Entre el viernes 23 y el jueves 29 de junio, un grupo de antiguos escolanos del Valle de los Caídos, varios de ellos pertenecientes a “Nova Schola”, pasaron unos días de convivencia en la Escolanía, contribuyendo con su canto a solemnizar la celebración diaria de la Santa Misa en la Basílica, ocupándose Fr. Javier de algunos ensayos. Además de esto y de mucho tiempo de juego, han participado en debates organizados por Fr. Miguel para aprender el arte de la dialéctica y el P. Prior Administrador ha guiado por las noches la oración con varias pláticas.
XVII Domingo de Tiempo Ordinario
Queridos hermanos: La predicación de la Palabra de Dios es una tarea llena de satisfacciones, pero también lleva consigo exigencias que comprometen al que predica y al que escucha. Todos encaramos los mismos peligros y avistamos los grandes panoramas que se presentan ante el que se deja llevar por la mano de Dios. El compromiso es llegar a poseer el pensamiento de Cristo, dejarle entrar en nuestra vida para que seamos auténtica imagen de Jesús, al que ha confiado la misión de ser el primogénito de muchos hermanos. Así nos habla el Señor a través de la carta de san Pablo a los Romanos y por eso queremos que esta celebración nos haga avanzar en esta identificación con Jesús en su relación tanto con el Padre, cuya voluntad es su alimento, como con los hermanos, pues en el Corazón de Jesús y en el de sus verdaderos discípulos, nadie enferma, sufre ni se alegra sin que no se haga uno con él para aliviarle y compartir sus alegrías.
Todos recordamos el relato de las 2 mujeres que disputaban ser madres del mismo hijo y el veredicto de Salomón. El Señor alaba de Salomón, prototipo de hombre sabio, no ser una enciclopedia viviente, sino haberse dirigido a Él para que le concediera discernimiento para escuchar y gobernar. El hombre de hoy tiene grandes dificultades para escuchar y discernir, porque la civilización moderna nos invade con sus ruidos y tampoco en muchos ambientes se educa a niños y adultos para vivir momentos de silencio en los que dirigirse a Dios y conocerse en sus debilidades, en los dones de Dios y en las misiones que se les confían.
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Escuchar a Dios significa silenciar tanto nuestro orgullo, que se complace en sus proyectos e ideas, como nuestro egoísmo, que busca satisfacer sus instintos y procurarse su seguridad, porque se fía más de sí mismo que de Dios. No es fácil escuchar a Dios, pues supone renuncias, pero tiene su recompensa y da paz. Descubrir la amistad de Dios, poder hablarle siempre y en toda circunstancia es un privilegio a nuestro alcance, pero no todos estamos dispuestos a darlo todo para merecer su compañía, para confiarle nuestras alegrías, penas, dudas y esperanza basada en su amor.
Queridos hermanos: el silencio, que el Señor nos descubre como cauce para encontrarnos con Él, también está presente en el Evangelio de hoy. Quien encuentra el tesoro en el campo no lo cuenta porque se lo robarían. Cuando ha comprado el campo se alegra, pero tampoco entonces se dice que lo cuente: trata de interiorizar ese tesoro. Por su parte, el comerciante que busca solo perlas finas, ha interiorizado el tesoro por medio del silencio. Pero lo que le distingue de otro comerciante es que es capaz de darlo todo, porque sabe que esa perla fina colma plenamente sus deseos.
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Ahí nos vemos confrontados nosotros. ¿Valoramos tanto nuestra amistad con el Señor que somos capaces de darlo todo por ser amigos de Cristo? ¿Estamos dispuestos a seguirle cargados con nuestra cruz como Él? ¿Queremos contarnos entre sus amigos, pero sin seguirle en su cruz? Salomón prefirió suplicar a Dios el don del discernimiento para ejercer bien su servicio de autoridad y no le pidió riquezas ni éxitos personales. Hay una gran diferencia en encontrarse con un tesoro sin esfuerzo, aunque después no lo habría alcanzado sin el silencio del encuentro con Dios.
