El miércoles 29 de noviembre, el P. Superior de la Comunidad benedictina celebró la Santa Misa de los Mártires de Paracuellos en el cementerio de esa localidad, que es en el momento presente el que cuenta con un mayor número de mártires beatificados de todos los que sufrieron el martirio en 1936 por su fidelidad a Jesucristo. El sábado 9 de diciembre, el mismo P. Superior impartió un retiro a la comunidad de las Carmelitas de la Caridad (Vedruna) de San Lorenzo de El Escorial. Por otra parte, el P. Juan Pablo Rubio participó en el Seminario Permanente Interdisciplinar de Música Sacra, celebrado el lunes 18 y el martes 19 de diciembre en la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat de Roma.
Concierto de la Escolanía del Valle de los Caídos en Madrid
El sábado 2 de diciembre por la tarde, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos ofreció un concierto y a continuación cantó la Santa Misa en la Parroquia de la Beata María Ana de Jesús, de Madrid. Dirigieron, como es habitual, el P. Laurentino Sáenz de Buruaga y D. Raúl N. Trincado Dayne, respectivamente las partes de canto gregoriano y de polifonía, y D. Ignacio Muñoz se hizo cargo del órgano. La actuación de la Escolanía se realizó por petición de su párroco, D. Santos Montoya, quien el día 29 de diciembre siguiente sería nombrado nuevo obispo auxiliar de Madrid por Mons. Carlos Osoro Sierra, Cardenal Arzobispo de Madrid. El nuevo obispo auxiliar es amigo de la comunidad benedictina desde hace años y especialmente hubo una relación muy cercana en los años en que estuvo al frente del Seminario Menor y Colegio Diocesano de La Inmaculada – San Dámaso de Madrid, donde han proseguido sus estudios algunos antiguos escolanos del Valle.
II Domingo del Tiempo Ordinario
Hermanos amados en el Señor: San Pablo exhortaba a sus fieles diciéndoles:Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino santa. Por tanto, quien esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os ha dado su Espíritu Santo. (1 Tes 4,7-8) Esta vocación a una vida santa, a una vida en Dios, viviendo sus mandamientos y e interiorizándolos de tal manera que lleguemos a la santidad es un ideal muy sublime. Quizás pensemos que eso es inviable en el mundo en que vivimos, que más valdría pisar tierra, y, en todo caso, proponer algo que esté a nuestro alcance. Veamos qué solución nos da las lecturas que hemos escuchado en esta celebración.
En el Salmo que se ha cantado, se nos ha dado una síntesis a modo de eco orante a la primera lectura y también del Evangelio, pues en una y otra se nos ha hablado de la vocación de hombres que se dejaron conducir por Dios, lo cual es modelo y guía válido para todo fiel que escucha en la Palabra la voz viva de Dios dirigida para él en este momento de su vida, en el hoy de nuestra celebración litúrgica, que será para muchos el alimento para toda la semana.
En la primera estrofa nos hablaba de cómo se iba fraguando ese encuentro con Dios: Yo esperaba con ansia al Señor; Él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios.¡Qué maravilla!, el hombre se dirige a Dios –en realidad cuando hacemos esto Dios ya está obrando en nosotros sin darnos cuenta que la iniciativa no ha sido nuestra sino de nuestro Padre que nos estaba llamando y resulta que apareció en las palabras del que compuso el Salmo, sin haberlo pensado, un cántico nuevo. Dios precede con su gracia a la iniciativa humana, aun cuando parece que hay personas que son buenas y les brota espontáneamente. Como si hubiesen nacido perfectos, santos ya hechos. En el caso de Samuel, por ejemplo, no se quedaba remolón en la cama, sino que hasta cuatro veces interrumpió el sueño para obedecer, para escuchar, que en la Biblia es lo mismo. Pero el Señor nos enseña en el Evangelio algo muy profundo, que nos revela su actuación secreta: Sin Mí, no podéis hacer nada. Con esto no anula Dios al hombre, sino que tiene como una secreta iniciativa amorosa y el hombre debe colaborar y llegar a descubrir que es Dios quien nos llama de mil maneras, incluso por medio del fracaso, del dolor y de la injusticia padecida directa o indirectamente. Dios tiene mil medios de hablarnos y quiere que los descubramos en la oración, o por la lectura de su Palabra, por los acontecimientos, o el consejo de otro, como Samuel. Juan Bautista siendo un gran maestro de vida espiritual les señaló a sus discípulos a quien podía enseñarles todavía mejor: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Y Andrés le enseña inmediatamente a su hermano Pedro: Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo. Y así se va formando una cadena. El que ha descubierto al Señor le enseña a otro su descubrimiento: es su testigo. Hay algunos que muriendo por Cristo le anuncian y dan a conocer de una manera sublime, grandiosa. En esta basílica reposan los restos de muchos de estos testigos. 54 ya han sido beatificados, otros lo pueden ser en los años siguientes o permanecerán anónimos hasta el juicio final.
