El sábado 4 de junio, solemnidad de la dedicación de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, el coro estadounidense “Georgia Boy Choir”, del Estado de Georgia, participó alternando con la Escolanía de nuestra Abadía en la Misa conventual de 11 h. Al finalizar la celebración eucarística, el coro ofreció un recital polifónico dedicado especialmente a los escolanos, que fue muy apreciado y aplaudido por los numerosos fieles y visitantes que se hallaban presentes. También ese día vino una importante peregrinación de fieles de Alcalá de Henares.
Actuación de un grupo de escolanos del Valle de los Caídos en Sotillo de la Adrada
El sábado 4 de junio por la tarde, un grupo de escolanos del Valle de los Caídos cantó en la Misa de víspera de domingo en la parroquia de Sotillo de la Adrada, localidad de la que hay actualmente cinco escolanos y de la que ha habido otros muchos anteriormente, algunos de los cuales o sus familiares asistieron. Por supuesto, entre los que acudieron a cantar estaban los cinco actuales de Sotillo. Enriquecieron la devoción de los fieles en la Santa Misa con su interpretación del gregoriano y de alguna pieza polifónica en el ofertorio y la comunión. Luego recibieron una invitación para cenar antes de regresar al Valle.
XI Domingo del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos: En este año de la misericordia, que ha sido convocado por el Papa Francisco y que es el signo distintivo de un pontificado que se está definiendo en torno a este atributo divino que unifica muchas de las principales actuaciones y compromisos, las lecturas de este domingo nos ayudan a sacar provecho de esta oportunidad de gracia, de este paso del Señor a nuestro lado perdonando y sanando las heridas de nuestro interior, a la vez que impulsando nuestro amor a dilatarse en la misericordia ofrecida a nuestro prójimo. La misericordia no es solo don divino que nos restaura: es también gracia que mueve a conquistar la amistad de los que no conocen a Cristo o tienen una imagen deformada de su persona. Es una ocasión extraordinaria de evangelización perdonar o pedir perdón a la persona que nos ha ofendido o a la que hemos causado algún daño.
La confesión de su pecado por parte del rey David da lugar a una gran revelación de Dios: dos pecados tan graves son perdonados por Dios por la humilde confesión y la confianza depositada en la misericordia divina. Ese perdón inmediato parece algo sumamente llevadero en comparación con la gravedad o frecuencia de nuestros pecados, aunque todos nos beneficiamos agradecidos de tanto como nos facilita el Señor la reconciliación con Él. El perdón no cuesta obtenerlo del Señor, aunque uno deba aceptar la pena del pecado, es decir una cierta reparación compensatoria, a todas luces sumamente justa y llevadera. A David le costó vivir siempre instigado por los enemigos, que no le permitían disfrutar en paz su reinado, porque “la espada no se apartará nunca de tu casa”. Pero, por el perdón de Dios, evitó la condenación eterna.
En la carta de San Pablo a los Gálatas se ilumina con mayor claridad esta facilidad en obtener el perdón de Dios. Si Dios es justo, ¿por qué no nos aplica una pena equivalente al pecado cometido? La razón no es otra sino que la justificación no proviene del cumplimiento de la ley, sino de que Cristo ha sufrido una muerte injusta para pagar nuestra deuda. Su muerte sería inútil si la justificación fuera efecto de la ley. Eso le hizo a San Pablo entregar de lleno toda su vida a la evangelización, cuya fuerza arrolladora provenía de que vivía sin perder de vista un momento que Cristo le amó hasta entregarse por Él. La gracia de Dios para él significaba el perdón de sus pecados y la reparación casi completa por los méritos de Jesucristo al morir por nuestros pecados, pero también esa gracia era una fuerza que le movía a poner de su parte una contribución al tiempo insignificante con el don recibido, pero igualmente tan costosa para las escasas fuerzas humanas, ya que sin su gracia no seríamos capaces de llevarla a cabo.
En el Evangelio la revelación de Dios es la misma, pero bajo un punto de vista mucho más comprensible y personal. Jesús perdona a una pecadora que actúa con gestos sumamente humildes y comprometedores para Él mismo, porque el fariseo estaba pensando lo que suele pasar por una mente humana que no está iluminada por la gracia divina. El fariseo no ve el corazón arrepentido de la mujer. Está fijo en el pasado de esa mujer, reconocida por todos los cercanos a ella como pecadora. Jesús en cambio tiene acceso al corazón, a lo que está sucediendo en su interior y en su conciencia ella estaba aborreciendo su pasado de pecado, pues se había sentido atraída por la misericordia del Salvador, de alguien que ha demostrado que está lleno de Dios por su poder de sanación corporal y espiritual. Esta mujer estaba siendo iluminada por el Espíritu Santo para ver aquello que no se había revelado a los que no aspiran a la sabiduría de Dios y se contentan con la sabiduría que los hombres utilizan para dar una falsa solución a problemas materiales o sociales.