Pero hay un paso más al que el Señor nos invita, queridos hermanos, porque si buscamos perlas finas, si seguimos a Cristo hasta la Cruz e imitamos su pasión, que diría san Ignacio de Antioquía, causamos una conmoción que no pasa desapercibida y arrastra a muchos indecisos. El B. benedictino Alfredo Ildefonso Schuster, cardenal-arzobispo de Milán, dijo a sus seminaristas poco antes de morir: “La gente parece que no se deja convencer por nuestra predicación, pero frente a la santidad todavía cree, se arrodilla y reza; la gente parece que vive de espaldas a las realidades sobrenaturales, indiferentes a los problemas de la salvación, mas si pasa un santo auténtico, vivo o muerto, todos acuden a su encuentro”. Al poco se confirmó la verdad de sus palabras y el carisma profético de su vida, porque a su entierro asistió una multitud, como ocurrió con otros profetas de nuestro tiempo como S. Pío de Pietrelcina o el Papa S. Juan Pablo II.
La Eucaristía no nos puede dejar indiferentes. Si he conocido a Dios, si creo que Jesús se hace presente aquí y que me invita a seguirle, no puedo darle la espalda y si lo hago, no podré heredar la vida eterna. No basta decir Señor, Señor, para pertenecer a Cristo; es preciso cumplir lo que nos manda: seréis mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Pero tanto en el evangelio de este domingo como en el del anterior, si damos la espalda a Cristo, ante sus hijos necesitados o con nuestra vida opuesta a los mandamientos, un día los ángeles nos separarán de los buenos y nos echarán al horno encendido. Una seria advertencia que no podemos pasar por alto para que no seamos piedra de escándalo, sino buscadores de la perla fina de la amistad con Cristo hasta la Cruz.
Por último, queridos hermanos, hoy se celebra el aniv. del martirio de los BB. Agustín María, Anselmo Pablo, Braulio José, Oseas, Norberto José, Crisólogo, Esteban Vicente y Virginio Pedro, todos ellos religiosos de la Orden de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, más conocidos como hermanos de la Salle o lasallianos, cuyas reliquias custodiamos en nuestra basílica. Encomendémosles nuestras intenciones por mediación de Ntra. Sra. Valle. Que así sea.
Peregrinaciones al Valle de los Caídos a finales de junio
El lunes 26 de junio, 180 niños y jóvenes de Comunión y Liberación, provenientes de un campamento en Peguerinos (Ávila), llegaron al Valle de los Caídos, donde fueron primero atendidos por el P. Juan Pablo, quien les ofreció una charla sobre la vida de los monjes, y luego Fr. Javier les guio para la visita al lugar. El P. Santiago les facilitó alojamiento en el claustro y el patio de la Escolanía, donde pasaron la noche hasta que al día siguiente por la mañana retornaron a su campamento. El jueves 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, unas 100 niñas y jóvenes de La Obra de la Iglesia asistieron a la Misa conventual de 11 h., ese día solemnizada en el canto por un grupo de antiguos escolanos de “Nova Schola”, y fueron atendidas luego por el P. Alfredo Maroto.
Santiago Apóstol
“Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro”, nos ha dicho San Pablo en la segunda carta a los Corintios (2Cor 4,7-15). ¿A qué tesoro se refiere? A la fe en Jesucristo que se nos ha transmitido. Un tesoro que hemos recibido en España, según una venerable tradición, gracias a la labor evangelizadora del propio San Pablo –cosa que verifica el papa San Clemente I– y de Santiago, el primero de los apóstoles en beber el cáliz del martirio que el Señor le anunció en el texto del Evangelio que se ha leído (Mt 20,20-28) y que se nos ha narrado en la lectura de los Hechos de los Apóstoles (Hch 4,33.5.12.27b-33; 12,1b). Por eso Santiago y San Pablo están representados en el mosaico de nuestra cúpula al frente de los grupos de santos y mártires españoles.
