El pasado martes 2 de diciembre la Escolanía del Valle de los Caídos tuvo la ocasión de acoger a un grupo de 32 alumnos de Secundaria y Bachillerato procedentes de Puerto Rico. Asistieron, en primer lugar, a la Misa conventual de las 11h00, y a continuación visitaron la Basílica. Luego tuvieron un encuentro con los escolanes, que interpretaron para ellos algunas obras de polifonía y les acompañaron en la visita al edificio. Más tarde, después de la comida en la Hospedería, completaron el día acercándose al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Solemnidad de la Inmaculada Concepción
Queridos hermanos:
La solemnidad de la Inmaculada Concepción de María que hoy celebramos se afianzó con rango universal en la Iglesia desde la definición del dogma por el Beato Pío IX en la bula Ineffabilis Deus en 1854, cuando proclamó que la Santísima Virgen fue preservada inmune de toda mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios, en atención a los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Ella misma lo confirmó a Santa Bernardita en Lourdes cuatro años después.
Como todos los privilegios concedidos por Dios a María, deriva de su Maternidad Divina, ya que convenía que, si había de ser la Madre de Dios y no podría transmitir a Jesucristo el pecado original, Ella misma debería ser preservada de éste. María, como verdadera Madre de Dios, es desde el principio la “llena de gracia”, según se nos ha dicho en el Evangelio (Lc 1,26-38); es la toda limpia, la toda pura, la toda santa. En consecuencia, Dios la ha colmado de gracias, virtudes y santidad. Por eso la Iglesia aplica a Ella las palabras del Cantar de los Cantares (cf. Ct 4,7): “Toda hermosa eres, María, y no hay mancilla en ti”.
Ella es la Mujer que en el Protoevangelio, en el texto del Génesis de la primera lectura, aplasta la cabeza de la serpiente, vence al diablo y a sus insidias (Gén 3,15). Desde el principio de su elección para ser Madre de Dios y especialmente desde el momento de la Encarnación, quedó asociada al Redentor y Mediador, su Hijo Jesucristo, para ser auténtica Corredentora y Medianera. Y además, como hemos leído en el texto del Evangelio (Lc 1,26-38), es modelo también de orante y contemplativa, deseosa de obedecer la voluntad de Dios, y es ejemplo de humildad, pues a sí misma se presenta como la “esclava del Señor”.
La devoción a la Inmaculada Concepción está muy arraigada en España, cuya Patrona es oficialmente desde 1760, y también lo es de nuestra Infantería desde 1585. En España nació una Orden dedicada a Ella dentro del círculo de Isabel la Católica, las concepcionistas, y las Universidades españolas en los siglos XVI y XVII se comprometieron a defender este privilegio mariano.
En esta fecha tan bonita vais a recibir la Primera Comunión dos niños de nuestra Escolanía y el hermanito de otro: Mario, Leonardo y Rodrigo. Vestís las cogullas blancas de escolanes, como signo de la pureza y la sencillez de ángeles que debe caracterizar a los niños y como reflejo de la Virgen María, que es toda limpia y pura. Es de una gran importancia que se conserve la inocencia y la limpieza en los niños.
Cuando viene una visita a casa, nos gusta recibirla con la casa limpia. Jesús nos visita cada vez que lo recibimos en la Eucaristía: de ahí la necesidad de tener la casa limpia para Él. La Virgen María tenía limpia la casa donde recibió a Jesús: la casa de su cuerpo y de su alma. Así también debe ser en vosotros. Por eso es conveniente confesarse con frecuencia, para poder recibir en mejores condiciones a Jesús Sacramentado. Vuestra alma permanecerá limpia si rechazáis el pecado, hacéis el bien y amáis a Dios.
María Inmaculada recibió y llevó a Jesús en su seno: vosotros recibiréis ahora a Jesús como Ella, para que viva dentro de vosotros y os dé vida. La Eucaristía es un auténtico “Pan de ángeles”, según lo vemos en la Biblia y la Iglesia lo comprende. Vosotros tenéis que pareceros a María y a los ángeles. Alimentaos de Jesús, como los ángeles se alimentan al verle siempre en el Cielo.
Que María Inmaculada, Reina de los Ángeles, Reina de España y Reina de nuestra Escolanía, os bendiga y os lleve en su Corazón Inmaculado. Y que Ella misma bendiga también a los antiguos escolanos que estos días nos acompañan y nos honran con su presencia.
