El pasado miércoles día 4 de marzo un grupo de antiguos alféreces de las Milicias Universitarias asistieron a la Misa conventual y tuvieron su comida de hermandad en la Hospedería externa. Ese mismo día comenzó en la Hospedería una convivencia de alumnos de Primaria del Colegio Parque. Entre los días 6 y 9 de marzo recibimos en la Hospedería interna a un grupo de religiosos del Instituto del Verbo Encarnado, que realizan una peregrinación teresiana con motivo del año jubilar. Actualmente una comunidad de este Instituto vive en nuestro antiguo monasterio de El Pueyo (Huesca). Asimismo, el domingo día 8 contamos con la participación en la Misa de 11h00 de más de un centenar de fieles provenientes de Portugal. La Hospedería externa ha acogido igualmente un retiro, entre los días 6 y 8 de marzo, impartido por el P. Alfredo Maroto, que ha contado con más de treinta participantes. Se trata de una nueva iniciativa que ha tenido una respuesta excelente.
Profesión Jubilar (70 años) de los PP. Eufrasio Carretón y Primitivo Maté
Queridos P. Eufrasio y P. Primitivo, querida Comunidad y queridos hermanos en el Señor:
Celebrar 70 años de profesión monástica es un motivo de inmensa alegría para los monjes que los cumplen y para toda su comunidad, porque constituye un testimonio de fidelidad a la vocación que un día abrazaron: que ya iniciaron siendo aún niños y a ella se comprometieron muy jóvenes. Nuestro querido P. Primitivo padece una enfermedad que limita sus capacidades, pero el Señor sabrá cómo bendecirle especialmente con su gracia en este día, tal vez ahondando más en él la infancia espiritual que tanta ternura nos suscita. Tenemos presente hoy además al P. Mariano Palacios, que permaneció en la Abadía de Santo Domingo de Silos aunque sería prior administrador de la nuestra durante un tiempo, y que en aquel 12 de marzo de 1945 emitió junto con nuestros dos monjes los votos monásticos. Recordamos asimismo a los que ya han partido de este mundo y pedimos al Señor que los haya acogido en el Cielo.
En aquel Silos austero de la posguerra, la vida no era nada fácil, pero se vivía con ilusión, como en líneas generales sucedía en otros ámbitos de la sociedad. En nuestros días, sin embargo, ocurre lo contrario: los hombres y los propios monjes tenemos de todo, pero con frecuencia hemos perdido la esperanza. Es algo que nos debería hacer recapacitar acerca del verdadero valor de las cosas materiales y del sentido auténtico de la vida, como insistía muchas veces San Gregorio Magno, a quien antes de la última reforma litúrgica se celebraba el 12 de marzo.
San Gregorio Magno fue el primer Papa-monje y el biógrafo de San Benito: de ese San Benito al que el P. Eufrasio ha dedicado el último de sus libros. Y siguen siendo de actualidad las enseñanzas de San Benito y el proyecto de vida que propuso a los monjes, que fundamentalmente se resume en la búsqueda de Dios siguiendo a Jesucristo en la observancia de los tres votos monásticos propuestos en la Santa Regla. Estos votos no son reminiscencias del pasado, sino valores intemporales y compromisos que nos conducen hacia la vida eterna: la estabilidad, la conversión de costumbres y la obediencia (RB LVIII, 17).
La estabilidad es uno de los grandes valores que la vida monástica puede transmitir al mundo de hoy, a este mundo del cambio constante, de la inquietud permanente, del disgusto continuado con uno mismo, de la insatisfacción más completa ante la vida. El Papa Francisco ha señalado en varias ocasiones que hoy impera una “cultura de lo provisional”, de la carencia del compromiso definitivo por una opción, de la inestabilidad. Él mismo ha invitado a ir contracorriente y romper esta dinámica, apostando por una elección de por vida. Así, el voto benedictino se fundamenta en una experiencia fructífera de siglos y a la vez rompe con todos los moldes de un mundo que parece buscar su propio suicidio por una inestabilidad constante, pero que en el fondo es aquella tentación de la acedia que los Padres del Desierto supieron detectar con sabia discreción y combatir con firmeza interior ya en el siglo IV.
