El sábado 16 de enero, a las 21 h, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos ofreció un recital, que ya es tradicional en su agenda, en la finca de El Escorial con motivo del acto social organizado por los Sres. Berrocal. El acto contó con la asistencia del Cardenal Antonio María Rouco, arzobispo emérito de Madrid. A él asistió también el P. Santiago Cantera, Prior de la Abadía. Los niños de la Escolanía tuvieron la oportunidad de saludar al prelado, quien se mostró muy cercano y afable con ellos. Todos los asistentes disfrutaron de la magnífica colección de belenes, en especial del de estilo napolitano, y de una acogida muy calurosa.
El obispo de Ávila pasa unos días con la comunidad benedictina
El domingo 10 de enero recibimos en la Abadía al Obispo de Ávila, Mons. Jesús García Burillo. Presidió la eucaristía dominical en la Basílica y permaneció durante tres días con nosotros. Para la comunidad fue muy grato volver a recibir al que fuera nuestro Vicario episcopal entre 1996 y 1998. Además, fue sumamente enriquecedor escuchar de primera mano la gran labor pastoral y formativa desplegada a lo largo del Año Teresiano. Por desgracia, Don Jesús hubo de anticipar su partida debido al fallecimiento del sacerdote D. Tomás Sobrino, historiador y canónico de la S.A.I. Catedral de Ávila.
Domingo II del Tiempo Ordinario
Hermanos en N. Señor Jesucristo: Este domingo es como una prolongación de la solemnidad de la Epifanía, pues es la manifestación de Jesús como Mesías investido de su carisma profético para predicar y hacer signos que manifiestan la llegada del Reinado de Dios en su persona. El milagro de las bodas de Caná es el comienzo de los signos de Jesús, aunque parece esta afirmación contradecir las mismas palabras de Jesús: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Jesús con esta negativa está provocando la manifestación de la fe de María, y, por supuesto, también la nuestra; para eso se escribieron los Evangelios, no como mera propaganda de Jesús, sino para que provocara adhesiones firmes e inquebrantables a su persona como la de su Madre. María no se echa atrás por esa negativa de Jesús, pues conoce tan a fondo el Corazón de su Hijo, que sabe no va dejar que unos novios que han tenido el detalle de invitarles a su Madre, a Él y a sus discípulos, se vean confundidos en su generosidad y amistad. Jesús hace maravillas en aquellos que le aman. En aquellos que hacen fructificar el amor primero de Dios. Basta con que uno tenga, con Aquel de quien todo lo ha recibido, un sincero gesto de amor, por pequeño que sea, para que provoque un desbordamiento del amor de quien es todo amor. En Caná se dieron cita el amor a Jesús y a sus discípulos por parte de los novios y de su Madre; y la sorpresa de los novios fue que quedaron sorprendidos los invitados y ellos mismos al ver el efecto que produjo el compartir generosamente con tantos el don de Dios que les hacía de quererse entrañablemente el uno al otro. El don recibido al ser compartido se convirtió en un don nuevo: el vino mucho mejor y sin medida del final de la boda.
Jesús se manifiesta, se da a conocer para provocar nuestro amor, para que caigamos en la cuenta de lo que hemos recibido y lo sepamos revertir a Aquel que nos lo da. Pero también nos revela quién es su Madre, y que no sólo le ama a Él, sino que es ejemplo y cauce de la gracia de Dios. Si aceptamos acercarnos a Jesús a través de María descubriremos que nuestra relación con Jesucristo y con el Padre y el Espíritu Santo se vuelve mucho más fácil, segura y eficaz. ¿Por qué? Sencillamente porque eligió a María para introducirse en este mundo asumiendo nuestra naturaleza, luego el camino para ir a Jesús se facilita si uno humildemente utiliza esta mediación participada del Mediador, que es Jesucristo. Nosotros mismos nos ponemos muchas trabas por nuestros pecados y apegos para acudir a Jesucristo, y eso que es pura misericordia. Pero todavía nos ha dado un medio más seguro de alcanzar misericordia, éste consiste en poner nuestra oración y todos los méritos que podamos alcanzar en manos de María, para que preserve ese cúmulo de méritos y evitemos echarlos a perder porque en algún momento de nuestra vida nos alejamos de Dios. Para que eso no suceda, consagrémonos a María. Busquemos una festividad mariana y preparémonos a hacer esa Consagración a Jesús por medio de María, renovándola a menudo. Los santos han meditado este Evangelio de las bodas de Caná y otras palabras de Jesús y han penetrado en ellas con unas clarividencia y profundidad que solo puede dar el Espíritu Santo. He ahí un medio muy eficaz para nuestra conversión, la lectura orante de la Palabra de Dios. ¡Cuántas horas dedicamos a la información y al pasatiempo con los medios modernos y para leer y orar con el Evangelio no tenemos tiempo! Los santos dedicaron mucho tiempo a profundizar en las palabras y hechos de Jesús. ¿Vamos a desaprovechar su experiencia y perder la oportunidad de poner nuestra salvación eterna a buen recaudo?
