El sábado 1 de julio, un grupo de niños de la parroquia de la Santísima Trinidad de Collado Villalba (Villalba-Estación, Madrid), visitó el Valle de los Caídos con su párroco (D. José Luis) al frente, así como con varios monitores y un antiguo escolán componente de “Nova Schola” (José Luis Alameda). Fueron recibidos por el P. Prior Administrador, quien les ofreció una sencilla explicación de la Basílica y de la vida benedictina, y luego visitaron la Escolanía y disfrutaron del monte, de juegos y de comida en el campo. Esa misma mañana, asistió a la Santa Misa conventual de 11 h. un grupo de 21 Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) de Barcelona y Cataluña, a los que a continuación acompañó el P. José Ignacio para visitar el monasterio. El domingo 2 de julio vino un grupo de más de 100 peregrinos de Portugal a la Misa conventual de 11 h., al término de la cual, como viene siendo habitual, Fr. Julio bendijo sus rosarios y otros objetos religiosos y cantaron devotamente a la Santísima Virgen. El miércoles 5 de julio por la tarde llegó un grupo de unos 100 niños del campamento parroquial de Yepes (Toledo), que fue atendido por varios monjes; celebraron la Santa Misa, tuvieron confesiones, visitaron el Valle y dispusieron de tiempo de juego. El jueves 6 de julio vino otro grupo del campamento parroquial de Moratalaz (Madrid); y el sábado 8 julio un grupo de familias ucranianas de la capellanía ucraniano-católica de Alcalá de Henares, con su capellán el P. Vladimir al frente, fue recibido por el P. Alfredo Maroto.
La Transfiguración del Señor
Hermanos: La fiesta de la Transfiguración es una manifestación del Señor a tres de sus discípulos para que más tarde diesen testimonio de lo que ellos vieron y gozaron, y sirviera de fundamento a la fe de los vendríamos tras ellos a creer en Jesús. Jesús no sólo se había manifestado como hombre, también les había enseñado a sus discípulos que era Hijo de Dios, Dios verdadero. Poco a poco Jesús les va revelando, aunque no del todo, el misterio de su persona divina. Les va clarificando lo esencial, pero todavía le quedará al Espíritu Santo revelar muchas cosas, que sin ser nuevas y hallando en la Sagrada Escritura su base, han ido iluminando el misterio de las tres divinas personas. La transfiguración tiene un objetivo más inmediato, asumir la muerte de Cristo no como el hundimiento de la obra de Cristo y su encarnación, sino como una etapa, aunque totalmente imprevisible en la revelación natural más pura, y menos aún en la lógica y ni siquiera en la imaginación humana, en los planes de Dios era muy importante la muerte redentora de Cristo como satisfacción por la gran injusticia del pecado.
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En los planes divinos se contemplaba el desconcierto humano por la muerte tan humillante de Cristo, que a pesar de estar profetizada, sobre todo por el mismo carisma profético de Jesús en su predicación, sus discípulos no daban crédito a esas palabras. Esa oposición a admitir que su Maestro tuviera que pasar por tal ignominia atestigua la veracidad histórica de los relatos evangélicos y su inspiración divina, que rompe todos los moldes del pensar y actuar humano más racionales.
La Transfiguración ocurrió para fortalecer la fe de los tres discípulos, y además la de la multitud de discípulos que iban a sumarse durante siglos, para asumir en fe que era necesario que Cristo muriese vicariamente por los hombres, para que el Padre recibiese la gloria de la justicia satisfecha, y el Hijo fuese glorificado por el Padre por su gran amor al Padre y a los hombres, a los que tomó por hermanos. La Transfiguración es una manifestación del amor del Corazón de Jesús para nosotros. Hoy, pues, nos encontramos sacramentalmente envueltos en la nube que cubrió a los discípulos en lo alto del monte, identificado por la tradición en el monte Tabor. Esto significa que el Señor nos hace partícipes aquí y ahora de este don por el que nos quiere comunicar un conocimiento interno del misterio de su persona. Abramos nuestro corazón a esta participación en el misterio de Cristo.
Esta comunicación es misteriosa en sí misma y no la podemos sentir en el cuerpo ni cuantificar mentalmente. Pero a través de los textos de la Sagrada Escritura que se han proclamado, y de los textos litúrgicos, que el Espíritu Santo también ha inspirado, en esa revelación que no ha cesado jamás en la Iglesia, aunque no tenga el peso de la revelación pública, nos ofrecen rasgos bien definidos del tenor del don divino que el Señor nos quiere comunicar hoy: la aceptación del misterio de Dios, no condicionado por la estrechez de la mente humana, sino el misterio del que hace partícipes a los hombres que aman a Dios y se fían de su amor infinito al hombre.