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Y ahora viene la segunda estrofa del Salmo que a modo de síntesis nos guía en las lecturas de hoy: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, | y, en cambio, me abriste el oído; | no pides holocaustosni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy | —como está escrito en mi libro— para hacer tu voluntad.» Con esto no se dice que al Señor no le gusta que le demos culto, como lo estamos haciendo ahora, ya que es incluso uno de sus mandamientos, sino que no quiere un culto pleno que sea realmente hacer su voluntad siempre y a todas horas. No creamos que con un solo mandamiento hemos hecho todo el bien que debemos hacer, pues los mandamientos son diez, y además quiere que vivamos las ocho bienaventuranzas. El cristiano tiene una agenda en la que no queda tiempo para remolonear en nuestras tareas; la pereza es un pecado capital y es el terreno en el que el demonio nos tienta, y tiene disfraces hasta de PERSONA LABORIOSA Y EFICAZ, ¡ojo! Nuestro egoísmo, en la vertiente de pereza, hace que nuestro servicio a Dios sea deficiente.
Pero nos habíamos dejado la enseñanza de san Pablo en su carta a los Corintios. Una enseñanza muy actual. No dice lo que se suele oír hoy por todas partes: Yo soy dueño de mi cuerpo, o de mi tiempo, de mis cosas. Y esto en sentido absoluto. Ahí no se puede meter nadie. Pero en la práctica se nos mete el enemigo porque nos falta oración. En la oración y en la meditación de la Palabra de Dios, como ahora estamos haciendo, el Señor nos descubre que nuestro cuerpo es templo vivo de su gloria donde habitan las tres divinas personas. Luego no puedo dar mi cuerpo a la fornicación o a la impureza. Ni le puedo alimentar con cosas que le perjudiquen por la excesiva cantidad, o porque son dañinas como las drogas o el alcohol, o con los tatuajes, aunque sean imágenes piadosas. Hoy día estamos conculcando el dogma de la creación de muchas maneras. Queremos enmendarle y corregirle al Señor.
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Nadie tenemos las manos limpias, hermanos queridos, es cierto. Venimos aquí a que el Señor con su sombra santificadora nos purifique, como cuando el sacerdote hace sombra con sus manos para que santifique el pan y el vino y se conviertan por obra del Espíritu Santo en el Cuerpo y la Sangre del Señor. El Señor cuando iba entre la multitud le tocaban con fe y quedaban curados. Pasó y pasa ahora en sus sacramentos haciendo el bien. También nos anuncia, por los acontecimientos de todo tipo que estamos viviendo, el cumplimiento de las señales de su segunda venida, que va a venir. Y su primera llegada será en nuestro corazón; y nos hemos de preparar, para que no nos coja desprevenidos. Pero hay algo muy consolador propio de la misericordia divina: que la medida de nuestra preparación, por pequeña que sea, dará sus frutos en aquellos momentos de purificación y de prueba que vienen a este mundo a la hora que el Señor fije, que nos va a sorprender a todos como cuando nos asalta un ladrón. El miedo viene del demonio y la paz acompañará a los que, dóciles como los animales que saben buscar cobijo en la tormenta, se resguardan en los sacramentos bien recibidos y con frecuencia y perseveran en el cumplimiento de su Voluntad. Esa es la Buena noticia que nos da el Señor. El que sigue con prontitud la Voluntad de Dios no ha de temer su venida. Al contrario, está deseando ese encuentro de iluminación de las conciencias y de santificación.
