El jueves 18 mayo y el sábado 20 mayo, respectivamente, alumnos del Seminario Menor de Rozas de Puerto Real, de la diócesis de Getafe, y del Colegio Diocesano “Virgen de la Caridad” de Illescas (Toledo), visitaron el Valle de los Caídos y fueron atendidos en un caso por el P. Alfredo Maroto y en el otro por el P. Prior Administrador. Los muchachos del Seminario de Rozas estuvieron por la tarde del jueves y los de Illescas por la mañana, llegando a la Santa Misa de 11 h. en la Basílica y quedando muy impresionados del canto de la Escolanía.
Nueva charla-coloquio de Germán Ubillos en la Escolanía del Valle de los Caídos
El jueves 18 mayo por la mañana, D. Germán Ubillos Orsolich, amigo ya de los escolanos del Valle de los Caídos y Premio Nacional de Teatro, tuvo un nuevo encuentro con carácter de charla-coloquio, concretamente con los alumnos de 6º de Primaria y de 1º y 2º de ESO, en esta ocasión en el Aula de Piano – Salón de la Escolanía. El profesor de Lengua y Literatura, D. Jorge, aprovechó para realizar una entrevista que había preparado y los niños pudieron una vez más hacerle preguntas sobre aspectos relativos a la literatura.
XII Domingo de Tiempo Ordinario
Queridos hermanos: se nos acaba de proclamar en el evangelio: “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. Nuestro paso por la tierra es temporal, aquí no tenemos morada permanente. Nuestra muerte no es el fin, sino el comienzo de la verdadera vida, como dice el prefacio de difuntos: “La vida de tus fieles, Señor, no termina, se transforma y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”.
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Meditar en esta idea nos puede ayudar a mejorar nuestra vida cristiana. Muchas veces nos acomplejamos ante las cada vez más frecuentes agresiones y amenazas a la fe cristiana, casi siempre a la católica. Basta estar mínimamente atento a lo que sucede a nuestro alrededor para darnos cuenta de que nuestra fe está perseguida en muchas parcelas de nuestra vida. Frases del estilo “la única iglesia que ilumina es la que arde” o “arderéis como en el 36” son cada vez más habituales, ante nuestra pasividad generalizada. Detrás de esta persecución perfectamente organizada, que nos quieren vender como espontánea, se halla un número relativamente pequeño de personas, pero con enorme poder económico y mediático a sus espaldas.
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Ante esto, no debemos amilanarnos, empezando por los sacerdotes; el Señor nos lo repite varias veces en el evangelio de hoy. Si Jesús fue prudente y lo principal de su mensaje lo transmitió en privado a sus más allegados, hoy en día los sacerdotes, siempre guardando la caridad por encima de todo, debemos proclamar nuestra fe sin medias tintas, porque hasta los cabellos de la cabeza tenemos contados. Dice S. Agustín: “Considerad cuánto valéis. ¿Quién de nosotros puede ser despreciado por nuestro Redentor, si ni siquiera un solo cabello lo será?”. Aunque si seguimos los criterios evangélicos, que chocan con el mundo, inevitablemente nos enemistamos con él, no temamos la persecución, porque Dios estará con nosotros y nada podrá sucedernos sin que Él lo permita o disponga para nuestro bien.
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Queridos hermanos, Jesús nos asegura: “a quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos”. Jesús defenderá a quienes le hayan confesado valientemente ante los hombres. Así lo hizo Sto. Tomás Moro, que celebramos el pasado jueves 22, padre de familia y primer ministro de Enrique VIII, que ordenó martirizarlo por oponerse a la anulación de su matrimonio con la hija de los Reyes Católicos. Este hombre para la eternidad, desde la cárcel escribió una carta en la que tranquilizaba a una de sus hijas afirmando: “Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor”.
Es el motivo principal que aparece también en el salmo de este domingo: “Señor, que me escuche tu gran bondad”. La confianza del justo en la misericordia y omnipotencia de Dios le permite afrontar con ánimo sereno todas las dificultades que se le presentan. Jeremías también se veía acosado por sus enemigos, que lo acusaban injustamente. A pesar de que su único recurso era su confianza en Dios, Jeremías cumplía su misión de anunciar lo que el Señor le encomendaba. La sola confesión de nuestra fe con nuestra asistencia regular a la misa y la recepción habitual del sacramento de la reconciliación o penitencia con absolución individual ya supone proclamar que Jesucristo es nuestro único Salvador.
