El pasado miércoles 2 de diciembre participaron en nuestra Eucaristía comunitaria de la Basílica a las 11:00h un grupo de alumnos de 1º y 2º de ESO del Colegio Diocesano y Seminario Menor de Madrid, y otro más numeroso de Bachillerato de dos colegios católicos de Puerto Rico. Los alumnos de Puerto Rico, después de la visita del monumento, comieron en la Hospedería y tuvieron un tiempo de convivencia muy enriquecedor con los escolanes, los cuales les ofrecieron un breve recital en el salón de actos. Esta visita, que se realiza por segundo año consecutivo, estuvo organizada por el Colegio de Doctores y Licenciados y por el Servicio de Inspección de Enseñanza de la Comunidad de Madrid.
Inmaculada Concepción
Queridos hermanos:
En la oración colecta, después del canto del Gloria, hemos rezado afirmando que Dios, por la Concepción Inmaculada de la Virgen María, preparó para su Hijo una digna morada y en previsión de la muerte de su Hijo la preservó de todo pecado. Tales son las razones de éste y de todos los privilegios marianos. La Maternidad divina de María, es decir, su condición de ser verdadera Madre de Dios –pues Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre–, es el fundamento de todos los privilegios y dones con que Dios la ha colmado, y juntamente es también un fundamento importantísimo el hecho de que, por la estrecha unión entre Madre e Hijo, Ella había de colaborar en su obra redentora como auténtica Corredentora, según la llegó a denominar el papa Pío XI.
Convenía que, si María había de ser la Madre de Dios y no podría transmitir a Jesucristo el pecado original, Ella misma fuera preservada de éste. Era lógico que María fuera desde el principio la toda limpia, la toda pura, la toda santa. Por eso el arcángel San Gabriel, según hemos escuchado en el Evangelio (Lc 1,26-38), la saludó como la “llena de gracia” y “bendita entre las mujeres”. Por eso la Iglesia, aplicándole las palabras del Cantar de los Cantares (Ct 4,7), la ha exaltado secularmente diciendo: “Toda hermosa eres, María, y no hay mancilla en ti”. Y por eso el salmo que se ha cantado hoy nos anima a cantar al Señor un cántico nuevo (Sal 97), pues ha hecho en María verdaderas maravillas, como Ella misma reconocería en el Magníficat (Lc 1,49).
Dios, por tanto, preparó en el seno de María una digna morada para su Hijo y por eso la hizo Inmaculada y evitó que se le transmitiera el pecado original. Esta verdad fue proclamada solemnemente como dogma por el Beato Pío IX en 1854 y la Virgen Santísima lo confirmaría a Santa Bernardita en Lourdes cuatro años después.
La otra verdad que ha afirmado la oración colecta quedó expuesta también en la proclamación del dogma: el privilegio de la Concepción Inmaculada apuntaba no sólo a su Maternidad divina, sino también a su condición de primera colaboradora en la obra de la redención de Jesucristo. A Ella, antes ya de la Pasión, Muerte y Resurrección salvadoras de su Hijo, se le aplicaron los méritos de Él en tal obra de salvación, y por eso Dios la preservó inmune de la mancha del pecado original en el instante mismo de su Concepción en el seno de su madre, a quien la tradición reconoce como Santa Ana. Y por esto mismo y por su Maternidad divina y la estrecha unión que había de darse entre Madre e Hijo, María participaría –la primera entre todos los hombres– en la obra redentora de Cristo, sufriendo en la Pasión una auténtica Compasión, sufriendo espiritualmente en su interior la Muerte de su Hijo y siendo la primera en alegrarse con su Resurrección.
María es así la nueva Eva y la Mujer que, en el Protoevangelio –en el texto del Génesis que hemos escuchado en la primera lectura–, aplasta la cabeza de la serpiente, vence al diablo y sus insidias (Gén 3,15). Como Judit y Ester, es la protectora del pueblo de Dios y, según hemos escuchado en el Evangelio, es modelo de obediencia humilde a la voluntad de Dios.