II Domingo de Adviento
Muy queridos hermanos:
El inicio del Adviento está marcado por la exhortación del Señor a la vigilancia. «Velar» era la palabra que condensaba el mensaje central del pasado domingo. Se trata de una actitud que en la Biblia adquiere diversos sentidos o motivaciones: Jesús habla del dueño de la casa que pasa la noche en vela cuando teme que venga el ladrón. La suya es la vigilancia de la cautela, de la precaución. A su vez, el siervo que espera a su amo, desea que éste al llegar le encuentre en su puesto de trabajo, para que no parezca un vago, un inepto o un hombre disipado; ésta es la vigilancia de la fidelidad. Por último, está la actitud de la esposa que aguarda al esposo, evocada sobre todo en el Cantar de los Cantares. La mujer espera al amado de su corazón y su vigilancia es la del amor (cf. C. M. Martini). La vigilancia que se nos pide en este tiempo es la síntesis de estas tres actitudes: precaución, fidelidad y amor.
En este segundo domingo de Adviento, es la metáfora del “camino” la que ocupa el centro de la liturgia de la palabra. Se nos habla de un camino; un camino que sobre todo hay que preparar, porque a través de él viene el Señor a nuestro encuentro. Ese camino está representado, en la primera lectura, por el retorno que el pueblo de Israel se dispone a emprender desde el exilio de Babilonia hasta Jerusalén. La preparación conlleva, según el profeta Isaías, eliminar los obstáculos que puedan dificultar su tránsito, es decir, los valles, los montes, las colinas, los pasos escabrosos. La exégesis tradicional ve en los valles todos esos vacíos en nuestro comportamiento ante Dios, nuestros pecados de omisión: nuestra falta de oración, de solidaridad y generosidad con los necesitados, de paciencia, de amabilidad, etc. Los montes y las colinas son todos esos impedimentos de nuestro orgullo, nuestra soberbia y nuestra prepotencia, que debemos allanar a fin de revestirnos de la mansedumbre y la humildad de Cristo (A. Vanhoye).
Ahora bien, todo este esfuerzo ascético hemos de realizarlo con alegría, porque se trata de preparar la venida de aquel a quien amamos. Y cuando esperamos en nuestra casa la visita de un ser querido, lo disponemos todo con el mayor esmero y con la mayor alegría. Así hemos de preparar la llegada del Señor, queridos hermanos, con gozo, con esperanza, sin miedo y sin desaliento. Porque ella nos trae un gran consuelo, el consuelo de Dios.
Podríamos decir que la imagen del camino está íntimamente unida a la idea del consuelo. El consuelo divino se manifiesta en la lectura de Isaías, primero, a través de su intervención en la historia, poniendo fin a la esclavitud de su pueblo; y además, presentándose como un pastor que guía su propio rebaño. Es muy bello contemplar cómo Dios se adapta al caminar de cada uno. Él ama a cada persona como es y no deja de invitarla a ser mejor, a despejar el sendero por el desea entrar en comunión plena con ella. La delicadeza de Dios, Buen Pastor que conduce a su pueblo de vuelta a la tierra prometida es verdaderamente conmovedora, pues a los corderos los lleva en brazos, a las madres las cuida con especial solicitud, es decir, conoce y tiene en cuenta las circunstancias y posibilidades de cada uno (cf. G. Zevini).
A su vez, en el evangelio que hemos escuchado, el evangelista san Marcos comienza su relato aludiendo precisamente al texto de Isaías y viendo en el ministerio de Juan el Bautista la preparación del camino para encontrar a Jesús. La figura del Bautista, austera y penitente, nos interpela y nos ayuda a disponer bien nuestra propia senda. De algún modo, cuestiona nuestra vida de fe tantas veces adormecida y superficial. También hoy Dios nos sigue hablando por medio de profetas y testigos que comparten las angustias de sus hermanos, nos sigue hablando por quienes saben oponerse a las modas y se solidarizan con los más necesitados, haciéndose mediadores del consuelo divino.
Es evidente, pues, que el mensaje de este domingo complementa muy bien al del domingo anterior y es muy positivo para nuestra vida cristiana. Podríamos afirmar que preparar el camino es una forma de estar vigilantes y una forma de amar. Esta celebración eucarística nos está invitando a tomar dos actitudes: la apertura a la palabra de Dios, que quiere entrar en nuestro corazón y fructificar en nuestras obras y la disponibilidad para que esa palabra llegue a través nuestro a otros hermanos.