La conversión de costumbres, por su parte, nos exige vivir con entrega absoluta los compromisos de la vida monástica: abrazar nuestra vocación, renunciar al mundo y a nosotros mismos, asumir las observancias grandes y pequeñas de lo que debe ser nuestro estilo de vida, aceptar la carencia de la propiedad personal y amar la virginidad del celibato consagrado para pertenecer sólo a Dios.
En fin, la obediencia es el termómetro de las virtudes, es la clave que nos permite conocer el estado de nuestra humildad, que San Benito considera a su vez como la virtud fundamental del monje (RB VII). Llega a decir que “el primer grado de humildad es la obediencia sin demora”, “propia de quienes nada estiman más que a Cristo” (RB V, 1-2). Cuando falla la obediencia, falla todo. Esto es algo difícil de asumir para el hombre de nuestro tiempo, embebido de un sentimiento liberal de total autonomía e independencia. Sin embargo, sabemos que en realidad nada podemos sin Dios y que necesitamos de Él: en consecuencia, como dice San Benito, “la obediencia que se presta a los superiores, se presta a Dios” (RB V, 15), y es el mismo Cristo quien nos ha enseñado una obediencia hasta la muerte, y una muerte de cruz (Flp 2,8).
Que Santa María, Reina de los monjes, y Nuestro Padre San Benito sigan llevando a nuestros queridos PP. Eufrasio y Primitivo y a todos nosotros hasta la meta que él nos propuso: que perseverando en la vida monástica hasta la muerte y participando de los sufrimientos de Cristo, merezcamos compartir también su reino (RB Pról., 50).
Encuentros de oración y de trabajo en el Valle
Durante estos días acogemos a diversos grupos de peregrinos. El martes 24 de febrero, participó en la Eucaristía un grupo de jóvenes franceses acompañados por un sacerdote. El viernes 26 recibimos a unos 80 alumnos de 2º de ESO del colegio Monte Tabor (Pozuelo de Alarcón) con su capellán; además de participar en la Misa conventual, rezaron el Vía Crucis por la explanada. Al día siguiente, nos visitó el Arzobispo Castrense, Mons. Juan del Río. Ese mismo sábado, se reunió también en la Hospedería externa un grupo de unos 20 abogados de la entidad “Mondelez International”. Durante el fin de semana tuvieron lugar, además, las habituales convivencias de diversas comunidades del Camino Neocatecumenal en la Hospedería.
Domingo II de Cuaresma
Hermanos: En el tiempo de Cuaresma la Iglesia prepara a los catecúmenos que van a recibir el bautismo, y a los fieles, que van a celebrar en la Pascua la Redención de Cristo, a renovar las promesas de renuncia a Satanás y de vivir unidos al Padre, al Hijo y al Espíritu que hicieron cuando recibieron el sacramento del bautismo por el que el que se sumergieron con Cristo en su muerte y resucitaron a una vida nueva. De ahí que el itinerario cuaresmal es una profundización en la fe. La Iglesia, pues, nos enseña en este tiempo a valorar la fe como un gran don del amor de Dios que nos hace confiar en Él hasta el punto de que nuestro pasado y nuestro futuro lo ponemos en sus manos. Esa enseñanza nos viene impartida por la misma Sagrada Escritura. Pero nuestra situación vital en la historia de nuestro tiempo en occidente es que esta fe está siendo perseguida con leyes que van contra el derecho natural y no respetan los principios básicos racionales basados en la naturaleza, y menos aún la fe, a la que se la considera un sentimiento íntimo que no debe tener manifestación externa ninguna. Por tanto debemos prepararnos para estar desasidos de este mundo, que no lo estamos, y tenemos que tomar conciencia de que somos peregrinos, que tenemos que caminar hacia la meta final y no caminar como si fuéramos a quedarnos siempre en este mundo.