La devoción a la Inmaculada Concepción en nuestra Patria es antiquísima y por eso es Patrona de España desde 1760. Este singular privilegio fue defendido por las universidades hispánicas y por escritores y pensadores de la talla de Ramón Llull (representado en la cúpula de esta Basílica) y Francisco de Quevedo; la plasmaron los pinceles de pintores como Velázquez, Zurbarán y Murillo; la reina Isabel la Católica y Santa Beatriz de Silva fundaron en su honor una Orden religiosa; y nuestra Infantería se acoge a su patrocinio desde el milagro de Empel en 1585. En razón de tan grande devoción y defensa de la Inmaculada Concepción, los Papas concedieron a la Iglesia en España el privilegio de celebrar la fiesta de hoy con el color litúrgico azul celeste. Acudamos a María Inmaculada pidiendo que auxilie a nuestra pobre España, necesitada de tanto más amor patrio de sus hijos cuanto más atribulada se encuentra.
Por otra parte, hoy se inaugura el año jubilar de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco. Es una ocasión magnífica para reflexionar sobre el amor misericordioso de Dios, que se apiada del pecador arrepentido. Y es, en consecuencia, una ocasión estupenda para acudir con mayor frecuencia al sacramento de la Penitencia, confesando humildemente nuestros pecados para reconciliarnos con Dios. Con motivo del comienzo de este año jubilar, habrá adoración eucarística en la Capilla del Santísimo de nuestra Basílica entre las 14 h. y las 17 h. de esta tarde y un confesor disponible durante la última hora.
En fin, hoy se acerca por primera vez a la Sagrada Comunión el niño escolán Lorenzo.
Querido Lorenzo: recibe con el corazón limpio propio de un niño a Jesús. Dale gracias por haberte traído a esta Escolanía para servirle como si fueras un ángel en la tierra, alabándole con tu voz. Mantén tu alma pura como la cogulla blanca que llevas. Deja a Jesús que habite dentro de ti y recíbele siempre con sencillez y devoción. El gran rey español San Fernando, representado en nuestra cúpula, que había reconquistado las ciudades de Jaén, Córdoba y Sevilla, estando enfermo al final de su vida, se levantó humildemente y con amor para recibir de rodillas a Jesús Sacramentado, porque le reconocía como un Rey mucho más grande que él. Cuando tú dentro de un rato te arrodilles para comulgar, piensa en esta imagen de San Fernando e imítala siempre en tu vida. Él también fue un gran devoto de la Virgen María, a la que veneró sobre todo como Virgen de los Reyes: tú, como él, encomiéndate también siempre a Ella, pura e Inmaculada, como tu Reina y tu Madre celestial.
La comunidad benedictina se une al comienzo del Jubileo de la Misericordia
El próximo martes 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, se inaugura el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, un acontecimiento destacado en el Pontificado del Papa Francisco y en la vida de la Iglesia. Entre las novedades están el rezo del Rosario cada tarde en la Plaza de San Pedro o un espectáculo de luces e imágenes el mismo día de su inauguración. El Papa emérito Benedicto XVI ha aceptado la invitación del Papa Francisco a participar en la apertura de la Puerta Santa con la que dará inicio el Jubileo. La comunidad benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos desea sumarse a este momento de gracia por medio de una adoración eucarística el mismo día 8. Tendrá lugar en la basílica entre las 14:00h y las 17:00h. A partir de las 16:00h un sacerdote estará disponible para oír confesiones.
Ejercicios espirituales del 4 y al 8 de diciembre
Entre las nuevas actividades que los monjes de Santa Cruz desarrollan en Valle de los Caídos se encuentran los retiros espirituales de 3 a 5 días, que tienen lugar en la Hospedería externa y que son una oportunidad de ahondar en la fe siguiendo el estilo de vida benedictino. Esta iniciativa se enmarca en la misión asumida por la comunidad monástica de acoger a quienes se acercan al monasterio a la búsqueda de un clima de paz y recogimiento, y de compartir con ellos su experiencia espiritual. Dentro del ciclo litúrgico del Adviento, entre los días 4 y 8 de diciembre se tendrá una tanda de Ejercicios espirituales, animada por un monje de la Abadía, que culminará con la solemne celebración de la fiesta de la Inmaculada Concepción.
Visita de alumnos del colegio Juan Pablo II
Los jueves 5 y 12 de noviembre recibimos un nutrido grupo de alumnos de 1º y 2º de ESO del Colegio Juan Pablo II de Madrid, perteneciente a la Fundación Educatio Servanda. La jornada estuvo repartida entre la visita de Valle de los Caídos y la convivencia con los cantores de nuestra Escolanía. En ambas ocasiones asistieron a la Misa conventual, tras ser saludados por el P. Prior, visitaron la Basílica y dieron un paseo por el exterior hasta la Escolanía. A continuación los escolanos les ofrecieron un breve recital. Después de la comida compartieron juegos y deportes con los escolanes.