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En el Antiguo Testamento el profeta Daniel descubre un rasgo del Hijo del hombre muy novedoso: el Hijo del hombre comparte trono, por así decir, con Dios mismo. Antes de Cristo era impensable identificar al Hijo del hombre con el Mesías. Identificar al Mesías con Dios para un judío suponía una blasfemia. De hecho esa fue la acusación que presentaron contra Jesús sus enemigos los fariseos, escribas y sacerdotes unidos en un mismo objetivo aunque tuviesen contenciosos siempre abiertos de unos contra otros: “Éste se hace llamar Dios.”
Nosotros aparentemente no tenemos ningún problema al confesar no sólo dos, sino tres personas divinas. A nivel cerebral nosotros parece como si estuviésemos muy por encima de esas polémicas verbales. El problema aparece por así decir en la práctica. En nosotros hay una resistencia, nada fácil de vencer, en dejar a Dios que sea “el Pastor supremo” (1 Pe 5,4) en nuestra vida. Nosotros nos hemos apropiado el decir la última palabra en todo. Podemos incluso protestar y decir que eso no es así. Al final se cumplirá lo que nos dice el profeta Daniel: que todas las naciones le servirán. Pero ahora estamos en ese tiempo de prueba, que es nuestra vida terrena, en que podemos permitirnos discrepar de la Voluntad de Dios y tomar el rumbo que nos parezca, pero tendremos que dar cuenta si nos encaminamos en dirección opuesta a los mandamientos de Dios.
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En el Evangelio la voz del Padre, además de dejar claro que Jesús es su Hijo, nos da un único mandamiento. Esto también es novedoso, pues mientras el mismo Jesús había enseñado que todos los mandamientos se reducen a dos: “el amor a Dios y al prójimo,” el Padre desde la nube lo compendia aún más en uno solo: “Escuchadle”. Una sola palabra. Pero ¡qué mensaje tan profundo y cuánto abarca esa sola palabra! En vez de cosas que cumplir se centra en una persona, la persona de Jesús. Escucharle equivale a obedecerle. Para obedecer es evidente que hay que estar pendiente de sus labios, o, si se quiere, de sus manos, “como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores” – dice el Salmo 123, pues estas también transmiten mensajes que todos entendemos.
Nos da miedo escuchar a Dios. Nos puede hacer imposible el vivir a nuestro aire: “ahora sigo esta línea, si me canso voy por este otro camino, ahora me propongo ser caritativo, pero si no me lo agradecen o me lo interpretan mal me vengo secreta o abiertamente de los que no me alaban, etc.” Estar firmemente decididos a seguir la Palabra de Dios no es tarea llevadera, es necesario pedir constantemente al Señor que nos ayude, pues nos desanimamos con facilidad al ver la oposición que suscita, o lo arduo que es negarse a sí mismo. Nos falta la confianza del niño que mira al padre y le escucha pensando que su padre sabe todo y no le engaña. No debemos desconfiar de ese padre infinitamente sabio y bondadoso. ¿Cómo nos atrevemos a corregir a Dios? ¿No hay que ser como niños? Cada vez que desobedecemos nos ponemos por encima de Dios. También maltratamos a Dios en su Eucaristía, por falta de reverencia. Si nosotros creemos en su Palabra y tratamos al Señor con amor, cuidando y protegiendo que en su distribución no se haga nada indigno, entraremos triunfantes en el cielo, de lo contrario tendremos que pasar una larga purificación.
Escuchar a Jesús es no solo aplicar el oído externo a lo que dice; es seguirle e imitarle en sus actitudes: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29); es también contemplarle para que su mensaje quede grabado en nuestro interior e incluso sea Él mismo quien hable en nuestro interior, porque le hemos dado cabida en nuestro corazón: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn 14,23).
La contemplación de Jesús nos impulsa a una vida de caridad verdadera, a una caridad que no se quede en el pensamiento, sino que tenga gestos efectivos de amor, incluso con aquellos con los que nos cuesta relacionarnos. Pero, para que ese impulso pueda llevar a término esas inspiraciones del Espíritu, necesita de la gracia que recibimos en los sacramentos. Sin la participación asidua y cada vez mejor preparada y acogida de estos dones sagrados, que nos injertan en Cristo, nunca pasaremos de ser cristianos mediocres, incapaces de convencer a nadie a que siga a Jesús y le ame.