¿Qué hizo Abraham, nuestro padre en la fe, cuando Dios le propuso abandonar su tierra o, más adelante en una prueba aún más difícil, cuando ya le había dado un hijo milagrosamente haciendo fecunda a su mujer estéril, como hemos escuchado en la primera lectura? Abraham se fio de Dios tanto cuando le ponía a prueba haciéndole renunciar a todo su pasado, como cuando al sacrificar a su único hijo le proponía renunciar a todo su futuro. Y es que en realidad con estas enseñanzas el Señor nos está diciendo que Él viene a instaurar un Reino de paz sobre estas guerras contra la fe de los cristianos de oriente y occidente. Viene a instaurar un Reino de amor sobre el odio y la ingratitud, un Reino de justicia sobre tanta mentira. Pero también los cristianos necesitamos ser purificados y necesitamos rectificar nuestro camino. Nosotros caminamos hacia la eternidad y dejaremos este mundo. El príncipe de este mundo sólo quiere la perdición de nuestras almas y es por lo que quiere engancharnos a este mundo hasta no poder soltarnos de él. Tenemos que pedir ayuda constante a Dios para no escucharle ni hacerle caso, pues actualmente ya somos discípulos suyos aventajados. No nos tienen que afligir tanto las cosas de este mundo, pues acabará. En cambio, debemos esperar cada día con alegría y amor que el Hijo del hombre venga a instaurar el Reino de Dios a este mundo perdido y sin rumbo, cuyo final es la desolación. No nos preocupemos por el mañana, pues no sabemos si el minuto en que vivimos acabará por cumplirse entero. Preocupémonos por nuestra salvación y la salvación de todos los hombres.
El Señor con estas lecturas que se han proclamado nos insta a la conversión, a la paz entre nosotros, a caminar con alegría por este mundo caduco. Todo terminará y sólo quedará el amor con que hayamos hecho lo que teníamos que hacer. No nos distraigamos con lo que sucederá mañana: es un engaño del maligno que nos quiere distraer de la Gracia que hoy está derramando sobre nosotros para que la perdamos y no dé fruto.
Tenemos que perseverar en el culto a Dios no sólo en la Misa dominical, eso es el mínimo imprescindible. Pero para que eso no se lo lleve el maligno por una pequeña tentación de pereza o de falsa prudencia humana tenemos que acudir con frecuencia a estar con el Señor en el Sagrario. A veces hay consagrados con votos o sacerdotes que nunca encuentran tiempo para estar con el Señor y ahí le dejamos solo. Hermanos, seamos sinceros: Cuántas veces, en tantas iglesias está el Señor solo, incluso en una basílica como ésta en la que pasa mucha gente por delante y entra, pero al Señor que está en el Sagrario, pasa desapercibido. Y no hablo del que no tiene fe. Hablo de nosotros que estamos aquí y ahora. ¿Es que no se nos ocurre acompañar al Señor con nuestro amor y nuestra oración no sólo por nosotros mismos, que tanto lo necesitamos, sino también y mucho más por nuestros hermanos, por el Papa, por todos los que deben regir la Iglesia santa de Dios. Pidamos no cosas caducas, que son las que tenemos en el corazón, por desgracia, sino por la cosas verdaderas: por el amor entre los hombres, por la paz en las familias y dentro de la Iglesia, por la unión de todos los cristianos para Gloria de Dios y para darle al Señor la alegría de ver reunidos en torno a Pedro a todos sus hijos.