En su encíclica sobre la Iglesia y la Eucaristía, el Papa S. Juan Pablo II dejó muy clara la vigencia de la norma del Concilio de Trento concretando la severa exhortación del apóstol Pablo en la carta a los Corintios, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, “debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal”, según la enseñanza de la Iglesia, expuesta, entre otros muchos documentos, en el Catecismo y en el Código de Derecho canónico, que recogen además el ayuno eucarístico de 1 hora antes de recibir la comunión.
El reconocimiento de nuestra condición pecadora no es ningún obstáculo para nuestra confianza en la misericordia de Dios, como se ha proclamado en la carta a los Romanos: “Con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos”. Solo hay un mal que temer, la pérdida del alma propia y ajena, pero el sufrimiento pasajero provocado por este mundo, ofuscado en alejarse de Dios, es nada al lado de la gloria que nos espera, que ni ojo vio ni oído oyó. ¿Qué es el dolor de la cruz, por muy intenso que pueda ser, comparado con una eternidad de amor contemplando el rostro del Hijo del hombre?
Queridos hermanos: perseveremos en la lectura orante de la Palabra de Dios, de la mano del Señor y de su Madre, a quien la meditación constante de las palabras de su Hijo le impidió vacilar en su fe. La Eucaristía es para nosotros una luz en medio de la oscuridad que nos rodea y un ancla de salvación que nos mantiene unidos con el Señor, con su Vicario el Papa Francisco y con todos los cristianos que, a pesar de la persecución religiosa, perseveran en la confesión de su fe. Precisamente este martes 27, en que se celebra a S. Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia, D.m. el Santo Padre celebrará las bodas de plata de su ordenación episcopal. Es un motivo más para orar especialmente por él y por sus intenciones al frente de la barca de Pedro. Él se enfrenta cada día a numerosas dificultades y problemas en su solicitud por la Iglesia y los católicos en cualquier rincón del mundo.
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Colaboremos a la salvación del mundo con nuestra oración, que es un valor permanente, que nunca se pierde, que no está sujeto a los vaivenes de las encuestas ni de los escaños ni de los mercados. Encomendemos todo esto a Ntra. del Valle, a los 52 beatos cuyas reliquias custodiamos en nuestra basílica y a los 5 siervos de Dios cuyos restos también custodiamos aquí: Clementino, Ernesto, Eudosio, Francisco y Valero. No olvidemos también a la nueva beata benedictina, la oblata Itala Mela, beatificada hace 15 días, en la víspera de la Stma. Trinidad, de cuya inhabitación en nuestra alma tanto escribió ella. Que así sea
Concierto de la Escolanía del Valle de los Caídos en el Teatro Timanfaya.
Concierto de la Escolanía del Valle de los Caídos en el Teatro Timanfaya (Puerto de la Cruz, Tenerife).
Corpus Christi 2017 (Ciclo A) Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Queridos hermanos:
Los ángeles del cielo alimentan constantemente su vida espiritual con la contemplación del Hijo de Dios. Su felicidad se nutre de esa contemplación del misterio trinitario en el Verbo divino. Por eso se dice con verdad que Jesucristo es el “pan de los ángeles” y el “pan del cielo”. Casiodoro, casi contemporáneo de San Benito en la Italia de su época, afirma: “Cristo con razón es llamado pan de los ángeles, porque ellos en verdad se alimentan con la alabanza de Él mismo. Pues no se ha de creer que los ángeles comen pan corporal, sino que se nutren con aquella contemplación del Señor con la que una sublime criatura se alimenta. Pero este pan del cielo sacia a los ángeles y a nosotros nos sirve de alimento en la tierra: a ellos deleitándoles con su contemplación; a nosotros restaurándonos con su santa visitación” (Comentarios del Salterio, Ps 77)
Hemos escuchado en el Deuteronomio (Dt 8,2-3.14b-16a) que Dios alimentó al pueblo de Israel en su Éxodo por el desierto con un pan bajado del cielo: el maná. Por eso el maná ha sido visto siempre en la Tradición de la Iglesia como una figura que profetizaba la Eucaristía.
Y en el texto del Evangelio de San Juan (Jn 6,51-59), tomado del sermón del “pan de vida”, el mismo Jesús se nos presenta como “el pan que ha bajado del cielo” para darnos la vida eterna. Jesús nos dice que Él es el verdadero Hijo de Dios, enviado a nosotros por el Padre, y que ha venido a darnos la vida eterna, dándonos su Cuerpo y su Sangre. Esto sucede, como sabéis, en el Sacramento de la Eucaristía que hoy celebramos en esta solemnidad del Corpus Christi y que fue instituido por Jesucristo en la Última Cena, como un anticipo de su Sacrificio en la Cruz y de todo el misterio pascual, es decir, de su Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión.