La Eucaristía que celebramos es ocasión, por la intercesión de la Santísima Virgen, que no debemos perder para que nos ayude a quitar esas trabas, esa falta de arrepentimiento de nuestras faltas, que nos impiden avanzar y nos infunda la fuerza de amar a Dios y a nuestros hermanos efectivamente.
Viaje de la Escolanía del Valle de los Caídos a Tenerife
Entre el viernes 23 y el jueves 29 de junio, los niños de la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos disfrutaron de un viaje a Canarias, concretamente a Tenerife, con motivo de la invitación para cantar en dos actuaciones musicales, conocer la isla y aprovechar sus entretenimientos, por parte de “Mi Tierra Televisión”. Viajaron el viernes 23 por la tarde-noche y se hospedaron durante todos los días en la Casa Diocesana de Espiritualidad “Nuestra Señora de la Candelaria”. Allí coincidieron durante unos días con Pilar Soto, madrina de la Escolanía. El sábado 24 de junio, los escolanos visitaron el museo de Almeyda y por la tarde ofrecieron un concierto en el Auditorio “Timanfaya” del Puerto de la Cruz, que estuvo lleno de público, el cual aplaudió y valoró altamente el canto de los niños, dirigidos por el P. Laurentino Sáenz de Buruaga en la parte de Gregoriano y por D. Raúl Trincado en la Polifonía, con Dª Valentina Naida al piano; el concierto fue retransmitido por “Mi Tierra Televisión”. El domingo 25 cantaron la Santa Misa en La Matanza y visitaron la Isla Baja y el Dragó Milenario del Icod. El lunes 26 realizaron una visita al Lago Martiánez y a San Cristóbal de La Laguna. El martes 27 fueron al Loro Parque, magnífico zoológico de fama internacional, y disfrutaron de un buen baño en Playa Jardín. El miércoles 28 estuvo dedicado a la visita al Teide y La Orotava. El jueves 29 pudieron bañarse en la playa y por la tarde retornaron a Madrid, marchando desde el aeropuerto a sus casas para las vacaciones de verano. Aunque la grabación no es perfecta, ofrecemos el vídeo del concierto en Puerto de la Cruz en este enlace.
Encuentro de antiguos escolanos del Valle de los Caídos y Nova Schola
Entre el viernes 23 y el jueves 29 de junio, un grupo de antiguos escolanos del Valle de los Caídos, varios de ellos pertenecientes a “Nova Schola”, pasaron unos días de convivencia en la Escolanía, contribuyendo con su canto a solemnizar la celebración diaria de la Santa Misa en la Basílica, ocupándose Fr. Javier de algunos ensayos. Además de esto y de mucho tiempo de juego, han participado en debates organizados por Fr. Miguel para aprender el arte de la dialéctica y el P. Prior Administrador ha guiado por las noches la oración con varias pláticas.
XVII Domingo de Tiempo Ordinario
Queridos hermanos: La predicación de la Palabra de Dios es una tarea llena de satisfacciones, pero también lleva consigo exigencias que comprometen al que predica y al que escucha. Todos encaramos los mismos peligros y avistamos los grandes panoramas que se presentan ante el que se deja llevar por la mano de Dios. El compromiso es llegar a poseer el pensamiento de Cristo, dejarle entrar en nuestra vida para que seamos auténtica imagen de Jesús, al que ha confiado la misión de ser el primogénito de muchos hermanos. Así nos habla el Señor a través de la carta de san Pablo a los Romanos y por eso queremos que esta celebración nos haga avanzar en esta identificación con Jesús en su relación tanto con el Padre, cuya voluntad es su alimento, como con los hermanos, pues en el Corazón de Jesús y en el de sus verdaderos discípulos, nadie enferma, sufre ni se alegra sin que no se haga uno con él para aliviarle y compartir sus alegrías.
Todos recordamos el relato de las 2 mujeres que disputaban ser madres del mismo hijo y el veredicto de Salomón. El Señor alaba de Salomón, prototipo de hombre sabio, no ser una enciclopedia viviente, sino haberse dirigido a Él para que le concediera discernimiento para escuchar y gobernar. El hombre de hoy tiene grandes dificultades para escuchar y discernir, porque la civilización moderna nos invade con sus ruidos y tampoco en muchos ambientes se educa a niños y adultos para vivir momentos de silencio en los que dirigirse a Dios y conocerse en sus debilidades, en los dones de Dios y en las misiones que se les confían.
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Escuchar a Dios significa silenciar tanto nuestro orgullo, que se complace en sus proyectos e ideas, como nuestro egoísmo, que busca satisfacer sus instintos y procurarse su seguridad, porque se fía más de sí mismo que de Dios. No es fácil escuchar a Dios, pues supone renuncias, pero tiene su recompensa y da paz. Descubrir la amistad de Dios, poder hablarle siempre y en toda circunstancia es un privilegio a nuestro alcance, pero no todos estamos dispuestos a darlo todo para merecer su compañía, para confiarle nuestras alegrías, penas, dudas y esperanza basada en su amor.