En la segunda lectura se ilumina lo que es la misión de María de una manera especial, y también la nuestra, pues al enseñarnos san Pablo que todos los dones proceden de un mismo Espíritu y que “en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”, comprendemos mucho mejor que la vida de María fue enteramente entregada a los demás, nada encerrada en sí misma en el sentido de una vida egoísta, sino dedicada a secundar la obra de su Hijo, la Redención de todos los hombres.
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En esta celebración podemos profundizar también lo que significa cada Eucaristía para nosotros a través de las palabras de la primera lectura del profeta Isaías en que se nos dice: “como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó”. Estos desposorios de Dios con el hombre empezaron en las aguas del bautismo, donde comenzamos a ser hijos de Dios, y en la Confirmación donde el Espíritu selló nuestra unión con Dios. Pero también somos capaces los hombres de empañar nuestra unión con Dios por el pecado venial, y aún de romperla por el pecado mortal, y, en cambio, por el sacramento de la Reconciliación volvemos a recibir u espíritu nuevo. Pero en la Eucaristía esa unión del hombre con Dios que se realizó en el ara de la cruz, aunque presente en todos los sacramentos, en la Eucaristía se actualiza de manera muy especial y significativa en el altar. Cristo se inmola, se entrega a la Iglesia y a cada uno de nosotros, y por nuestra parte debemos entregarnos a Él, y no quedarnos como espectadores pasivos y mudos. Entonces se cumple lo que continúa diciendo la lectura: “la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.” ¿Seremos capaces de perseverar y profundizar cada domingo en esta verdad tan consoladora de nuestra fe, que en cada Eucaristía se celebra ese desposorio místico entre el alma y nuestro Redentor, esposo fiel tantas veces traicionado, pero otras tantas dispuesto no sólo a perdonar, sino a renovar esa alianza nupcial que se llevó a cabo en la Cruz y que se actualiza en cada Eucaristía? ¿Seguiremos viviendo de una manera rutinaria la Misa cuando por parte de Jesús está reclamando nuestro amor a pesar de nuestras infidelidades? Que esta Eucaristía suponga para nosotros la renovación de una alianza de amor redescubierta y enriquecida con nuevas experiencias del amor agradecido y otorgado tanto a Dios como a sus hijos en los que desea que le mostremos nuestra fidelidad.
Y en la actualidad tenemos un problema que ocupa la atención de todos los españoles: nuestra falta de acuerdo para convivir pacíficamente y proporcionar un gobierno equilibrado a la nación. Nos hemos apartado de Dios y queremos vivir al margen de sus mandamientos. Nos creemos que no es necesaria su ayuda para organizar nuestra armonía social y resulta que estamos en un callejón sin salida. ¿No somos capaces de reconocer que se cumple la palabra de Jesús: “Sin Mí no podéis hacer nada”? Si fuésemos capaces de orar todos unidos para pedir humildemente que Dios nos ayude, cambiarían las cosas sin duda. Siempre hemos oído decir que España es tierra de María. Si una parte pequeña de los españoles rezásemos y nos dirigiésemos a nuestra Madre con el rezo del santo Rosario, España superaría esta situación angustiosa en que vive y evitaríamos dar una solución falsa de la que resultase un gran daño para todos.
Epifanía
“El Señor nos ha dado a conocer su salvación”, ha venido repitiendo la liturgia del tiempo de Adviento y de Navidad, utilizando un texto del A. T. Es la salvación que Cristo llevó a cabo mediante su encarnación, muerte y resurrección, dentro del único acontecimiento del pasado que permanece presente para la Iglesia y para el mundo gracias a que protagonista, Cristo, es de ayer, de hoy y de siempre. Uno de los acontecimientos de esa historia es el encuentro de los Magos con quien han descubierto como el esperado de las naciones.