El tesoro de la fe es el mayor que sin duda alguna podemos haber recibido, porque es la fe en el Dios verdadero y en su Hijo Jesucristo, el único Salvador para todos los hombres y para todos los pueblos. Y así, como dice San Pablo a los corintios, aunque hoy nos aprieten por todos lados, nos acosen y nos derriben, no quedamos aplastados, ni desesperados, ni abandonados, ni derrotados, porque participamos de la vida y Pasión de Jesús y también de su presencia resucitada, que nos da una fuerza inquebrantable. Por eso, porque la Iglesia en España entiende que lo más precioso para nosotros es la fe recibida, pide en la oración colecta de la Misa que, por el martirio y la intercesión de Santiago, “España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos”.
¿España y la fe en Cristo? Hoy a algunos les produce escalofrío pensar en la relación entre España y la fe en Cristo, por rechazo a ambas o a una de las dos, y lamentablemente esta confusión está presente incluso entre algunos católicos, como confusión también supone el temor a hablar del concepto de “patria” y del patriotismo. Sin embargo, San Juan Pablo II no dudó en proponer una “teología de la patria” sobre fundamentos bíblicos (Memoria e identidad, Madrid, 2005, caps. 11-15) y explicó que la patria es un patrimonio, “el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados”, que “incluye también valores y elementos espirituales que integran la cultura de una nación” (Memoria e identidad, 2005, p. 78). Ya San Isidoro de Sevilla, invocado en la Edad Media como “Doctor de las Españas”, explicaba que “el nombre de patria se debe a que es común a todos los que en ella han nacido” (Etimologías, lib. XIV, 5, 19).
Asimismo, el santo papa Juan Pablo II enseñaba que el patriotismo es parte del cuarto mandamiento de la Ley de Dios y que “significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. Un amor que abarca también las obras de los compatriotas y los frutos de su genio”. Frente al riesgo del nacionalismo, que quiere sólo el bien de la propia nación sin contar con los derechos de las demás, el santo Papa proponía precisamente el patriotismo, porque es un amor social ordenado, un amor a la patria que reconoce a todas las otras naciones los mismos derechos que reclama para la propia (ibid., pp. 85-88).
Ciertamente, el verdadero patriotismo es una virtud de Ley Natural, la virtud del recto amor a la patria, según lo ha entendido siempre la moral católica, que lo hace derivar de la piedad filial, del amor a los padres, del cuarto mandamiento de la Ley de Dios. Así se expresa con claridad en el Catecismo de la Iglesia Católica, donde se dice que “el amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad” (nº 2239).
Como el amor a la patria es de Derecho Natural y, por lo tanto, se descubre universalmente en todos los pueblos, el siervo de Dios cardenal Van Thuan lo enseñaba y exhortaba a él en un poema del que selecciono algunos versos en los que, si queréis, podéis poner el nombre de España donde él dice Vietnam, y que tituló “Tú tienes una patria”: “Tú tienes una patria, el Vietnam; / un país tan amado, a lo largo de los siglos, / es tu arrogancia, tu alegría. […] Ama su historia gloriosa, / ama su pueblo laborioso, / ama sus heroicos defensores. […] Ayuda a tu patria con toda tu alma, / sé fiel a ella. / Defiéndela con tu cuerpo y con tu sangre, / constrúyela con tu corazón y con tu mente, / comparte la alegría de tus hermanos / y la tristeza de tu pueblo. / Un Vietnam. / Un pueblo. / Un alma. / Una cultura. / Una tradición. / Católico vietnamita, / ¡ama mil veces tu patria! / El Señor te lo enseña, la Iglesia te lo pide. / Pueda el amor de tu patria ser todo uno / como la sangre que corre en tus venas”.
La confusión, por tanto, no está en hablar del sentido de la patria o de España en concreto como patria, ni en entender que aquello que esencialmente ha configurado la tradición hispánica es la fe en Cristo. De algún modo, usando la imagen paulina, los hitos principales de la Historia de España y gran parte de las mejores obras de nuestro arte, de nuestra literatura y de nuestro pensamiento, son las vasijas de barro en las que España ha conservado y transmitido el tesoro de la fe en Cristo.