Adviento nos urge, en definitiva, a revisar nuestro camino de amor a Dios y nuestro camino de amor y servicio al hermano; no existe esperanza auténtica sin esa virtud, porque es falsa la espera de quien no ama. Nuestra esperanza ha de procurar siempre el amor y la paz, en medio de una sociedad dañada por el odio y la división, que niega la venida del Señor y se resiste a ella. La oración colecta nos impulsa también a salir, salir con ánimo al encuentro de Cristo, sin que los afanes de la vida presente nos lo impidan. Es verdad que a veces nos pone a prueba ver cristianos desilusionados, desanimados, que no se tienen en pie, que no caminan ni creen que vale la pena caminar. Con nuestra vida y nuestra palabra seamos portadores del consuelo, del aliento y del amor de Dios. A Madre Teresa de Calcuta le gustaba decir: «Yo creo que Dios ama el mundo a través de nosotros, a través de vosotros y a través de mí (…). Especialmente en tiempos como éstos, en los que algunos intentan decir que Dios fue, somos tú y yo, con nuestro amor, con nuestra compasión, quienes probamos al mundo que Dios es».
Que el pan de la eucaristía, que ahora vamos a partir, nos dé la fuerza necesaria para que, superando los afanes y preocupaciones de este mundo, vivamos en actitud de conversión A nuestra Madre Inmaculada, cuya fiesta celebraremos mañana, le suplicamos que todos vean en nosotros signos vivos del amor y de la salvación de Dios.
La Escolanía prepara la Navidad
Desde finales de noviembre y a lo largo de diciembre los niños cantores de la Escolanía del Valle de los Caídos trabajan intensamente en la preparación del repertorio navideño, que interpretarán en diversas actuaciones dentro de la Comunidad Autónoma de Madrid. La primera tendrá lugar el sábado 13 de diciembre en la Basílica del Valle de los Caídos, donde cantarán con el grupo vocal e instrumental “Ad manum”, dirigido por Raúl Trincado. En el concierto se interpretará polifonía del Barroco colonial de Chile y América del sur, así como villancicos populares y Canto gregoriano del tiempo de Navidad. En los días siguientes la Escolanía actuará también en la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar de Valdemoro (17 de diciembre), el Auditorio de la Casa de la Cultura de Guadarrama (19 de diciembre) y el Museo del Prado (22 de diciembre).
_x000D_
Para más información sobre los conciertos de la Escolanía o cualquier otro evento, pueden consultar en nuestro espacio dedicado a eventos y horarios del Valle de los Caídos
Presencia benedictina en San Dámaso
Durante el primer cuatrimestre del curso académico 2014/15, dos monjes de la comunidad del Valle de los Caídos imparten cursos en la Facultad de Teología de la Universidad San Dámaso de Madrid. El P. Alfredo Simón, residente en San Anselmo de Roma, ofrece un curso intensivo titulado “El misterio de Cristo en los teólogos medievales”, dentro del Bienio de Dogmática; el P. Juan Pablo Rubio imparte una asignatura, en la especialidad de Liturgia, sobre “La transición del Rito Hispano al Romano en la Península Ibérica”. Desde el año 2011 San Dámaso es una Universidad Eclesiástica, erigida por la Congregación para la Educación Católica, que integra las Facultades de Teología, Filosofía, Derecho Canónico, Literatura cristiana y clásica “San Justino” y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas.
Encuentro formativo sobre acoso escolar
El pasado viernes 21 de noviembre, dos instructores del cuerpo de la Guardia Civil visitaron la Escolanía del Valle de los Caídos con el fin de explicar a los niños en qué consiste el denominado “acoso escolar”, cómo detectarlo y, ante todo, de qué modo evitarlo. Durante el encuentro formativo se explicó que existen dos tipos de acoso: el psicológico, que en ocasiones pasa desapercibido; y el físico, que supone agredir a los compañeros con actos violentos. Uno de los aspectos en los que más se insistió fue el de la importancia del respeto mutuo. Los propios escolanos concluyeron que la convivencia basada en el respeto de las diferencias personales desde la infancia contribuye a formar buenos ciudadanos para la sociedad del mañana.








