La llegada de grupos de peregrinos al Valle de los Caídos se produce de forma casi constante. A las peregrinaciones mensuales de grupos de fieles franceses y portugueses que vienen en el primer sábado y el primer domingo (es siempre llamativa la piedad de los nutridos grupos de portugueses los primeros domingos), se suman otros muchos venidos de diversos puntos de España y del extranjero, tal como con cierta frecuencia constatamos en esta página web. Entre ellos, cabe destacar los cerca de 60 fieles de una parroquia de surcoreanos en Saddle Brook (Estados Unidos), que, con su párroco al frente, participaron devotamente en la Santa Misa conventual de las 11 h. el viernes 21 de octubre. Quedaron muy impactados con el canto de la Escolanía. Ese mismo día, también asistió a la celebración un grupo de Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que habiendo hecho la profesión perpetua el sábado 15 (fiesta de Santa Teresa de Jesús), iban camino de sus destinos en Palencia y Galicia. A todos estos grupos de peregrinos hay que sumar los que realizan el Vía Crucis con los permisos debidos.
Domingo XXX del Tiempo Ordinario
Hermanos en el Señor: Las lecturas de hoy no necesitan comentario. Uno teme disminuir la fuerza que tiene la Palabra de Dios por sí misma. Las lecturas son tan claras que no requieren explicación, y sin embargo, la predicación es un deber sagrado, porque la fe se transmite por una experiencia en la que interviene la gracia de Dios como factor principal. El sacerdote está al servicio de la Palabra. Y todo fiel cristiano debe descubrir su misión con respecto a la Palabra de Dios. Nuestros padres fueron los primeros en transmitirnos la fe en el hogar. Quien la vive como cristiano con fidelidad también la está predicando; su testimonio se puede percibir en sus actitudes. Los ministros ordenados de la Palabra la debemos vivir y predicar. ¿Qué añadir cuando está tan clara? Nuestra misión como sacerdotes es exhortar a vivirla, exhortar a escucharla cada cual en silencio, pues en la intimidad con Dios adquirirá ecos muy personales, ya que es una palabra viva y palpitante. Este es un descubrimiento que tenemos que hacer cada uno y volver cada día a revivir esa experiencia fundamental para un cristiano. Quien desconoce esta realidad le queda una asignatura pendiente importante por aprobar, es nada menos que su relación personal con Dios.
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Hoy celebramos el Domund : Domingo mundial de la propagación de la fe, o de la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo. Hoy se hacen colectas en las iglesias católicas para sostener a los misioneros, sean sacerdotes o religiosas y laicos, que entregan generosamente su vida al servicio de la fe en países en los que la fe no está implantada o está todavía en fase de primera evangelización. La colecta que se hace hoy va destinada a estos esforzados misioneros que dejan su patria y familia y llevan lo más precioso que hay en este mundo, la fe en Dios a los que no le conocen y no le pueden amar si no hay quien se lo anuncie.
De la primera lectura los misioneros nos podrían contar cómo han visto cumplidas estas palabras, y otras muchas de la Sagrada Escritura, en miles de historias en que los habitantes de lejanas zonas sin cristianizar oraban a su manera, y se sintieron escuchados cuando por fin llegaron los misioneros a anunciarlos que Cristo había muerto y resucitado por ellos. Les predicaron que si se bautizaban serían hijos de Dios y recibirían la vida eterna como herencia de un Padre amoroso, que desde la eternidad les había destinado a vivir en comunión con Él. “Los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa,” hemos escuchado. Una experiencia que comprobamos casi a diario, por así decir: cuando todo nos sale bien somos muy tardos en agradecer al Señor, y, en cambio, cuando nos vemos sobrepasados por las dificultades, o por las deslealtades, o abrumados por nuestros propios pecados, y hemos recurrido a Dios, impulsados por el Espíritu,como un pobre afligido nos ha llenado una paz y ha florecido en nuestro interior una confianza nueva en el auxilio divino en toda clase de necesidades, bien sean materiales y mucho más cuando lo que pedimos es lo que le encanta a Dios que le pidamos: el amor a Él y a su Reino de amor y de