Peregrinos y ejercitantes en el Valle de los Caidos a inicios de diciembre
Entre los grupos de peregrinos que han acudido al Valle de los Caídos a comienzos del mes de diciembre, cabe destacar algunos como el del sábado 2 de diciembre, de catequesis de Coslada (Marid); asistieron a la Misa conventual de 11 h. y un sacerdote encargado del grupo concelebró en ella. El domingo 3 de diciembre asistió un grupo de peregrinos de Portugal. El martes 5 de diciembre vino un grupo de sacerdotes de retiro, a los que el P. José Ignacio impartió algunas charlas sobre Evagrio Póntico, autor monástico antiguo del Oriente cristiano. Entre el miércoles 6 de diciembre y el sábado 9, estuvo alojado en la Hospedería Externa un grupo de la parroquia de Cerceda (Madrid), que realizó ejercicios espirituales con su párroco y asistió diariamente a la Santa Misa conventual y al rezo de Vísperas. Asimismo, alojado en este caso en la Hospedería interna, un grupo de fieles de Cuenca también realizó ejercicios espirituales desde el miércoles 6 hasta el domingo 10. Por otro lado, el miércoles 6 de diciembre visitó el Valle un grupo de peregrinos del movimiento “Verbum Dei”, los cuales asistieron a la Misa conventual.
Ingreso de un nuevo postulante en la Abadía
El viernes 3 de noviembre ingresó el candidato Carlos D. G., de 24 años, como nuevo postulante en la comunidad benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Es natural de Cádiz, en cuyo seminario ha realizado varios cursos y venía ya tratando desde hace años con el maestro de novicios y sus formadores en el citado seminario acerca de su vocación monástica. Es licenciado en la carrera civil de Filosofía, que estudió previamente a su entrada en el seminario de Cádiz.
Epifanía 2018
Queridos hermanos:
La solemnidad de hoy tiene en España y en otros países del Occidente cristiano un simpático y entrañable carácter por la celebración de la fiesta de los Reyes Magos, que despierta siempre las sonrisas de los niños y a todos nos llena de gozo, tanto al ver sus rostros felices como al recordar nuestra propia infancia. En su vivencia popular, nos invita a la generosidad, a saber compartir y a transmitir alegría. En otros países, sobre todo del centro y del este de Europa, es la figura de San Nicolás quien suscita semejantes valores y virtudes. En cualquier caso, todo esto refleja una vez más el carácter hondamente cristiano de las fiestas navideñas: sin el Niño Jesús, la Navidad carece de sentido y de esencia. Por eso, es absurdo dejar de felicitar la Navidad para decir un indeterminado y anodino “Felices Fiestas”, es malintencionado eliminar los belenes para ofrecer una versión de la Navidad paganizante y vacía de contenido y es perverso utilizar las cabalgatas de Reyes para ideologizar a los niños.
Sin Jesucristo, ciertamente, falta la luz al mundo. Ninguna estrella creada artificiosamente por el hombre para intentar apagar la luz de la estrella que guio a los Magos puede ser luz para nosotros. Sólo Jesús, que es “la luz del mundo” (Jn 8,12), nos puede iluminar y demostrar que toda otra luz nace de Él y a Él orienta.