¿No nos está poniendo ante los ojos este pasaje del evangelista de la misericordia, San Lucas, que el verdadero arrepentimiento no se contenta con decir los pecados al confesor, sino que conlleva lavar, secar, ungir al Señor o al prójimo en reparación del mal cometido? La mujer lavó los pies con lágrimas, los besó, los secó con sus propios cabellos y se los ungió con perfume. El Señor solo le reprochó al fariseo algo mucho menos costoso: disponer un recipiente con agua para lavarse él mismo los pies, besarle en la cara y ungir la cabeza. Todo eso quiere decir que al Señor le agrada cualquier pequeño gesto de amor, aunque no alcancemos a ser tan humildes como esa mujer, pero lo podemos aplicar de mil maneras: la confesión, la visita al Señor en el Santísimo, la ayuda al prójimo, etc.
X Domingo del tiempo ordinario
Queridos hermanos:
Hemos comenzado la eucaristía, como cada domingo, con el bello canto del introito, mientras la procesión de escolanes, monjes y sacerdotes se dirigía hacia el altar. Ese momento de nuestra celebración –la procesión y la veneración del altar– está lleno de significado. San Ambrosio gustaba recordar a los cristianos de su tiempo altare Christus est: el altar es símbolo de Cristo, de su presencia en medio de sus discípulos. La procesión de los que cantan al Señor, en nombre de toda la asamblea, en dirección al altar, simboliza la Iglesia que peregrina en la historia hacia Cristo; simboliza también lo que ha de ser nuestra propia existencia: caminar hacia Jesús; Él es el centro, Él es la meta, Él es la luz que da sentido y que nos permite avanzar con esperanza, en medio de nuestras vicisitudes personales, a veces tan difíciles, complejas e incluso dolorosas. Así lo contemplamos en el mosaico de la cúpula, donde el Resucitado, en majestad, sostiene un libro en el que se lee: Ego sum lux mundi –Yo soy la luz del mundo, yo soy vuestra luz. Como veis, en la liturgia todo habla, todo tiene un sentido: el canto, los gestos, el altar, la cruz… Ojalá que nunca dejemos de caminar hacia Jesús, que no nos alejemos nunca de su luz.
En este domingo Cristo, que se revela como el Camino y la Verdad, se nos manifiesta también como la Vida. Él con sus discípulos y un numeroso grupo de seguidores –nos cuenta san Lucas en el evangelio– se acercaba a una aldea de Galilea llamada Naín, a unos 10 kms. de Nazaret. La escena con la que se encontraron resultaba verdaderamente conmovedora: una madre asistía al entierro de su único hijo y, además, era viuda. La situación de aquella mujer era digna de lástima y mucha gente del pueblo la acompañaba en aquella hora tan amarga.
Jesús al ver a la mujer se conmovió. Notemos aquí dos cosas: la primera es que Lucas nos muestra a un Jesús sensible y atento a un grupo social desvalorizado en aquel tiempo, como era el de las mujeres. Al preocuparse por aquella viuda, muestra que está cerca de los pequeños, que su predilección son aquellos que no cuentan, quienes no tienen el poder de las grandes decisiones. En segundo lugar, hay algo que pudo tocar el Corazón de Cristo: tal vez pensó en su propia madre, en María, que era viuda y que pronto iba a ver morir trágicamente a su único hijo (cf. M. Iglesias).
Sea lo que fuere, el paso de Jesús por la aldea de Naín iba a cambiar radicalmente esa escena de dolor. Porque Jesús vio la escena, vio a aquella mujer que posiblemente se quedaba sola en la vida, y no sólo vio sino que además sintió compasión. De su corazón, lleno de bondad y de entrañas de misericordia, nace un milagro que nadie le pide en realidad. Al verla el Señor –dice el evangelio– se compadeció de ella y le dijo: no llores (Lc 7,13). Es muy bello, hermanos, contemplar a Jesús conmovido por las lágrimas de una madre que sufre. Diría que este detalle nos permite “tocar” el Corazón de Cristo, entrar en él. Se nos revela aquí un Dios que no es indiferente ante el sufrimiento humano; que se conmueve ante nuestras penas y nuestras lágrimas. Por eso, acude a Jesús, desahoga con Él tu corazón, cuéntale tus preocupaciones, tus angustias, tus miedos; hazlo cada día y tu alma se llenará de paz, y sentirás también la necesidad de enjugar las lágrimas de otros hermanos que sufren cerca de ti.