justicia. Como cuando rezamos el Padre nuestro y decimos de corazón:“Venga a nosotros tu Reino”. Pero un misionero que vivió la guerra del Vietnam contaba, que siempre reza para sí de esta manera: “Venga a nosotros tu Reino y cuanto antes”. Él había experimentado de cerca cómo actúan los poderes de este mundo cuando se prescinde de la fe, en lo que se convierte un mundo sin Dios; y pide a gritos que venga pronto su Reino, pues ya le resulta intolerable la tardanza. A nosotros, en cambio, apegados a la figura de este mundo que pasa, donde no hemos sentido las angustias de no tener casa y temer a cada instante nos alcancen las balas o las bombas, nos atormenta la perspectiva de tener que padecer la purificación necesaria profetizada en la Sagrada Escritura para dar a luz el nuevo Reino de amor y de paz. No deseamos que nos toque beber esa medicina tan amarga. Pero a nosotros nos tendría que afligir la opresión en que se halla la fe en nuestra sociedad y las leyes que persiguen a los que enseñan la moral inscrita en la naturaleza y en la ley de Dios, los mandamientos. Ése tendría que ser el motivo de nuestro dolor y preocupación, que se niegue al Señor y se le impida reinar en los corazones de los hombres y la sociedad, que se impulse esa falsa cultura de la muerte con la proliferación de sectas satánicas, películas, la fiesta satánica de halloween enmascarada como una divertida fiesta de disfraces y reparto de golosinas, y juegos que dan poder al demonio en nuestros corazones y que impulsan a la violencia, al crimen del aborto y al enfrentamiento continuo entre las personas en todos los ámbitos.
La parábola del fariseo y el publicano que se ha proclamado en esta santa asamblea de los hijos de Dios, entre otras cosas nos enseña cómo es bueno comenzar nuestra oración por el dolor de nuestros pecados, para así poner la base imprescindible de nuestra relación con Dios: quién es Él, el que tanto nos ama y el que acaba ocupando el último lugar en nuestra vida contrariamente a lo que confesamos en el primer mandamiento; y quién soy yo, el que se resiste a cada paso a aceptar el amor y sabiduría de Dios que me viene de mi Padre celestial y el que pretende darse su propia ley, apropiándome de lo que había recibido para obrar sólo según la Voluntad de Dios.
Que esta Eucaristía nos haga conscientes de que el Señor espera que andemos por el camino del bien y de la salvación eterna, que Él nos está esperando para ayudarnos y amarnos. Veamos cómo extiende sus brazos de misericordia para perdonarnos nuestros pecados en el sacramento de la confesión, y allí va a secar las lágrimas de nuestros dolores y aliviará la carga de nuestra vida. Si hacemos una confesión general este Jubileo de la Misericordia, será toda nuestra vida envuelta en la gracia de Dios y no sólo el pequeño período desde nuestra última confesión. Nos hará comprender y entender los misterios de esta vida y de la hora presente que nos ha tocado vivir y así caminaremos seguros de su mano.
Qué maravilla sería, si contemplando en nuestro interior o contemplando este monumental crucifijo que tenéis ante vuestros ojos, fuésemos capaces de oír los latidos del Corazón de Jesús y cuánto dolor y cuánto amor se encierra en Él por las almas de cada uno de nosotros, los hombres. ¿Es que no nos estremece su dolor y su santo Amor? ¿Por qué no le ayudamos a encontrar a esas almas perdidas que le pertenecen y que se las está apropiando el Maligno? Ayudémosle a traerlas al redil, a donde estarán a salvo del demonio. Dejemos los respetos humanos, ¡dejémoslos ya! Hablemos sin vergüenza ni reparos del Amor de nuestro Salvador por ellos, que ha padecido una muerte ignominiosa para salvarlos, para que un día estemos con Él en el cielo. Se nos acaba el tiempo y muchas almas se perderán víctimas del dragón infernal. A todas las almas nos tuvo presentes en el momento de su muerte, el cual vamos a actualizar ahora en esta Eucaristía. Por todos ofreció este santo sacrificio que ahora se renueva. Pero sus hijos no le quieren, huyen de su Salvación; el pecado ha corrompido sus almas y no quieren saber de su Amor y de su Gracia. Vayamos nosotros a por ellos de la mano del Señor y de su Madre santísima. Que no nos importen los insultos y desprecios. Busquémoslos en sus escondrijos, en sus pecados, y llevémoslos a su Misericordia.