No dudemos, pues, en invocar hoy a Santiago como Patrón de España, como lo hiciera, entre otros muchos, Fray Luis de León, que recordaba que por la intercesión del Apóstol “son las Españas / del yugo desatadas / del bárbaro furor, y libertadas”, y “a España, a quien amaste / […] tu cuerpo le enviaste / para dar luz a donde / el sol su resplandor cubre y esconde” (Poesía a Santiago). Pidamos que Santiago, a quien ya San Beato de Liébana denominó “áurea cabeza de España, nuestro protector y patrono” (Himno O Dei Verbum), y la Virgen Santísima, Reina de los Apóstoles, a la que Alfonso X el Sabio invocó como “Santa María de España”, conduzcan de nuevo a nuestra patria y a todas las patrias de Europa a descubrir y recuperar su esencia cristiana.
Encuentro Silense en la Abadía de Leyre
El lunes 12 y el martes 13 de junio, la Familia Silense (monasterios españoles de la Congregación de Solesmes: Abadías de Silos, Leyre y Valle de los Caídos, y Priorato de Montserrat de Madrid) tuvo un encuentro fraterno en la Abadía de San Salvador de Leyre, con ocasión de la celebración de las bodas de oro sacerdotales de Dom Luis Pérez, Abad Emérito de Leyre. Los monjes provenientes de Silos y del Valle fueron magníficamente recibidos por los de Leyre, con su Abad en ejercicio a la cabeza, Dom Juan Manuel Apesteguía. La delegación de Silos iba encabezada por su Abad, Dom Lorenzo Maté, y la del Valle por su Prior Administrador. El martes 13 tuvo lugar la celebración de los 50 años de sacerdocio del P. Luis, con la Santa Misa en la iglesia del monasterio y la comida fraterna en el refectorio después del rezo de Sexta, seguida de una recreación muy animada. El día 12, en el recreo de la noche antes de Completas, el P. Luis había ofrecido una síntesis de su vida agradecida al don del sacerdocio. A la ida hacia Leyre, los monjes del Valle que acudieron, hicieron escalas en Ágreda (Soria), donde pudieron visitar el monasterio de las monjas concepcionistas franciscanas y el Museo de la M. María Jesús de Ágreda, famosa mística del siglo XVII que mantuvo una importante relación epistolar con el rey Felipe IV, siendo recibidos por la M. Abadesa y la M. Vicaria; y también se detuvieron para visitar el castillo de Olite (Navarra). Al regreso, pararon en El Burgo de Osma (Soria).
Encuentro con la comunidad ortodoxa rumana en Majadahonda
El domingo 11 de junio, el P. Prior Administrador de nuestra Abadía asistió a la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo en la capilla de la Iglesia Ortodoxa Rumana de Majadahonda por invitación de la comunidad rumana, que fue celebrada por Mons. Timotei, Obispo Ortodoxo Rumano en España y Portugal, asistido por el párroco de dicho Obispado en Majadahonda, P. Nicodemo. Aunque católicos y ortodoxos no pueden concelebrar juntos, el P. Prior Administrador fue situado en un lugar de honor durante la celebración eucarística y fue objeto de todas las deferencias y amabilidades por parte de los sacerdotes rumanos (P. Nicodemo y P. Sorin) y de Mons. Timotei, que agradeció la presencia del P. Santiago como muestra de cercanía entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa Rumana en España y por el aprecio existente en el seno de ésta hacia el Valle de los Caídos como santuario de reconciliación nacional y por la presencia benedictina en él. La relación fraterna entre la Abadía Benedictina y la comunidad ortodoxa rumana se viene estrechando desde hace unos años. Buena parte del aprecio al Valle viene de la condición monástica de Mons. Timotei y de varios de los sacerdotes rumanos. A continuación de la celebración litúrgica, hubo una comida de hermandad con platos típicos de Rumanía, presidida por Mons. Timotei y el P. Superior del Valle. La comunidad rumana en España supera en estos momentos el millón de personas.