Hermanos, nuestra conversión pasa por esforzarnos en amarnos todos sin excepción ninguna. Cuántas discordias, cuántas críticas, cuántos disgustos le damos al Señor nosotros que nos decimos sus hijos fieles, por no ceder ante el hermano. Seamos sinceros, estamos llenos de orgullo y soberbia, no somos humildes. Y resulta que sólo si somos humildes podemos ser agradables a nuestro Padre y honramos de esa manera el sacrificio de Cristo en la Cruz. ¿Nos creemos que con solo tener una cruz en casa o llevarla incluso en el pecho honramos al Señor? No hagamos sufrir al Señor con altercados en su nombre; en su Nombre nunca puede haber altercados; en su Nombre nunca puede haber desamor; en su Nombre se entrega la vida por amor, pero nunca se hiere al hermano. No lo olvidemos. Si hacemos sufrir al hermano, nunca es en su Nombre. Cuando corrijamos al hermano, sea con caridad extrema. Pongámonos en la Cruz de Cristo, quedémonos crucificados con Él, y entonces amonestemos sus faltas; pero Dios no permita que nos subamos al pedestal para corregir; siempre desde la Cruz de nuestro Señor.
Para eso nos tenemos que armar de paciencia, de paciencia santa, la que espera contra toda esperanza, la que pone todo en manos del Señor y guarda la paz en el corazón, la que no se irrita por la impaciencia ni el desánimo, sino que como hoja al viento, espera el momento en que el viento la depositará en el suelo o en cualquier otro lugar, y aun así no piensa en quedarse allí, sino que puede volver a echarla de un lado a otro. Esa es la paciencia que quiere el Señor en nosotros. No nos sintamos dueños de nosotros mismos, porque no lo somos. El Señor es nuestro Dueño y Él sabe dónde nos posará, pero puede volvernos a desinstalar; todo para su Gloria y bien de nuestras almas.
No nos tenemos que irritar en las circunstancias de esta vida; es necesario para nuestra salvación y la de nuestros hermanos el sufrir lo que estamos pasando y lo que ya está a las puertas. ¿Por qué no dejamos al Señor que sea quien elija nuestra vida? ¿Por qué nos resistimos tanto a su Voluntad? ¡Por qué tenemos miedo? El Señor solo a tres de sus discípulos les permitió ser testigos de su transfiguración para que confortaran después de su muerte a los demás. ¿No nos fiamos nosotros de Quien nos ama tanto que dio su vida en la Cruz por nosotros?
_x000D_
Que esta Eucaristía nos convierta en testigos del amor de Dios a los hombres con obras y palabras. El mundo no conoce el Amor de Dios. Hablémosle nosotros de su Amor. El mundo está necesitado de nuestra entrega sin límites, de nuestra confianza en Dios sin límites. Que todo el mundo sepa por nuestro testimonio, cuánto ama Dios a sus hijos alejados.
Peregrinos en el Valle durante el mes de febrero
Durante estos días se han acercado al Valle numerosos peregrinos. El domingo 8 de febrero, llegaba un grupo de Portugal, que participó en la Misa de 11h00. El viernes 13 de febrero acogimos a los componentes del curso de Humanidades del Seminario Mayor de Getafe con uno de sus formadores. Tras las Misa conventual, pudieron visitar la Basílica. Dos días después, el domingo 15, vino un grupo de 60 peregrinos de Valencia. Por fin, el jueves 19 de febrero hemos tenido la alegría de recibir a 30 peregrinos de pastoral castrense. Estas visitas constituyen siempre una ocasión para hacer del monasterio benedictino un espacio de acogida y diálogo, al tiempo que un lugar privilegiado de encuentro con Dios.
Visitas a la Escolanía
En estos días han visitado la Escolanía del Valle de los Caídos varios grupos, entre los que cabe mencionar el de 70 alumnos del Colegio “Stella Maris” de Madrid (12 de febrero). Asistieron a la Misa conventual para escuchar el canto de los escolanes, visitaron la Basílica y luego tuvieron un rato de convivencia en el que compartieron experiencias con nuestros escolanes. A su vez, el coro del colegio interpretó algunos cantos. Por otra parte, el lunes 16 de febrero recibimos un nutrido grupo de niños de catequesis de Nambroca (Toledo) con sus formadores. Comieron en la Escolanía, compartieron algunos juegos y tuvieron la oportunidad de escuchar algunas canciones por parte de los escolanes en Aula de Piano.