Domingo I de Adviento
Queridos hermanos en Cristo:
En el pórtico de este nuevo año cristiano que iniciamos con el primer domingo de Adviento, la Iglesia nos hace un fuerte llamamiento a vivir en la verdadera esperanza. Adviento es tiempo de espera… espera vigilante y serena, espera activa y gozosa, porque ALGO nuevo está para suceder, porque ALGUIEN está para venir. Mi primera invitación, hermanos, es que estrenéis, no repitáis, este tiempo de esperanza y espera. Que todos nos pongamos en camino a la Esperanza, amando aquello que aguardamos.
1. Ciertamente creemos que ALGO NUEVO ESTÁ PARA SUCEDER en nuestras vidas, en nuestra historia, en este mundo nuestro. Así lo hemos escuchado en la lectura del profeta Jeremías: Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que cumpliré la promesa que hice a Israel y Judá. La novedad es promesa de salvación, es promesa de justicia. A nosotros, ahogados tantas veces en una cultura que pretende alejarnos de Dios, se nos invita a dirigir la mirada hacia el lugar de la Promesa del Señor.
2. Confesamos también que ALGUIEN ESTÁ PARA VENIR, está en camino, ya próximo. Este “Alguien” es Cristo, presente misteriosamente allí donde dos o tres se reúnen en su nombre, pero que visiblemente también aparecerá al final de los tiempos. Esa venida es la que el Señor describe a sus discípulos en el evangelio que hemos escuchado. Jesús anuncia la angustia y el miedo de muchos que no estaban preparados y la confianza de los creyentes que podrán ponerse en pie, sin temor, y levantar la cabeza para contemplar su liberación del pecado y de la muerte.
3. Ahora bien, desconocemos el momento de la venida del Señor y nos preguntamos ¿QUÉ DEBEMOS HACER DURANTE LA ESPERA? Y Jesús nos ofrece la respuesta cuando dice: Estad siempre despiertos y manteneos en pie. Sed como centinelas en la noche, seguros de que llegará la luz del día. El Señor nos pide una actitud vigilante, actitud que debe estar sostenida por el amor. Por eso san Pablo nos recuerda que es el amor el que nos fortalece internamente para presentarnos santos e irreprensibles cuando vuelva Jesús.
El inicio del Adviento es una oportunidad de revisar nuestro amor a Dios, nuestro amor a cada hermano, porque no existe esperanza auténtica sin amor, porque es falsa la espera de quien no ama. Nuestra esperanza ha de procurar siempre el amor y la paz, la paz como bien supremo. En un mundo dañado por la división y las guerras, que niega la venida del Señor y se resiste a ella, nosotros debemos ser artífices de la verdadera paz, de la paz de Cristo. Qué bien lo expresaba el papa san Juan XXIII cuando decía que «la paz es una casa, la casa de todos. Es el arco que une la tierra con el cielo». Por eso nuestro trabajo por la paz es esperanzador, prepara y anticipa la venida de Cristo, los cielos nuevos y la tierra nueva, la pascua de la creación. Adviento nos urge a poner a punto nuestro amor, a revisar nuestro respeto al prójimo, nuestra justicia, nuestra paz interior y exterior. Este tiempo de preparación para la Navidad no es pasividad para el cristiano, no consiste en cruzarse de brazos, sino que exige esfuerzo y lucha.
Me gustaría recordaros, finalmente, hermanos, aquellas palabras de san Juan de la Cruz: «el alma que vive en esperanza tanto alcanza de Dios cuanto de Él espera». Esperadlo todo de Dios con la certeza de que Él colmará plenamente vuestros anhelos. Sabed que la esperanza da la medida espiritual de nuestra alma y es señal clara de que aspiramos a la comunión con Dios, porque la promesa no es otra que vivir junto a Él por toda la eternidad.
Os invito a que viváis un Adviento cristiano, a que pongáis sólo en Dios vuestros deseos, con la certeza de que los veréis infinitamente colmados. Que santa María nos acompañe en el itinerario espiritual que hoy comenzamos y nos ayude a ser constructores de paz en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en nuestras comunidades; que todos encuentren en nosotros un motivo para seguir esperando la venida del Salvador.