En verdad, pues, este “pan del cielo” y “pan de ángeles” (cf. Sal 77,24-25) es Jesucristo: Él alimenta espiritualmente a los ángeles que lo contemplan en el cielo y alimenta también la vida de nuestras almas cada vez que lo recibimos en la Eucaristía. Nos lo ha dicho San Pablo en la primera carta a los Corintios (1Cor 10,16-17): el pan que es el Cuerpo de Cristo y el cáliz del vino que es su Sangre nos unen a todos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Quien come la carne de Cristo y bebe su Sangre, como el mismo Jesús nos dice en el Evangelio de hoy, habita en Él y Él a su vez en aquel que lo recibe. Pero no olvidemos que en cada una de las especies consagradas, tanto en el pan como en el vino, está realmente Cristo entero, y de ahí que la comunión bajo una sola de las dos especies sea verdaderamente comunión completa.
Queridos hermanos: seamos muy conscientes de esta realidad maravillosa, de que realmente en la Sagrada Eucaristía está Jesucristo, el verdadero Hijo Unigénito de Dios hecho hombre para nuestra salvación. Al recibir la Sagrada Comunión, recibimos realmente a Dios en nuestras almas; recibimos a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Por eso, quiero recordar algunas disposiciones necesarias para recibir la comunión.
En primer lugar, hacen falta unas disposiciones internas, fundamentalmente tres: estar en gracia de Dios, saber a quién vamos a recibir y cumplir el ayuno eucarístico de una hora previa a la comunión. Es fundamental hallarse en estado de gracia, es decir, sin tener pecado mortal, como ha recordado la Iglesia siempre. Si uno se encuentra en pecado mortal, debe acercarse antes al Sacramento de la Penitencia o Reconciliación y confesarse debidamente, con el propósito claro de enmendar sus pecados y de no querer vivir más en pecado mortal.
En segundo lugar, también son necesarias unas disposiciones externas, pero de ellas quiero incidir sobre todo en algo que hoy, por la pérdida inconsciente del sentido natural y también sobrenatural del pudor, que es la custodia de la intimidad, se olvida con frecuencia: me refiero a la modestia en el vestir. Nuestra sociedad ha perdido progresivamente el valor de la decencia y el decoro en el vestir, incluso a la hora de entrar en un lugar sagrado como es una iglesia e incluso al comulgar. Al sacerdote muchas veces se le plantea la duda de dar o no dar la comunión a una persona, tanto hombre como mujer, que se acerca vestida casi como si fuera a la playa, y muchas veces le da la comunión considerando la ignorancia y la buena voluntad de esa persona y que interiormente puede encontrarse en gracia de Dios, y asimismo con el fin de evitar un escándalo mayor rechazando en público a un comulgante. Pero deberíamos ser conscientes de que vamos a recibir a Dios mismo y que, por lo tanto, deberíamos evitar ciertos vestidos que muchas veces son más bien desvestidos.
En fin, que la Santísima Virgen, la Mujer que llevó en su seno al mismo Hijo de Dios, nos haga tomar conciencia de la grandeza de la Eucaristía y de las disposiciones adecuadas para recibir a Jesucristo en este Sacramento, que es el verdadero pan de los ángeles bajado del cielo para alimentar nuestras almas. Que en este fin de curso Ella bendiga a los niños de nuestra Escolanía, que tienen la misión de los ángeles de dar gloria a Jesús Sacramentado, y bendiga también a los niños que han venido a las pruebas de acceso para el curso próximo. A los padres de unos y de otros os expreso nuestro agradecimiento por el servicio prestado y por la confianza depositada.
Conferencia del Plan Director en la Escolanía del Valle de los Caídos
El lunes 15 de mayo, un agente de la Guardia Civil ofreció una conferencia para los alumnos de Educación Primaria y otra para los de Secundaria de nuestra Escolanía, tratando temas relativos a riesgos de redes sociales y acoso escolar. Este tipo de conferencias, que forman parte del “Plan Director” del Ministerio de Interior, tiene lugar todos los años en la Escolanía desde hace varios cursos. Es una buena ocasión para que los escolanos tomen conciencia de estos problemas y conozcan además a los agentes de la Guardia Civil y la labor que desarrollan en favor de los niños y de la sociedad.







