Señor promete un vástago en el que se pose el Espíritu del Señor en su plenitud, ha de reconocer la bondad del Señor, su fidelidad puesta a prueba por un pueblo desagradecido e indiferente a las muchas muestras de amor que Dios le había ofrecido en su camino por el desierto para formar un pueblo predilecto, llamado a ser depositario de sus promesas y beneficiario de su sabiduría divina como ningún otro.
La situación del Israel de las promesas se repite con el Israel de la última etapa de la historia, como denomina S. Pablo a esta edad histórica en la que el Mesías ha venido y ha redimido a los hombres. Pero el corazón humano es terco y vuelve a separarse de Dios y se atreve a realizar su epopeya humana sin Dios. El resultado es que las ideologías que quieren sustituir la confianza en Dios se revelan sumamente perniciosas para el hombre, pues directamente lo destruyen, aunque bajo apariencia de ser la solución de todos los problemas que el hombre tiene que resolver en su lucha por la subsistencia.
El Bautista se presenta como alguien que no pretende atraer la atención sobre sí mismo, pues el que ha de venir es mucho más digno y sus dones mucho mayores en comparación: “El que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Pero a pesar de este discurso tan humilde para autocalificarse, el Bautista no se parece en nada a esos predicadores que se hacen la propaganda y que se sirven de la religión para crecer y autoprestigiarse y apropiarse de un poder que les ha sido dado para que se encaminen hacia Jesús.
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Juan Bautista dice de sí mismo palabras que le relegan a segundo plano, pero eso no impide que también cumpla su tarea de desenmascarar el formalismo fariseo y el materialismo saduceo de entonces y de ahora. Su atuendo y su lugar de predicación, si por una parte coincide con el del profeta Elías (y así lo certifica Jesús de él al desvelar que S. Juan Bautista era el Elías que había de venir), descarta ese reprobable método pastoral consistente en deslumbrar a los fieles con escenificaciones que aseguren el éxito de una gran concurrencia, pero a los que se engaña con sucedáneos, en vez de dar el verdadero alimento y sanación proveniente de los sacramentos y de la Palabra de Dios. Es un fraude utilizar los sacramentos y la S. Escritura como plataformas para lanzar un mensaje ajeno a la naturaleza de estos medios que Dios ha determinado que distribuyamos en su nombre. Ello nos obliga constantemente a todo colaborador de la viña del Señor, ordenado o seglar, padre de familia o catequista, a mirarnos en el espejo de la predicación de Jesús, sobre todo, pero también en el del Bautista, como la Iglesia pone hoy a nuestra consideración.
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Este morador del desierto, cuya austeridad sobrecoge, no rechaza a fariseos y saduceos, pero les presenta la verdad de su situación moral delante de sus ojos, sin esconder las oscuridades tan llamativas, que le hacen exclamar: “Ya toca el hacha la base de los árboles y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego”. Este mensaje sobrecogedor del Bautista no nos debe dejar indiferentes. ¿Qué hacer con la gracia del Señor, que no nos va a faltar? Sus ministros debemos distribuir los sacramentos con una pureza de intención que mire solo a la gloria de Dios, sin interponer intereses mundanos que impidan o disminuyan su efecto en las almas. Los destinatarios de la gracia sacramental, que nos incluye a los ordenados, debemos recibirlos con pura devoción y con las debidas disposiciones, evitando a toda costa los sacrilegios derivados de recibir la S. Comunión en pecado mortal por no delatar nuestra falta de estado de gracia o por descuido de nuestro examen de conciencia antes de recibirla. Y en cuanto a la confesión, nunca dejemos de confesar un pecado grave por vergüenza.
Queridos hermanos: nuestra vida debe estar dispuesta a la venida del Señor, que se realiza en cada instante si le abrimos nuestro corazón para recibirlo con frecuencia y con las debidas disposiciones. Oremos en todo momento por los que no conocen a Jesucristo y por los que le han conocido y se han apartado de Él o sin dejar de recibir los sacramentos, no los reciben debidamente, con lo que le causan un dolor espantoso que no podemos dejar que se prolongue sin hacer todo lo que está a nuestro alcance, que es mucho, aunque sea silencioso y oculto. En estos días de la novena de la Inmaculada, pidamos a Ntra. Sra. del Valle que consiga que el corazón de su Hijo nos conceda todas estas gracias. Que así sea