La forma más efectiva de llevarlo a cabo es si nosotros mismos hacemos esta experiencia de la Misericordia de Dios en nuestra vida haciendo nuestra confesión general de toda la vida, para que la lluvia de gracia del Señor nos llene de su luz y podamos transmitirla a otros.
Los bomberos forestales con la Escolanía
Como todos los años desde hace varios cursos, el retén de Bomberos Forestales de la Comunidad de Madrid estuvo un día con los niños de la Escolanía del Valle de los Caídos. En esta ocasión fue el 23 de septiembre y, como otras veces, les enseñaron el material y el camión y pudieron hacer algunas prácticas con la manguera. Este tipo de actividades sirve también para que los niños tomen conciencia de la importancia de cuidar el entorno natural en el que viven y para que valoren la gran labor que desarrollan personas y colectivos como el de los bomberos forestales. Al final de las actividades, en agradecimiento, los niños dedicaron algunas canciones para los bomberos.
XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos: la oración es el arma más maravillosa y poderosa de todo cristiano. Un cristiano que ora hace temblar a todos los demonios y enemigos de Dios. Pero el Evangelio de hoy deja abierta una pregunta inquietante para todos nosotros: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”. Porque no sabemos cuándo, pero no nos quepa ni la más mínima duda de que, como se ha proclamado en la segunda lectura, “Cristo Jesús ha de juzgar a vivos y muertos”.
Si no encontramos el sentido de la oración y esta no pasa a ser el alimento de nuestra fe, acabaremos convirtiéndonos en una ONG. ¿Qué hemos hecho con la oración? ¿Rezamos hoy como se hacía hace tan solo 15, 20 o 50 años? ¿No han cambiado vertiginosamente nuestras costumbres y no precisamente en la dirección correcta? Ya no se respeta el silencio ni el decoro en el vestir en las iglesias. Muchas personas, cuando entran, ya no se arrodillan ante el Santísimo. Se quejan si el sacerdote se alarga en la misa unos minutos más que otro que predica más brevemente o que celebra más rápidamente. La mayoría de los fieles, cuando comulgan, no hacen siquiera un gesto de reverencia que manifieste su fe en la presencia viva de Jesucristo en la eucaristía y muchos se acercan sin la modestia ni la vestimenta adecuadas. Estos y otros muchos cambios, que no son de poca monta, significan que a nivel social nuestra fe se ha debilitado de forma alarmante.
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“La Sagrada Escritura nos puede dar”, nos dice hoy a través de la carta de S. Pablo a Timoteo, “la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación”. Si volvemos al Señor, nuestros ojos serán capaces de recuperar la luz necesaria para retomar el camino que lleva a la salvación; de lo contrario, nuestra única alternativa es la perdición y la muerte eterna. Esta palabra de vida “nos enseña, nos reprende, para corregir, para educar en la virtud: y así el hombre de Dios estará equipado para toda obra buena”.
El Señor no niega su ayuda a nadie que le invoque cuando pide la salvación y busca la luz para su alma. “El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”, ha proclamado el cantor en el salmo responsorial. El Evangelio nos ha dado también una pista importante proclamada por el Señor: “Pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?”. Esta búsqueda del sentido de la vida y de la salvación debe ser nuestra súplica constante: imitemos a esa mujer tan insistente, pero no para perseguir tantas mundanidades que nos atraen. Eso significaría que lo queremos de verdad, que es para nosotros el bien supremo que engloba todos los demás, por el que seríamos capaces de perder todos los otros bienes con tal de permanecer en amistad con Dios.
Si no tenemos esa fe, la debemos pedir y si nos vemos sin fuerza para poner a Dios por encima de todo, acudamos a la eucaristía para no pedir ninguna otra cosa que la salvación para todos para nosotros y para todo el mundo. La eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana, es la ocasión de centrarnos en lo esencial. Tratemos de vivir cada eucaristía como el epicentro de nuestra vida y anticipo de la vida celestial y así alcanzaremos la vida eterna. En algunas sacristías todavía cuelga este cuadro: “Sacerdote, celebra tu misa como si fuera tu primera misa, como si fuera tu última misa, como si fuera tu única misa”. Aunque la frase está dirigida a los sacerdotes, es plenamente aplicable a todo fiel participante en la eucaristía. Acudamos con frecuencia al sacramento de la reconciliación, para comulgar con las debidas disposiciones, porque quien come de este pan tiene vida eterna.