Queridos hermanos: el silencio, que el Señor nos descubre como cauce para encontrarnos con Él, también está presente en el Evangelio de hoy. Quien encuentra el tesoro en el campo no lo cuenta porque se lo robarían. Cuando ha comprado el campo se alegra, pero tampoco entonces se dice que lo cuente: trata de interiorizar ese tesoro. Por su parte, el comerciante que busca solo perlas finas, ha interiorizado el tesoro por medio del silencio. Pero lo que le distingue de otro comerciante es que es capaz de darlo todo, porque sabe que esa perla fina colma plenamente sus deseos.
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Ahí nos vemos confrontados nosotros. ¿Valoramos tanto nuestra amistad con el Señor que somos capaces de darlo todo por ser amigos de Cristo? ¿Estamos dispuestos a seguirle cargados con nuestra cruz como Él? ¿Queremos contarnos entre sus amigos, pero sin seguirle en su cruz? Salomón prefirió suplicar a Dios el don del discernimiento para ejercer bien su servicio de autoridad y no le pidió riquezas ni éxitos personales. Hay una gran diferencia en encontrarse con un tesoro sin esfuerzo, aunque después no lo habría alcanzado sin el silencio del encuentro con Dios.
Pero hay un paso más al que el Señor nos invita, queridos hermanos, porque si buscamos perlas finas, si seguimos a Cristo hasta la Cruz e imitamos su pasión, que diría san Ignacio de Antioquía, causamos una conmoción que no pasa desapercibida y arrastra a muchos indecisos. El B. benedictino Alfredo Ildefonso Schuster, cardenal-arzobispo de Milán, dijo a sus seminaristas poco antes de morir: “La gente parece que no se deja convencer por nuestra predicación, pero frente a la santidad todavía cree, se arrodilla y reza; la gente parece que vive de espaldas a las realidades sobrenaturales, indiferentes a los problemas de la salvación, mas si pasa un santo auténtico, vivo o muerto, todos acuden a su encuentro”. Al poco se confirmó la verdad de sus palabras y el carisma profético de su vida, porque a su entierro asistió una multitud, como ocurrió con otros profetas de nuestro tiempo como S. Pío de Pietrelcina o el Papa S. Juan Pablo II.
La Eucaristía no nos puede dejar indiferentes. Si he conocido a Dios, si creo que Jesús se hace presente aquí y que me invita a seguirle, no puedo darle la espalda y si lo hago, no podré heredar la vida eterna. No basta decir Señor, Señor, para pertenecer a Cristo; es preciso cumplir lo que nos manda: seréis mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Pero tanto en el evangelio de este domingo como en el del anterior, si damos la espalda a Cristo, ante sus hijos necesitados o con nuestra vida opuesta a los mandamientos, un día los ángeles nos separarán de los buenos y nos echarán al horno encendido. Una seria advertencia que no podemos pasar por alto para que no seamos piedra de escándalo, sino buscadores de la perla fina de la amistad con Cristo hasta la Cruz.
Por último, queridos hermanos, hoy se celebra el aniv. del martirio de los BB. Agustín María, Anselmo Pablo, Braulio José, Oseas, Norberto José, Crisólogo, Esteban Vicente y Virginio Pedro, todos ellos religiosos de la Orden de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, más conocidos como hermanos de la Salle o lasallianos, cuyas reliquias custodiamos en nuestra basílica. Encomendémosles nuestras intenciones por mediación de Ntra. Sra. Valle. Que así sea.
Peregrinaciones al Valle de los Caídos a finales de junio
El lunes 26 de junio, 180 niños y jóvenes de Comunión y Liberación, provenientes de un campamento en Peguerinos (Ávila), llegaron al Valle de los Caídos, donde fueron primero atendidos por el P. Juan Pablo, quien les ofreció una charla sobre la vida de los monjes, y luego Fr. Javier les guio para la visita al lugar. El P. Santiago les facilitó alojamiento en el claustro y el patio de la Escolanía, donde pasaron la noche hasta que al día siguiente por la mañana retornaron a su campamento. El jueves 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, unas 100 niñas y jóvenes de La Obra de la Iglesia asistieron a la Misa conventual de 11 h., ese día solemnizada en el canto por un grupo de antiguos escolanos de “Nova Schola”, y fueron atendidas luego por el P. Alfredo Maroto.