Eso es lo que descubrieron aquellos misteriosos Magos de Oriente, sabios del mundo antiguo de los que nos habla el relato de San Mateo (Mt 2,1-12), buscadores de la verdad, astrónomos de la época, escudriñadores de las escrituras sagradas de religiones antiguas y de los mismos textos bíblicos, en los cuales fueron capaces de comprender que venía el Mesías, el Salvador del mundo, el Redentor de todos los hombres, para darnos la única y definitiva luz que nos sacaría de las tinieblas. Muy posiblemente eran sacerdotes de la religión de Persia reformada por Zoroastro, como el nombre de “magos” refleja, aunque es posible que alguno viniera de otras tierras, como Etiopía o el sur de Arabia. Nada obsta a que además pudieran tener condición regia, como la tradición afirma conforme a las profecías mesiánicas, entre ellas el salmo 71 que se ha cantado, y como los conocimientos históricos nos permiten deducir.
La gran enseñanza que nos ofrecen estos Magos es la búsqueda del Niño nacido en Belén, a quien ellos reconocieron como el “Emmanuel”, el “Dios con nosotros”, el verdadero “Mesías”, el “Cristo”, el “Ungido”, Jesús, el “Salvador” del mundo. Ellos han sido testigos beneficiados de esta
“Teofanía” o “Epifanía” del Señor, es decir, de su manifestación a todos los pueblos, anunciando que ha venido al mundo para salvar a todos los hombres y no solamente a los judíos. Así, como nos ha anunciado el profeta Isaías (Is 60,1-6), desde Jerusalén y Judea, donde la gloria del Señor ha amanecido, su luz ilumina ahora a la tierra que estaba cubierta de tinieblas y a los pueblos que caminaban en oscuridad. Es el misterio que San Pablo expone a los Efesios y que antes estaba reservado sólo a los judíos (Ef 3,2-3a.5-6).
La Iglesia antigua celebraba juntos tres aspectos de esta Epifanía o Teofanía, como tres elementos de una misma manifestación del Dios Salvador a todos los hombres: la adoración de los Magos, el Bautismo de Jesús en el Jordán y el milagro de las bodas de Caná. Todavía hoy la Iglesia, y muy singularmente los monjes, recordamos los tres hechos en el canto de una preciosa antífona de Laudes. En el Oriente cristiano se mantiene muy clara la conciencia de la vinculación de los tres aspectos y para la Iglesia de Etiopía es la gran fiesta del año litúrgico, aunque en los calendarios orientales suele haber ciertas diferencias en la situación de las fechas.
El mensaje de la Epifanía es un mensaje esperanzador, que nos anuncia la buena nueva de la salvación que Dios ofrece a todos los hombres. Cristo ha venido a salvarnos y debemos gozarnos de ello y transmitirlo a todos. En consecuencia, por intercesión de los Magos, a quienes en la Tradición de la Iglesia veneramos como santos reyes, encomendemos la conversión de todos los pueblos y recordemos especialmente a los pueblos de Oriente. Pidamos al único Dios verdadero, trino en la unidad y uno en la Trinidad, que se dé a conocer a los musulmanes que pueblan mayoritariamente aquellas tierras. Y tengamos muy presentes a los cristianos que sufren una persecución angustiosa allí mismo. En estos días, los coptos de Egipto, herederos de la antigua civilización egipcia enriquecida por el helenismo y llena de un nuevo vigor gracias al aliento vital del cristianismo, vienen sufriendo una presión durísima con atentados contra sus iglesias, casas, comercios y personas. La relación entre sus patriarcas, a los que llaman también “papas”, y los papas católicos desde Pablo VI, viene siendo excelente, y actualmente lo es entre Tawadros II y el papa Francisco. Pidamos a Jesucristo, el único Salvador, en torno a quien afirmamos ya una misma fe sobre su divinidad y su humanidad, que sostenga a nuestros hermanos coptos en la persecución y que pueda llegar el día en que alcancemos con ellos la plena unidad, gracias a la sangre de sus mártires que les honra.
Con María Santísima, a quien los Magos tuvieron la dicha inmensa de conocer al llegar a adorar al Niño Dios, queramos mostrar en Él al Emmanuel, haciendo visible el mensaje de la Epifanía, es decir, la manifestación de Dios al mundo para anunciar la salvación a todos los pueblos.