Todo ello debe ser motivo de nuestra profunda reflexión, especialmente en el día de hoy, en el que se canoniza en Roma al obispo de Málaga y Palencia, Manuel González, apóstol de los sagrarios abandonados y fundador de la Unión Eucarística Reparadora. Él no se limitó a pasar largas horas ante el sagrario, sino que desplegó una amplísima labor caritativa y educativa. Como ejemplo, cuando se le nombró obispo auxiliar, organizó un banquete multitudinario al que no invitó a las autoridades, sino a tres mil niños pobres que le acompañaron al palacio episcopal. Hoy también se canoniza a José Luis Sánchez del Río, mártir del régimen de Plutarco Elías Calles, el más radicalmente anticlerical en la historia de México. A las objeciones de su madre para que se uniera a los cristeros, el niño cristero respondía: “Mamá, nunca ha sido tan fácil como ahora ir al paraíso”. Fue encarcelado en el bautisterio donde había sido bautizado 14 años antes. La parroquia había sido transformada en cárcel de católicos y en caballeriza del ejército gubernamental y el presbiterio y el sagrario en gallinero, propiedad del jefe político de la región, por lo que el desde hoy santo mató a los gallos de pelea, sin miedo a la amenazas de muerte de aquel jefe, que había sido su padrino de primera comunión. Sus verdugos le cortaron la piel de las plantas de los pies y le obligaron a caminar sobre granos grandes de sal rumbo al cementerio. Le ofrecieron perdonarle la vida si gritaba “muera Cristo Rey”, pero él gritó “Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”. Ante su tumba fue martirizado a sangre fría en un ritual elaborado. Fue víctima de una sangrienta y legalizada persecución religiosa, como se ve en la película Cristiada. Pidamos a este valioso intercesor que oremos sin desánimos. Encomendemos esta intención a Ntra. Sra. del Valle. Que así sea.
La escolanía inaugura el nuevo curso
En una Basílica, a rebosar, como hacía años que no se veía, con multitud de fieles en pie durante toda la ceremonia, se ha celebrado la festividad de los Santos Ángeles Custodios y la inauguración oficial del curso de la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, con la imposición de cogullas a los nuevos escolanes, precedida a la bendición de todos ellos. Después del acto tuvo lugar la presentación del equipo de la Escolanía en el Aula de Piano – Salón de Actos y las tutorías con los responsables de cada curso.
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La homilía corrió a cargo del P. Juan Pablo Rubio quien recordó la importancia de la educación de los niños y jóvenes, y el privilegio que tienen los escolanes, gracias a la acertada decisión de sus padres, de facilitarles y propiciarles el poder vivir en un ambiente monástico, donde adquieren, además de la formación académica y musical, un aprendizaje del sentido y significado del silencio, de la escucha y de la oración, imprescindible para el desarrollo integral de la persona.
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¡Enhorabuena escolanes y familias, feliz y próspero curso!
Via Crucis en la Solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz
El sábado diecisiete de septiembre a partir de las 16 h., tuvo lugar la celebración del Vía Crucis por su recorrido monumental a lo largo de la montaña, como conmemoración de la Solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, fiesta titular de la Abadía, de la Basílica y de todo el Valle de los Caídos.
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En esta ocasión, el recorrido de oración, presidido por el Lignum Crucis, fue dirigido por el P. José Ignacio González OSB, quien resaltó al inicio del mismo, lo relevante y especial de este Vía Crucis, al celebrarse en el año de la Misericordia, adquiriendo un significado especial por el profundo enraizamiento del sentido de la Misericordia y de la Redención Salvadora en la Cruz de Cristo.
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Es de destacar la gran afluencia de familias, niños y jóvenes que han acudido en esta ocasión al rezo del Vía Crucis, lo que aviva la luz de la esperanza de que el futuro de la familia y de la juventud en España, pese a todos los ataques que recibe, sigue viva.
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