Las palabras del Señor ante el cuerpo sin vida de aquel joven todavía nos estremecen: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! Todos quedaron sobrecogidos, porque el muerto se levantó y Jesús se lo entregó a su madre con vida. Y la tristeza de aquella mujer se tornó en alegría por el gesto del Señor. A nosotros también Jesús nos dice hoy: «Levántate de tu postración y acércate a mí que soy la luz y la Vida». Es decir, el Señor nos invita a alzarnos de nuestras bajezas, de nuestros pecados y egoísmos, que son alejamiento de Él y de los hermanos, que son muerte y causa de tristeza.
¡Cristo es la Vida! (cf. Jn 14,6). Así se nos revela en este domingo. Nos ofrece vivir en una comunión íntima con Él, como los sarmientos que se alimentan de la savia de la vid y se secan separados de ella. Seguir a Cristo, ser sus discípulos, sólo es posible si sacamos de Cristo mismo la energía y la vida.
Creo que la liturgia de este día tiene dos enseñanzas preciosas para nosotros: Jesucristo es vida para el alma. Si sabemos injertar nuestra vida en la suya podremos sentirle siempre a nuestro lado, incluso en la hora de la prueba o de la tribulación. Ahora bien, su vida nos la comunica a través de la eucaristía y de la confesión, nos la comunica cuando rezamos y cuando ayudamos a los demás. La segunda enseñanza es que Jesucristo tiene entrañas de compasión, se conmueve ante el dolor de los hombres. Si sientes que el peso de las pruebas te desborda, invócale con las palabras del salmista: «en mi angustia te busco, Señor mío» (Sal 76,3), «acuérdate de mí con misericordia por tu bondad» (Sal 24). Pero además abre tus ojos, mira a tu alrededor y busca a quién puedes hacer el bien, quién necesita tu ayuda: la compasión de Cristo nos interpela y nos ha de mover a ser compasivos, a curar las heridas de nuestros hermanos. Sólo en la medida en que consolamos a los demás hallamos también nosotros el consuelo.
A la Virgen María, le rogamos hoy que nos guíe por el camino de la confianza en Dios, que nos introduzca en esa comunión de vida con Jesús que nos contagia su manera de ser y de pensar, y le pedimos también que nos ayude a pensar lo que es recto y a cumplirlo con la ayuda de la gracia. Que así sea.
Artículos y reportajes sobre la Escolanía del Valle de los Caídos
Recientemente ha aparecido en el portal de internet “Religión en Libertad” un interesante artículo de Carmelo López-Arias sobre la Escolanía, que se suma a otros anteriores del mismo autor. En esta ocasión entrevista a los padres de un antiguo escolán y a los de otro actual. Pulse aquí para ver la noticia de Religión en Libertad.
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Por otra parte, también se ha hablado de la Escolanía en varias ocasiones en Radio María y en 13TV, entre ellas mediante unas entrevistas al P. Prior Administrador de la Abadía, y este canal televisivo de la Iglesia tiene previsto ofrecer algún otro programa sobre la Escolanía, como igualmente el Canal Diocesano de Toledo. A ello se suma la información ofrecida por el canal de televisión La Regional de Castilla – La Mancha. Para ver el vídeo de esta cadena (la regional de Castilla la Mancha) pulse aquí.
Innovaciones tecnológicas en la Escolanía del Valle de los Caídos
Este curso ha proseguido la puesta en marcha de importantes innovaciones tecnológicas en la Escolanía del Valle de los Caídos. A principio de curso se introdujo la plataforma “Educamos” para la rápida relación entre padres y profesores a través de internet, que permite conocer la evolución de los alumnos. En mayo se han instalado pantallas, proyectores y ordenadores de aula con conexión a internet en todas las aulas del área escolar y en el aula de música, gracias a una donación recibida. Era en cierta manera una necesidad y ofrece buenas posibilidades pedagógicas en su uso. De esta manera, la Escolanía puede ofertar a un mismo tiempo lo más clásico y lo más nuevo en el campo de la enseñanza. Por otro lado, se ha continuado la instalación de sensores y de iluminación por led en el edificio, lo cual está suponiendo ya un notable ahorro energético. También se acaba de instalar un sistema de seguridad para el acceso a la Escolanía.