El Evangelio de San Juan se abre mostrándonos a Jesús como Palabra eterna del Padre, como resplandor de Aquel que está en el origen de todo cuanto es en el cielo y en la tierra. Palabra que, al mismo tiempo, nos permite descubrir el misterio de Dios y de la Trinidad, que son las realidades primordiales para cuyo conocimiento y participación hemos sido creados. Cristo es el esplendor del Padre, la figura e imagen de su ser, de manera que “el que me conoce a Mí conoce al Padre” (Jn 14, 9), porque Él expresa la realidad eterna y sin medida de Dios.
De este Cristo nos enseña la Escritura que es preexistente a toda realidad, a toda existencia y a toda vida. Que en Él estaba la Vida y que todo ha sido hecho por Él y para Él, por tanto, que todo vive en Él, en Cristo, o de lo contrario todo vuelve a la nada y es nada fuera de Él. Este “Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14) para que nosotros participáramos en el conocimiento y en la vida de la Trinidad. Tal es el designio divino que permanece vigente en todos los tiempos, también en los nuestros.
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Un designio que, entre otros fines, nos permite contrastar la cercanía o la distancia en que hoy estamos respecto a Dios, y que mide el éxito o el fracaso de nuestra historia personal y colectiva. El hecho mismo de que tal vez ignoremos esta realidad es el comienzo de un fracaso, ante el cual todos los demás éxitos que se nos ocurra contabilizar son pura ficción. Sabemos que esta ha sido la obsesión del hombre en los tiempos que llamamos del progreso: una obsesión por jugar a ser y a hacer nada, mientras imaginamos que estamos construyendo el mundo nuevo. Como escribieron Jeremías (51, 58) y Habacuc (2, 13), “se fatigan los pueblos por nada”. Pero donde Cristo no es lo nuevo permanente todo es prehistórico y prehumano.
En cuanto Palabra del Padre, Jesús viene también para reiterar el mensaje que Dios había entregado desde el primer momento al hombre, al trasmitirle la vida y con ella el sentido de la misma: su participación en la misma vida divina, durante su tiempo en la tierra y durante la eternidad. El hombre fue educado en el modo de vivir esa vida en Dios desde antes de que ocurriera el pecado, y después Dios ha reconstruido todos los puentes que nos unían a Él, y ha reafirmado su voluntad original respecto al destino del hombre.
Ese Niño, buscado obstinadamente por los Magos a través de las estrellas, es la Palabra viva y eterna, irrefutable e inmutable. Ella juzga todas las demás palabras y sobre ella se establece el único juicio recto acerca de todo lo que es. Nosotros nos apropiamos de esa Palabra y nos configuramos según Ella, o renunciamos a la Verdad y a la Vida. Todo lo que el hombre ha oído al margen de Dios es mentira y demagogia. También lo que ha oído de la razón cuando ésta no ha escuchado a la Palabra del Padre, a la Razón divina. Sobre ella está llamada a edificarse la verdadera ciudad del hombre a imitación de la Ciudad de Dios. Porque la Palabra, el Verbo de Dios, no sólo precede a las cosas sino que es principio y cimiento de todas las cosas.
También del hombre. El hombre es palabra de la Palabra. Está hecho a su imagen y es epifanía de Cristo en cuanto está llamado a reproducir los rasgos de la vida divina a escala humana. De igual manera que Jesús sólo dice las palabras que ha oído al Padre, cada hombre sólo debiera pronunciar, con su vida, aquello que le ha sido transmitido por la palabra del Creador, porque ello es la condición para que el hombre haga realidad su auténtica humanidad.
Previamente a la Palabra había aparecido la Luz, porque ella, la Palabra, es la “luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn 1, 9). Y había aparecido también la luz de la estrella que guió a los Magos al lugar donde se encontraba la Palabra encarnada. Esa Luz brillaba en las tinieblas, y a quienes la reciben las hace capaces de ser hijos de Dios” (Jn 1, 12). Siguiendo su huella, los Magos buscaron a Cristo, como los pastores que, envueltos por la claridad de los Ángeles, dejaron sus rebaños para ir al encuentro de aquel Niño que ‘pastorea a los hombres y a las naciones’. “La Palabra era Vida y la Vida era la Luz de los hombres” (Jn 1, 4). Identificarse con esa palabra y revestirse de esa Luz es la tarea y la plenitud de nuestra existencia.
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El gesto de los Magos tiene vigencia particularmente en nuestro tiempo. Ellos reconocieron la presencia de Dios en el mundo, le buscaron con esfuerzo y perseverancia, le adoraron como Dios y como Rey, le ofrecieron sus mejores dones. Es la única actitud razonable del hombre ante la decisión divina que le ha puesto en la existencia para caminar al encuentro de Dios
Nuestra historia es válida y fecunda en la medida en que, como los Magos y la propia estrella, corren hacia Cristo: para reconocerle como el esperado de las naciones, como Dios y como Hombre, primogénito de la humanidad auténtica, Señor de la historia, único en la eternidad y centro del tiempo, principio y fin de cuanto es. El que es Sabiduría, Justicia y Paz para el mundo; Salvador del hombre a la vez que Juez inapelable de sus obras.
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Frente a Dios nadie es más que un hombre. Nadie puede elevarse sobre Él, ni medirse con Él, ni preguntarle por qué. Nadie sofoca su Luz ni su Palabra. A Dios no le impresionan las opiniones humanas, ni le alteran las decisiones políticas o democráticas. Le preocupan únicamente en la medida en que muestran los despropósitos a que se pueden entregar las masas y sus conductores cuando prefieren las sombras a la Luz. Porque el espíritu del hombre se alimenta del Espíritu de Dios, y cuando no es así el hombre se eclipsa.
Dios es la única realidad que ha recorrido todos los tiempos y ha acompañado a cada generación, la única que sigue y seguirá en la memoria de todos, tanto si le reconocen como si le niegan. Dios no depende de nuestro capricho, ni de nuestras negaciones o afirmaciones. Por eso nos sobrevive a todos y hace posible que todos sobrevivamos en Él. Y, por eso, Él va a ser el último en abandonar esta historia: Él la ha abierto y Él la cerrará cuando vuelva a pronunciar sobre ella aquellas palabras: “todo está concluido” (Jn 19, 30). Entonces será la humanidad la que inclinará la cabeza y expirará, no para extinguirse en la nada, sino para abrirse al “hombre, a la tierra y al cielo nuevos”.
La tarea central de hoy vuelve a ser la de rehacer el mundo y al hombre desde la Palabra creadora (cf Jn 1, 3, 10). Fuera de ella el mundo se encuentra desarticulado y al borde del vacío. Fuera de ese Resplandor el mundo camina en tinieblas, a pesar de esa gran Luz que nos ha salido al paso.
El Nuncio de S.S. en Colombia nos visita y preside la Misa conventual
El miércoles 30 de diciembre recibimos a Mons. Ettore Balestrero, nuncio de Su Santidad en Colombia. De nacionalidad italiana, este joven prelado iba acompañado de algunos sacerdotes y de diversos miembros de su familia. Presidió la Eucaristía conventual en la Basílica y nos dirigió unas bellas palabras en la homilía, en las que exhortó a acoger la Palabra de Dios, como luz y verdad de nuestra Vida, que en Cristo ha alcanzado su plenitud.
La Escolanía canta en Alcalá de Henares y El Escorial
El pasado sábado 12 de diciembre, la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos ofreció un concierto en la Iglesia del Oratorio de San Felipe Neri, a las 20 h. Bajo el lema Tota pulchra es, Maria, los escolanes interpretaron varias piezas mariales del repertorio gregoriano y algunas polifónicas, intercaladas entre las meditaciones del P. Enrique Santayana, de la Congregación del Oratorio. La dirección del canto gregoriano corrió a cargo del P. Laurentino Sáenz de Buruaga y la polifónica a cargo de Ignacio Muñoz, con José Manuel Martín-Delgado como organista acompañante. El acto fue presidido por el Sr. Obispo de Alcalá, Mons. Juan Antonio Reig Pla, que luego saludó a los escolanes. El domingo 13 de diciembre, a las 13 h., la Escolanía animó con el canto de varios villancicos populares el acto de inauguración del Belén monumental de nuestro municipio, presidido por la Sra. Alcaldesa Dª Blanca Juárez y por el párroco Rvdo. D. Juan Delgado. Hubo una presencia muy nutrida de la corporación municipal.








